Esther González posa con su nueva camiseta.

Esther González posa con su nueva camiseta. EFE

Fútbol

La futbolista española Esther González, criticada por borrar las fotos con su mujer tras fichar por un club saudí

La andaluza firmó esta semana con el Al Qadsiah y eliminó sus publicaciones junto a Esther Cruz, con quien se encuentra casada y tiene un bebé.

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La delantera española y campeona del mundo en 2023 Esther González se ha convertido en el epicentro de una intensa polémica en redes sociales tras eliminar las fotos junto a su mujer en redes sociales una vez se confirmó su incorporación al Al-Qadsiah de la liga saudí.

Poco después de que la cuenta oficial de su nuevo equipo hiciera público el vídeo de bienvenida, los seguidores de la futbolista granadina detectaron un movimiento revelador en sus plataformas digitales.

Y es que optó por borrar o archivar sistemáticamente todas aquellas fotografías en las que aparecía junto a su pareja, Estefanía Cruz, con quien mantiene una relación desde hace más de tres años, y con la que contrajo matrimonio recientemente y tiene un bebé en común.

Este evidente gesto de autocensura se ha interpretado de forma unánime como una medida de precaución para adaptarse a la severa y restrictiva normativa de Arabia Saudí.

En el país asiático, las relaciones entre personas del mismo sexo están fuertemente criminalizadas y los derechos de la comunidad LGBTQ+ son directamente inexistentes. La respuesta de la afición española no se ha hecho esperar, mostrando una profunda indignación.

"¿Cuándo el dinero entra por la puerta, los principios salen por la ventana? Ir a un país que vulnera los Derechos Humanos me parece vergonzoso", comentaba un usuario en redes sociales.

La diáspora de talentos hacia Arabia Saudí ha sido una constante en el fútbol masculino, siempre ligada al polémico sportswashing. Pero el impulso actual de su liga femenina inaugura un nuevo escenario, chocando frontalmente con los valores de igualdad y diversidad que el fútbol femenino ha logrado instaurar tras años de lucha.

Para Esther González, a sus 33 años, este jugoso contrato representa probablemente la última gran oportunidad económica de su carrera.

Sin embargo, el peaje personal a pagar -invisibilizar públicamente su propia identidad y a su familia- ha puesto sobre la mesa, de la forma más cruda posible, el eterno e incómodo debate: hasta qué punto el innegable poder del dinero es capaz de silenciar las convicciones personales.