Arjen Robben, jugando al pádel.

Arjen Robben, jugando al pádel. REUTERS REUTERS

Fútbol

Arjen Robben: "Me uní al equipo de fútbol de mi pueblo siendo pequeño, pero sólo jugábamos 1 o 2 veces por semana"

El extremo neerlandés tuvo una complicada relación con las lesiones durante toda su carrera deportiva.

Más información: Gustavo, padre de Julián Álvarez: "Con 15 años me dijo que si le venía a buscar algún equipo se iba solo a una pensión"

A. M.
Publicada
Actualizada

Arjen Robben es recordado como uno de los extremos más desequilibrantes, rápidos y temidos en la historia del fútbol moderno. Tras colgar definitivamente las botas, el genio neerlandés dejó tras de sí un expediente de leyenda repleto de títulos conquistados en gigantes europeos como el PSV Eindhoven, el Chelsea, el Real Madrid y, de forma muy especial, el Bayern de Múnich.

Su jugada característica -la diagonal endemoniada desde la banda derecha culminada con un roscazo de zurda- permanece intacta en la memoria del balompié. Sin embargo, detrás de una trayectoria repleta de gloria se esconde la historia de un niño apasionado que jamás imaginó hasta dónde le llevaría su velocidad natural.

Para entender la explosividad que caracterizó el juego de Robben durante dos décadas, hay que remontarse a su infancia en los Países Bajos.

En una entrevista concedida al portal FourFourTwo, el exfutbolista rememoró la sencillez de sus primeros contactos con el balón: "Creo que mis primeros recuerdos del fútbol son de jugar en la calle y en las pequeñas canchas de la escuela. Me uní al equipo de fútbol de mi pueblo cuando era pequeño, pero solo jugábamos una o dos veces por semana. Perfeccioné mis habilidades jugando por diversión con mis amigos después de clase".

Esa agilidad diabólica con la que destrozó a las mejores defensas del mundo no solo provenía de las horas dedicadas al juego en la calle; la práctica de otras disciplinas también moldeó su zancada: "En el colegio practicaba un poco de atletismo y siempre tuve buen ritmo, aunque nunca lo consideré como una carrera profesional".

Esa aceleración casi sobrehumana con la que dejaba atrás a sus rivales tenía además un origen curioso en su propio entorno familiar: "Es curioso, porque mis padres no eran tan rápidos; ¡mi madre es más rápida que mi padre! Sin embargo, ha sido una gran ventaja para mí, y también una suerte: o se tiene o no se tiene".

El innegable talento de Robben llamó pronto la atención de la cantera del FC Groningen. Su salto al fútbol profesional se produjo de una manera tan repentina como cotidiana mientras aún acudía a sus lecciones escolares: "Recuerdo que mi madre me llamó dos o tres veces mientras estaba en clase. Cuando le devolví la llamada, me dijo que el Groningen había llamado y que yo estaba en la convocatoria para ese fin de semana".

El calvario de las lesiones

A pesar de consolidarse como una estrella de clase mundial y liderar a la selección de Países Bajos hasta la final del Mundial 2010, la carrera de Robben estuvo permanentemente acompañada por un fantasma: las constantes lesiones musculares.

Curiosamente, este no fue un problema recurrente durante su etapa de formación: "De niño, ni en las categorías inferiores, tuve problemas de lesiones. Empecé a lesionarme en el Chelsea, cuando me fracturé el pie durante un partido de pretemporada".

Aquel infortunio en Londres inauguró un historial médico complejo que le persiguió en España y Alemania, ganándose el apodo de "el hombre de cristal". Pese a pasar largos periodos en la enfermería, Robben poseía una capacidad de resiliencia admirable, regresando siempre a un nivel superlativo.

Hoy en día, Arjen Robben ya se encuentra oficialmente retirado, habiendo puesto el broche final a su carrera deportiva en el club que le vio nacer, el Groningen.