Dani Ceballos durante su primera etapa en el Betis.

Dani Ceballos durante su primera etapa en el Betis. EFE

Fútbol

Ceballos, 30 años: "Tener una familia humilde y trabajadora te impregna de valores que luego transmites en el campo"

El flamante fichaje del Betis siempre ha tenido muy presente los problemas que pasó en la infancia.

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Guillermo Echeverría
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El fútbol de élite suele encandilar con sus luces y grandes estadios, pero para Dani Ceballos la brújula del éxito siempre ha apuntado hacia sus orígenes.

Al alcanzar la madurez de los 30 años, el centrocampista utrerano echa la vista atrás con la serenidad de quien ha conquistado Europa, pero sin olvidar el barro del que salió.

Su historia no se entiende sin las calles de Utrera, el olor a masa frita de madrugada y los sacrificios de un hogar que le enseñó que la gloria no se regala, se trabaja: "Tener una familia humilde y trabajadora te impregna de unos valores que luego transmites en el campo", confesó con orgullo en una entrevista el futbolista al rememorar su infancia.

Para Ceballos, el espíritu combativo que demuestra sobre el césped nació viendo el esfuerzo diario de sus progenitores.

Sus raíces están profundamente ligadas al negocio familiar, una emblemática churrería en su pueblo natal que marcó sus primeros años de vida. "Mis padres tienen una churrería, en mi casa todo sigue igual. Yo sigo yendo a Utrera y soy el mismo chaval de siempre. No vivo en una nube", afirmó con rotundidad.

Aquel niño que creció admirando a su paisano José Antonio Reyes aprendió pronto lo que significa madrugar y sacrificarse. "No olvido esos madrugones para ir a abrir la churrería de mi padre que estaba situada junto a los Salesianos de Utrera y el esfuerzo familiar para ayudarme", recordó.

Ceballos se lamenta durante el derbi

Ceballos se lamenta durante el derbi EFE

En ese camino, la figura de su madre fue su motor principal: "Antes de sacarme el carnet de conducir, ella me llevaba a los entrenamientos desde que era un niño. Todo se lo debo a ella".

Sin embargo, el trayecto no estuvo exento de baches. Siendo un niño en la cantera del Sevilla, la salud y el físico le jugaron una mala pasada.

El club hispalense decidió prescindir de él debido a sus problemas de asma y a un desarrollo tardío. "No crecía, tenía problemas respiratorios... El Sevilla decidió prescindir de mí. Fue una cruda realidad y muy dolorosa", admitió.

El golpe fue tan duro que el fantasma del abandono sobrevoló su mente en la etapa de cadete. "Le dije a mi padre que no quería estar en el Utrera. Mi padre me dijo que dependía de mí trabajar y esperar el momento adecuado para dar el salto".

El tiempo le dio la razón a su insistencia. Aquella resiliencia forjada entre churros, asma y desengaños futbolísticos terminó esculpiendo al jugador que hoy, a sus 30 años, pisa con fuerza los mejores estadios del planeta, llevando siempre el nombre de Utrera y los valores de su familia por bandera.