Oblak detiene un balón durante el partido contra el Suttgart.
El Atlético se atasca en Alemania ante un valiente Stuttgart y sigue sin ganar fuera de casa en Champions
Julián Álvarez igualó el primer tanto de Leweling, pero la expulsión de Hjulmand evitó que los de Simeone fueran a por el triunfo.
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Europa a domicilio sigue exigiéndole un peaje alto al Atlético de Madrid. Lejos del empuje del Metropolitano, las noches de Champions League demandan un grado extra de madurez que a los rojiblancos todavía les cuesta redondear durante los 90 minutos. [Narración y estadísticas del partido].
En su visita al Stuttgart en el MHP Arena, el equipo de Simeone logró rescatar un empate (1-1) muy trabajado por las circunstancias, un punto valioso en lo anímico, pero que evidencia las dificultades que sigue teniendo este bloque para gobernar los partidos y asentar su fútbol cuando le toca hacer las maletas.
Este empate en tierras germanas supone el segundo tropiezo consecutivo de los rojiblancos como visitantes en la presente edición continental.
Los jugadores del Stuttgart celebran el gol contra el Atlético.
Si bien la derrota previa frente al Liverpool entraba dentro de la lógica por la magnitud del rival y del escenario, el duelo ante el cuadro alemán confirma que a este Atlético le sigue faltando un paso al frente lejos de su estadio.
Sin llegar a encender las alarmas, esa doble cara -imperial en casa y algo más comedido a domicilio- es un aspecto a pulir en una fase de liga que obliga a sumar con regularidad.
El de Stuttgart fue un partido de contrastes, con un guion dividido en tres actos muy marcados: una primera parte donde los colchoneros se vieron claramente superados por el ímpetu local, una reacción brillante y certera nada más volver del vestuario, y un tramo final de pura resistencia tras quedarse en inferioridad numérica.
Una noche exigente que, pese a los desajustes, volvió a sacar a relucir ese gen competitivo de un Atlético que se niega a doblar la rodilla incluso cuando no tiene su mejor día.
Acoso y derribo
El MHP Arena fue una trampa de alta tensión desde el pitido inicial. El Stuttgart saltó al césped con el cuchillo entre los dientes, imponiendo una presión asfixiante desde el primer segundo y un ritmo frenético que desarboló por completo el plan de Simeone.
El Atlético no dejó de perseguir sombras, incapaz de sacudirse el dominio de un conjunto alemán que monopolizó el balón y arrinconó a los rojiblancos muy cerca de su propia portería.
Grimaldo, durrante el partido contra el Stuttgart.
Ante el vendaval germano, emergió de nuevo la figura de Oblak. El esloveno sostuvo a los suyos con paradas de puro instinto, multiplicándose bajo los palos para despejar latigazos y retrasar lo que sobre el césped ya se sentía como inevitable.
Sin embargo, la resistencia colchonera terminó por romperse en el minuto 36. Jamie Leweling recibió el esférico en la frontal del área, sentó a Pubill con un amago seco de muchísima calidad y sacó un disparo que, tras tocar en Hjulmand, acabó colándose en la red a pesar de la estirada agónica de Oblak.
Un golpe duro que cerraba una primera mitad para el más absoluto de los olvidos.
Reacción inmediata
Pero el fútbol europeo no perdona, y Simeone no acostumbra a ondear la bandera blanca. Tras el descanso, el técnico argentino agitó el árbol y dio entrada a Lookman, buscando el descaro y la rebeldía que le habían faltado a su equipo. El impacto fue inmediato, casi quirúrgico.
En la primera acción de la reanudación, Lookman recibió en tres cuartos de cancha, atrajo a los defensores y filtró un pase raso y milimétrico al interior del área. Allí irrumpió Julián Álvarez, quien sin dudarlo armó un tremendo disparo de primeras con la zurda que entró cruzado directo a la escuadra.
Julián Álvarez le marca el gol al Stuttgart.
Un remate inapelable que devolvía el pulso a un Atlético de Madrid nada más salir de los vestuarios.
El empate de la 'Araña' inauguró los mejores minutos del conjunto rojiblanco, que por fin logró sacudirse los complejos y mirar a los ojos al cuadro alemán. Sin embargo, cuando el Atlético más cómodo se sentía sobre el verde, el guion volvió a torcerse de forma dramática.
Corría el minuto 64 cuando un veloz contragolpe local obligó a Hjulmand a ir al suelo para intentar frenar la sangría. El centrocampista llegó tarde y terminó impactando con la plancha en la pierna de Stiller.
Hjulmand ve la tarjeta roja contra el Stuttgart.
Aunque en un primer momento parecía que el colegiado neerlandés dejaba seguir la jugada, no tardó en detener el encuentro para mostrarle la cartulina roja directa. Un auténtico jarro de agua fría, un palo tremendo justo en el momento de mayor efervescencia colchonera.
Le tocó un ejercicio de supervivencia al Atlético. Las circunstancias del partido le obligaron a eso, a intentar firmar el empate. Y así fue. Las paradas de Oblak y el desacierto de los teutonres dejó el combate nulo y a un cuadro rojiblanco con cuatro puntos de nueve posibles.