Pablo Franco, durante un entrenamiento con el Espérance de Tunis.

Pablo Franco, durante un entrenamiento con el Espérance de Tunis. Espérance de Tunis.

Fútbol

Pablo Franco, un campeón fuera del radar europeo: "Se paga el éxito en los banquillos, pero no el de un español en África"

Tras conquistar Marruecos, el entrenador madrileño habla con EL ESPAÑOL semanas después de su llegada al Espérance Tunis, el segundo equipo más laureado de África.

Más información: Pablo Franco y la conquista de Marruecos con su staff hispano: "Aquí se confía en los españoles para hacer crecer su fútbol"

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El mapamundi de Pablo Franco (Madrid, 1980) está repleto de chinchetas en coordenadas que habitualmente escapan al escrutinio de los directores deportivos europeos: Kuwait, Georgia, Tanzania, Sudáfrica, Marruecos y Túnez.

Es el itinerario de un técnico que, lejos de acomodarse en España, decidió forjar su carácter y su palmarés en un prolífico exilio. Aunque llegó a sentarse en el banquillo del Getafe en Primera y fue analista en el Real Madrid de Julen Lopetegui, su consolidación como técnico ganador se ha gestado en el fútbol africano.

Un territorio pasional donde el éxito, paradójicamente, parece cotizar a la baja cuando se mira desde Europa.

Este verano, Franco protagonizó una gesta histórica al coronarse campeón de liga con el MAS Fez, rompiendo una sequía de más de cuatro décadas. "Venimos de ganar la liga en Marruecos, que es una de las mejores ligas de África y está muy por encima del nivel de la mayoría de ligas en Europa", reivindica en su conversación con EL ESPAÑOL.

Tras devolver la gloria al histórico club marroquí, el paso deseado era aprovechar esa inercia ganadora para firmar su ansiado retorno al viejo continente. "Me encantaría tener un retorno a España o a Europa, en una liga competitiva y con condiciones que creo que merecemos", confiesa.

Sin embargo, el teléfono de las grandes ligas europeas no sonó con la fuerza esperada. El mercado europeo parece padecer un punto ciego al evaluar los méritos logrados en África. Existe un muro invisible que separa a los campeones de ligas "exóticas" de los despachos de Europa.

Pablo Franco posa con el premio a mejor entrenador de la liga de Marruecos.

Pablo Franco posa con el premio a mejor entrenador de la liga de Marruecos. MAS Fès.

Franco no cree que haya un desprecio intencionado, sino una barrera estructural. "No creo que se infravalore, porque toda persona que trabaje en el mundo del fútbol sabe lo dificilísimo que es ganar. Cuántos grandísimos entrenadores llevan 30 o 40 años haciendo carrera y no han ganado ningún título", reflexiona.

Para él, la raíz es mediática: "El problema no es tanto de no reconocer, sino de visibilidad. No se exponen los éxitos de un entrenador español o europeo en esos contextos en África. Es la pescadilla que se muerde la cola".

Olvidados en el auge del técnico español

Resulta paradójico que esta ceguera ocurra en un momento donde el "entrenador español" es un producto de lujo, sinónimo de triunfos internacionales. "Llevamos ya muchos años triunfando. Evidentemente, el entrenador español es el mejor del mundo por formación y capacidad", explica.

El mercado dicta sus propias reglas: "En el fútbol se compra el éxito, y la gente quiere consumir eso". Pero ese consumo es selectivo y los logros en África quedan silenciados por la distancia. Franco es contundente al diagnosticar este mal endémico: "No tiene nada que ver con la capacidad ni con los éxitos, tiene que ver con la falta de conocimiento. Lo que no conoces no lo puedes valorar".

Pese a la frustración, el técnico destila confianza en lo que su cuerpo técnico puede ofrecer a la élite. "Estoy seguro de que si los directores deportivos de España o de Europa se sentasen a tomar un café con nosotros, viesen nuestro currículum y cómo lo hemos conseguido, se interesarían realmente, porque somos un perfil muy interesante", asegura.

"Tenemos mucha experiencia a pesar de nuestra juventud, somos garantía de éxito, tenemos mucha capacidad de adaptación y sacamos el máximo rendimiento de una manera vistosa que conecta con las aficiones. Es el cóctel perfecto para cualquier club".

En un ejercicio de sincera autocrítica, Franco tampoco elude su responsabilidad en esta desconexión. "Entiendo que no depende solo de ellos, nosotros también tenemos que hacer ese trabajo de mejor manera, hacernos más visibles", admite, alejándose de discursos victimistas.

"Soy consciente de que a lo mejor, si yo tengo relación con agentes o gente del mundo del fútbol que está en esas zonas, tendré más opciones en Europa. Si no tengo esas relaciones porque no las trabajo ni las fomento, es más difícil".

Gigante africano

Ante esa puerta europea que se resiste, Franco ha tomado un camino basado en el pragmatismo y el hambre competitiva. Su respuesta al silencio no ha sido aceptar proyectos precarios, sino asumir el mando de uno de los banquillos más volcánicos del continente: el Espérance de Tunis.

"El club no es que sea de los más grandes, sino que es el más grande con diferencia, porque estamos hablando de un equipo que tiene 34 ligas", detalla sobre su nuevo hogar deportivo.

El Taraji no es solo un equipo, es una religión en Túnez. "En África está considerado el segundo o tercer mejor equipo, tiene cuatro Champions y es el equipo con segundo o tercer mejor palmarés en esta competición".

Pablo Franco, durante un entrenamiento con el Espérance de Tunis.

Pablo Franco, durante un entrenamiento con el Espérance de Tunis. Espérance de Tunis.

Aterrizar en la capital tunecina significa convivir con un entorno donde la victoria se exige como una obligación institucional. "La afición es muy pasional, como en casi todos los equipos del norte de África, y es verdad que hay una presión muy grande alrededor del club y un seguimiento muy grande", explica.

Sin embargo, su inmenso bagaje previo le permite absorber ese impacto con frialdad. "Sinceramente, a nivel personal, el tema de la presión de momento no lo he sentido. Esa presión no la he notado porque llevo muchos años trabajando en esto y al final no deja de ser fútbol".

Su reto diario pasa ahora por impermeabilizar a un vestuario donde conviven ilustres veteranos y jóvenes promesas locales que sienten el peso de la camiseta. "Te das cuenta de que en este tipo de semanas importantes la gente está nerviosa y quiere hacer cosas fuera de la normalidad", relata.

Pablo Franco da una charla con el Espérance de Tunis.

Pablo Franco da una charla con el Espérance de Tunis. Espérance de Tunis.

Para rebajar el suflé ambiental, apuesta por la sensatez: "Chicos, tranquilos, no deja de ser un partido de fútbol y tenemos que tratarlo con normalidad". Además, el equipo cuenta con dos mental coaches para tratar cualquier caso específico.

El banquillo del Espérance se erige como su escaparate internacional definitivo. Más allá del obligado dominio doméstico, la verdadera obsesión en Túnez mira hacia el panorama global, ofreciendo a Pablo Franco un escenario que ninguna liga menor europea podría igualar.

"Juega el Mundial de Clubes. Esto es un nivel que en Europa no se puede alcanzar", sentencia. Quizás sea precisamente esa brillante vitrina del Mundial de Clubes el café definitivo que los directores deportivos europeos necesitan tomarse para, por fin, abrirle las puertas al campeón que llevan años ignorando.