Camavinga, durante un partido con Francia.

Camavinga, durante un partido con Francia. REUTERS

Fútbol

Eduardo Camavinga (23), sobre su infancia: "Tuve que escapar de la guerra. Eso me ha ayudado a ser más fuerte"

El centrocampista del Real Madrid nació en un campo de refugiados en Angola y tuvo que huir a Francia.

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Guillermo Echeverría
Publicada

Detrás de la sonrisa de Eduardo Camavinga se encuentra una historia marcada por la migración y las dificultades familiares.

Nacido en el año 2002 en Miconge, un campo de refugiados en Angola, sus padres tomaron la decisión de huir de la guerra civil que azotaba a la República Democrática del Congo.

Aquella experiencia migratoria influyó en su carácter desde los primeros años de vida. Durante su presentación oficial en el Real Madrid en el año 2021, el futbolista recordó sus raíces: "Tuve que escapar de la guerra. Eso me ha ayudado y me ha hecho más fuerte".

Tras conseguir establecerse en la localidad francesa de Fougères, la familia afrontó otra situación complicada. En 2013, cuando Eduardo tenía solo 10 años, un cortocircuito provocó un incendio que destruyó por completo el hogar que sus padres acababan de construir.

El propio jugador detalló aquel día en una entrevista concedida a Movistar Plus+: "Llevábamos menos de un año en esa casa... Estaba en el colegio y por la ventana veía a los bomberos pasar. No me imaginaba que estaría pasando algo en mi casa. Un profesor nos dijo a mi hermana y a mí que nuestra casa se había incendiado. En un principio no lo creí".

Aquel suceso definió las prioridades de la familia y el futuro del deportista. Al ver las consecuencias materiales del fuego, Camavinga presenció un momento que le marcó: "Esa fue la primera vez que vi llorar a mi padre".

Celestino, su progenitor, se dirigió a él para transmitirle una gran responsabilidad: "No te preocupes, tú vas a ser un gran futbolista y levantarás a esta familia".

El joven francés encontró en el deporte una forma de evadirse de los problemas económicos y logísticos que atravesaban en ese momento. "Mi casa se quemó, pero yo al día siguiente me fui a entrenar porque me ayudó a liberar la mente y no preocuparme.

El fútbol siempre me permitió escapar de mi realidad", recordaría años más tarde sobre su refugio en el balón. Aquella constancia se tradujo en un desarrollo deportivo rápido que lo llevó a debutar profesionalmente en el Rennes con solo 16 años y, posteriormente, a fichar por el Real Madrid.

Hoy, consolidado en la élite, Camavinga mantiene claro su principal motor: "Mi familia me ha ayudado mucho y cuando juego, juego por ellos".