Zubimendi atiende a los medios en una rueda de prensa de la Selección.

Zubimendi atiende a los medios en una rueda de prensa de la Selección. Europa Press

Fútbol

Íñigo, profesor de ajedrez de Zubimendi: "Era intuitivo y atento. Su jugada maestra fue dejarlo para dedicarse al fútbol"

El mediocentro del Arsenal empezó a jugar a los seis años y se proclamó campeón de Guipuzkoa con tan solo once.

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Carlos Serrano
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En el barrio de Gros, en San Sebastián, creció un niño que nunca buscó llamar la atención. Martín Zubimendi era reservado, discreto y sorprendentemente intuitivo. A los seis años empezó a jugar al ajedrez en la Ikastola Aricastola, donde esta actividad era casi una tradición.

Allí, rodeado de tableros y piezas, desarrolló una capacidad que hoy define su juego en el fútbol: la anticipación. Con solo 11 años se proclamó campeón de ajedrez de Gipuzkoa, un logro que lo situaba entre los jóvenes talentos más prometedores del territorio.

Su entrenador recuerda cómo Martín iniciaba siempre con el peón de rey, sacaba los caballos con rapidez, enrocaba pronto y evitaba errores. Era un jugador intuitivo, metódico y sorprendentemente maduro para su edad.

En 2008, cuando debía acudir al Campeonato de Euskadi, su profesor le insistió: "Pero Martín, si no vas a llegar a ser futbolista profesional".

La frase, pronunciada desde la preocupación y la lógica, buscaba convencerlo de que no abandonara una oportunidad clara en el ajedrez. Pero Martín ya había tomado una decisión: prefería jugar un torneo de fútbol.

Zubimendi celebra un gol con el Arsenal

Zubimendi celebra un gol con el Arsenal John Walton PA Wire / dpa

Aquella renuncia, incomprendida en su entorno escolar, fue su jugada maestra. El niño silencioso que dominaba el tablero eligió el césped. Y nunca miró atrás.

Quienes lo conocieron en la ikastola coinciden en que su inteligencia en el campo tiene raíces claras en el ajedrez. Su profesor, que aún da clases en la misma sala donde Martín se proclamó campeón, lo explica con nostalgia: "En el tablero era intuitivo, atento, ordenado. En el campo es igual. No sé si es gracias al ajedrez, pero las capacidades están ahí".

Su colocación, su lectura del juego y su capacidad para anticipar la jugada rival son rasgos que ya destacaban cuando era un niño que movía piezas en silencio.

Martín siempre fue un chico de su cuadrilla, de su barrio, de su gente. Sus amigos lo describen como alguien tranquilo, inteligente y competitivo. "Cada vez que compito contra él, suelo perder", confiesa una de sus amigas de toda la vida.

Con Nahia, una de sus mejores amigas, comparte amistad desde los dos años. Fueron juntos a la ikastola, al instituto y a la universidad, aunque Martín no pudo terminarla "por razones obvias".

Para ella, verlo debutar en Anoeta fue extraño: "Era raro verlo ahí, entre los demás. Pero sentí orgullo. Sé lo que le ha costado llegar".

Un gesto que revela quién es

Entre las historias que mejor definen a Zubimendi destaca una que marcó profundamente a su entorno. Cuando el padre de su amiga Nahia enfermó, Martín prometió dedicarle un gol. Pasaron meses sin que llegara, pero un día, por fin, marcó. Se giró hacia la grada y cumplió su promesa.

"Son esos detalles los que muestran cómo es Martín de verdad", explica su amiga. Humilde, atento, generoso.

En las categorías inferiores ya se veía que tenía algo distinto. Sus compañeros recuerdan que era "de esos estudiantes que dan rabia porque se les da todo bien". En cualquier deporte destacaba, y en el fútbol tenía un plus evidente: inteligencia, serenidad y una capacidad innata para ordenar el juego.

Su debut con la Real Sociedad emocionó a quienes lo vieron crecer. Su profesor de ajedrez empezó a ir a Anoeta solo para observar su colocación en el campo. "Le tengo mucho aprecio. Verlo ahí, con los mejores del mundo, me hace mucha ilusión».

Siempre vuelve a Gros

El 8 de junio de 2021 no fue un día cualquiera. Martín cumplió el sueño de debutar con la selección absoluta. Su cuadrilla aún recuerda aquel día como un hito que parecía imposible cuando era un niño que pasaba desapercibido en clase.

Camino del Mundial, su entorno seguía sin asimilarlo del todo. «Todavía no soy consciente de que Martín vaya a jugar un Mundial», confesaba Nahia. "Lo hemos visto siempre en la tele, y ahora estará ahí".

A pesar de su salto a la Premier la temporada pasada y de conseguir un Mundial con la selección, Martín sigue siendo el mismo chico de Gros.

Su cuadrilla mantiene el mismo plan de siempre: un pincho de tortilla, un café y ver las olas o el atardecer mientras charlan. "Martín siempre será de Gros, de su cuadrilla, de su familia y de anticiparse y tomar buenas decisiones", dicen sus amigos.

Quizá la mejor de todas fue aquella que tomó con 11 años: no hacer caso a su profesor.