Diego Costa celebra su gol con Thomas.

Diego Costa celebra su gol con Thomas. Reuters

Europa League

El Atlético se clasifica para la final de la Europa League tras ganar al Arsenal

El conjunto colchonero se impone al equipo de Wenger con un gol de Diego Costa (1-0) y estará en Lyon.  

El Atlético esperó a Diego Costa… y él llegó a tiempo. Aguardó en verano a que su fichaje se concretara, se frustró al ver que no podría jugar hasta después de Navidades y apareció cuando tenía que hacerlo, en un día grande, en la vuelta de semifinales. Suyo fue el gol contra el Arsenal que le dio a los colchoneros el pase a la final de la Europa League, la octava con Simeone. Y suyo, también, fue el grito que levantó al Metropolitano, el aullido que resonó en el coliseo madrileño, el que retumbó por toda la capital. Porque sí, los 'indios' siguieron la estela de su vecino –el Real Madrid firmó su pase a la final de la Champions el martes– y tratarán de levantar el trofeo en Lyon contra el Olympique de Marsella el próximo 16 de mayo [narración y estadísticas: 1-0].

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Necesitaba el Metropolitano una gran noche, un día para “llenar el estadio de sentimientos” –ya lo dijo Fernando Torres–, una jornada para enamorarse y pedirle matrimonio al nuevo coliseo colchonero. Y la tuvo. El Wanda tenía el momento que esperaba y se engalanó para no perder la oportunidad. Con sus mejores ropajes, en rojo pasión y una pancarta con el destino último: Lyon. Ese era el objetivo: meterse en la final. ¿Cómo? Daba igual. Aunque el plan, eso sí, estaba trazado. El equipo de Simeone, sin el argentino en el banquillo –estaba sancionado tras su expulsión en el Emirates– calcó lo preparado en los entrenamientos previos. Se encerró en su campo, no dejó que el Arsenal tirara entre los tres palos en toda la primera mitad y aguardó hasta asestar su primera puñalada.

El encargado de rasgar las redes inglesas fue Diego Costa. En el momento justo y en la situación adecuada, antes del descanso. En una contra, Griezmann cabalgó hasta las inmediaciones del área, se la dejó al brasileño en el pie y éste definió delante de Ospina. Un grito al cielo cuando mejor venía. El plan, aunque podría resultar conservador, le funcionó a Simeone. Alzó los brazos el Metropolitano y ya no los bajó. Vio Lyon de cerca, lo miró a los ojos y le gritó: allá vamos. Pero faltaban 45 minutos. No todo estaba hecho. O, al menos, así lo quiso el Arsenal.

El equipo de Wenger plantó cara, pero no cambió el plan. Como si de un equipo de balonmano se tratara, saltó en la segunda mitad al césped y se aburrió tocando en las inmediaciones del área, pero siguió sin ver puerta. Y las que tuvo, las falló. Ramsey, el primero. El delantero, delante de Oblak, mandó el balón a dormir entre las nubes. Después, Bellerín vio cómo el portero rojiblanco se la sacaba en la línea. Y suma y sigue. Lo intentó el Arsenal, pero sin suerte, chocando una y otra vez contra un muro inexpugnable, contra una muralla que no entiende de agujeros.

Ni siquiera Mhkitaryan, que entró en la segunda mitad, atentó con romper esa barrera, con penetrar entre esa maraña de defensas. Claro que, el Arsenal ya venía avisado: esta temporada, sólo un equipo ha conseguido salir con los brazos en alto del Metropolitano tras irse por debajo al descanso, el Chelsea (1-2). Nadie más. El dato estaba ahí, para quien lo quisiera mirar. Y seguirá inexpugnable, congelado, porque el Atlético será el que comparezca en la final de la Europa League.