El Etihad Stadium con la foto de Haaland de fondo.

El Etihad Stadium con la foto de Haaland de fondo. REUTERS

Fútbol

La intrahistoria del terremoto del Manchester City: pánico en las oficinas, estrellas buscando salida y el escudo de Maresca

Tras la condena de la Premier League y el silencio de la directiva, el campeón inglés afronta su mayor crisis interna entre el miedo a los despidos y la incertidumbre de su plantilla.

Más información: El legado manchado de Pep Guardiola: del 'caso Negreira' a las trampas financieras del City que él siempre negó

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Parece que ha pasado una vida entera, pero a principios de septiembre había un verdadero ambiente de euforia en los alrededores del Etihad Stadium.

El club presumía con orgullo de su expansión: el flamante hotel Radisson Blu de 401 habitaciones, un exclusivo ático de dos pisos con vistas al estadio y promesas de grandeza faraónica.

"Podríamos tener pistas de hielo en invierno y fútbol playa en verano", fantaseaba el 23 de septiembre Danny Wilson, director de operaciones del Manchester City. Apenas dos días después, el espejismo de cristal se desmoronó.

Se filtraba la noticia que cambiaría la historia reciente del fútbol inglés: una comisión independiente declaraba al club culpable de más de 100 infracciones de las regulaciones financieras de la Premier League.

El baño de realidad no tardó en llegar sobre el césped. En su regreso a la competición este pasado domingo, el City tuvo que visitar un Anfield convertido en territorio hostil, en el primer partido tras el veredicto de culpabilidad.

La afición del Liverpool no tuvo piedad con la institución celeste: desde pancartas que rezaban "Todas tus estrellas se están apagando" y "Después de todo, nos robasteis a todos", hasta mofas constantes hacia la directiva y el legado del equipo.

Aunque el City logró aislarse del ruido y ganar con una contundencia de 0-3, el asfixiante ambiente demostró que el club es ahora, a ojos de sus rivales, el gran villano del país.

Pero la verdadera tormenta no se libra en la grada ni en el terreno de juego, sino de puertas hacia dentro. Mientras la cúpula se enroca en su inocencia, el City atraviesa su mayor crisis institucional dividida en tres frentes: el terror de los empleados, la ansiedad de sus estrellas y un nuevo entrenador abandonado a su suerte frente a los micrófonos.

Temor de empleados

La emoción predominante frente al estadio, en los pasillos de la vanguardista City Football Academy (CFA), es el shock. Durante años, los altos mandos del club, con el presidente Khaldoon Al Mubarak y el director ejecutivo Ferran Soriano a la cabeza, habían asegurado a sus empleados que serían absueltos gracias a un "cuerpo exhaustivo de pruebas irrefutables".

Ese mensaje caló hondo en Pep Guardiola, hoy embajador y visitante habitual del club, quienes construyeron el éxito de la última década confiando ciegamente en sus superiores.

De hecho, el sentimiento en su círculo de confianza sigue siendo de rebeldía absoluta. "Si la Premier cree que van a recuperar mis medallas, que se jodan", llegó a decir según el diario Times la semana pasada uno de los veteranos de la era Guardiola.

Sin embargo, ese muro de contención se ha resquebrajado entre el personal raso. El martes pasado por la tarde, un correo electrónico aterrizó en la bandeja de todos los trabajadores.

Contenía un mensaje en vídeo de Soriano: "Todo el caso se basa en una única acusación falsa: que el dinero personal del propietario se inyectó secreta y supuestamente a través de patrocinadores. Esto simplemente no es cierto", relata el medio británico.

Aunque su tono contundente tranquilizó a algunos, la confianza se ha evaporado en gran parte de la plantilla de trabajadores, que ya no confían en salir indemnes de la apelación.

La incertidumbre domina el día a día. "Estoy disgustado. No sé si tendré trabajo dentro de unos meses", confesaba un empleado. Otro lamentaba haber rechazado una oferta en otra empresa creyendo en las promesas de la directiva.

El "business as usual" (negocios como siempre) que intenta proyectar la entidad es una fachada que oculta la ansiedad de cientos de trabajadores que ven peligrar su sustento si el club sufre recortes drásticos por el descenso.

Las estrellas dudan

Mientras las oficinas tiemblan, el vestuario hace números. Durante las últimas semanas, las estrellas del equipo se han encontrado en un limbo deportivo y legal. En cuanto el veredicto empezó a acaparar portadas, los teléfonos de los representantes empezaron a sonar.

Los jugadores querían saber qué rango de castigos recibiría el club y, sobre todo, si había alguna vía legal para escapar de sus contratos si el equipo es relegado a lo más bajo de la pirámide del fútbol inglés.

La respuesta desató el pánico: no existen cláusulas de liberación por descenso en los contratos de los futbolistas que el City fichó recientemente.

Están atrapados. Además del prestigio, a la plantilla le aterrorizan las consecuencias financieras de no jugar la Champions League, una competición cuyos bonus superan las 400.000 libras para los que más cobran.

El silencio ha sido la tónica general entre la plantilla, con pesos pesados esquivando a la prensa en sus compromisos internacionales. El único en dar un paso al frente fue Erling Haaland, a través de una entrevista promocional cuidadosamente coreografiada. "Tenemos que mantenernos unidos, sonreír y repartir amor", dijo el delantero.

Erling Haaland, durante un partido con el Manchester City.

Erling Haaland, durante un partido con el Manchester City. REUTERS

Pero tras esa diplomacia se esconde un enorme interrogante. En enero de 2025, Haaland firmó un contrato de nueve años y medio que le convirtió en el mejor pagado de la plantilla. A sus 26 años, difícilmente aparcará su ambición de dominar Europa para jugar en categorías inferiores con una rebaja salarial.

Gigantes como el Real Madrid y el Barcelona ya afilan el colmillo, sabiendo que si la apelación fracasa a finales de año, podrían lanzarse a por él. Los grandes rivales ingleses guardan silencio, pero clubes como Arsenal, United o Liverpool ya han dado avisos legales reservándose el derecho a buscar millonarias compensaciones económicas.

Maresca pone la cara

Si hay un rostro que personifica la soledad en esta crisis, es el de Enzo Maresca. El técnico italiano asumió el banquillo en verano con la faraónica tarea de suceder a Guardiola. Sobre el césped su trabajo es casi inmaculado (un pleno de ocho victorias tras caer en la Community Shield), pero su peor pesadilla se vive en las salas de prensa.

Para indignación de buena parte del personal del club, la responsabilidad de dar la cara ante la tormenta ha recaído exclusivamente sobre el italiano.

Mientras Ferran Soriano ignoraba a los micrófonos de medios internacionales en Dinamarca la semana pasada, Maresca se vio obligado a sentarse frente a casi 50 periodistas -cuatro veces más de lo habitual- para defender al City de unas irregularidades financieras (de 2009 a 2018) que se cometieron cuando él ni siquiera estaba en Manchester.

Enzo Maresca, durante un partido con el Manchester City.

Enzo Maresca, durante un partido con el Manchester City. REUTERS

El fútbol quedó en un plano residual. "Lleva solo unos meses en el edificio y tiene que defender al club por algo en lo que no tuvo ninguna participación", denunciaba una fuente interna. Pese al fuego cruzado, el italiano mantuvo la sonrisa, proyectando una calma artificial y asegurando que su fe en los dueños permanece intacta.

Ajenos a las huidas del vestuario y al pánico de los despachos, el único estamento que parece dispuesto a hundirse con el barco es la grada. En el hostil ambiente de Anfield, la afición visitante optó por el humor negro con el cántico "El City se va al descenso con mil millones en el banco".

Su mensaje, canalizado por el grupo de animación 1894, es el último bastión de resistencia para un club que espera su sentencia final: "No importa en qué liga estemos. Ya sea jugando contra el Real Madrid o contra el Rochdale, nosotros seguiremos yendo".