Montaje de Cucurella y su refugio.

Montaje de Cucurella y su refugio. EE

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El refugio de Cucurella en un pueblo de 10.000 habitantes: un vino de emperadores y un Cristo pintado por Gaudí

La localidad del Maresme se consolida como el búnker de paz donde la estrella de la Selección desconecta entre viñedos históricos.

Más información: La localidad del Maresme se consolida como el búnker de paz donde la estrella de la Selección desconecta entre viñedos históricos y secretos de Gaudí.

Guillermo Echeverría
Publicada

Alella, un pintoresco rincón de apenas 10.000 habitantes resguardado entre el mar Mediterráneo y la cordillera Litoral, es mucho más que un suburbio residencial exclusivo a 20 minutos de Barcelona.

Este pequeño municipio del Maresme, conocido por ser la cuna y el refugio del futbolista Marc Cucurella, esconde entre sus calles un patrimonio histórico fascinante. Se trata de un destino singular que entrelaza con asombrosa naturalidad la devoción artística, los misterios señoriales y una tradición vitivinícola milenaria.

Caminar por el núcleo urbano de Alella es sumergirse en un oasis de calma donde el pasado imperial romano sigue muy vivo. Sus viñedos, que trepan por las laderas soleadas frente a la costa, producen el que una vez fue considerado el auténtico vino de los emperadores.

En la época dorada de la Hispania Romana, los cronistas Plinio el Viejo y Marcial ya elogiaban la calidad de los caldos laietanos de esta zona. Aquellas preciadas cosechas viajaban en ánforas de barro desde el Maresme hasta la mismísima Roma, convirtiéndose en un producto de lujo imprescindible para los banquetes de la aristocracia imperial.

Hoy en día, esa herencia agraria se mantiene intacta a través de la Denominación de Origen Alella, una de las zonas vinícolas más pequeñas y selectas del país, que continúa cautivando paladares gracias a su emblemática uva Pansa Blanca.

Cucurella: 5

Cucurella: 5 Reuters

Sin embargo, el oro líquido de sus bodegas no es el único gran tesoro que custodia este municipio. En el corazón del casco antiguo se alza la majestuosa Iglesia de Sant Feliu, un templo parroquial que resguarda un secreto artístico de un valor incalculable: un Cristo pintado por el mismísimo Antoni Gaudí.

El genial arquitecto modernista dejó en esta pequeña parroquia una muestra íntima, delicada y muy poco conocida de su genialidad pictórica.

Contemplar esta misteriosa obra, enmarcada además en una iglesia cuyas campanas del reloj fueron fundidas originalmente en la ciudad de Lima en el lejano año 1772, añade una fascinante capa de misticismo y proyección universal al patrimonio de la localidad.

Alella ha sabido seducir a lo largo de los siglos. Primero fue el imán de los patricios romanos, siglos más tarde se transformó en el lugar de veraneo predilecto de la burguesía barcelonesa y hoy se consolida como el remanso de paz al que regresan figuras como Cucurella para desconectar de la presión mediática.

Con sus masías medievales, las leyendas de la Torre del Gobernador y el prehistórico Dolmen de la Roca d'en Toni, este pueblo demuestra que el tamaño no define la verdadera grandeza. Alella permanece como un refugio perfecto donde la historia imperial, el arte de vanguardia y la calma cotidiana conviven en perfecta armonía.