El refugio de Vinicius en un pueblo español.

El refugio de Vinicius en un pueblo español. EE

Fútbol

El refugio de Vinicius, 25 años, en un pueblo español: bodega del siglo XIX y entorno natural de viñedos interminables

El extremo del Real Madrid, la estrella de Brasil en el Mundial, guarda un rincón íntimo en territorio manchego.

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J. P.
Publicada

En pleno Mundial, mientras Brasil debate si este es por fin el torneo de Vinicius, el futbolista de 25 años tiene muy claro dónde desconectar cuando se apagan los focos.

A poco más de dos horas al sur de Madrid, lejos del ruido del Bernabéu y de la selección, hay un lugar que se ha convertido en su refugio emocional: Valdepeñas, una ciudad manchega en la que el vino manda y el tiempo parece ir a otro ritmo.

Allí, entre bodegas centenarias y un mar de viñedos, el extremo del Real Madrid ha encontrado algo parecido a un hogar alternativo.

El vínculo no nace de un acuerdo comercial ni de una campaña de imagen, sino de una amistad. Vinicius mantiene una relación muy cercana con Sinésio Júnior, compatriota suyo y jugador del Viña Albali Valdepeñas, el equipo de fútbol sala que ha colocado al municipio en el mapa deportivo más allá del vino.

Varias veces se les ha visto juntos en el pabellón Virgen de la Cabeza, acompañados incluso por Camavinga, animando desde la grada como dos aficionados más mientras el equipo local se mide a gigantes de la élite del futsal.

Esa rutina de escaparse a ver a un amigo jugar, comer bien y caminar entre viñedos explica mejor que nada por qué Valdepeñas cuenta, en la agenda de Vini, casi tanto como cualquier gran capital.

La ciudad, de unos 30.000 habitantes en la provincia de Ciudad Real, es conocida como la 'Ciudad del Vino' y vive en torno a una Denominación de Origen que se extiende por un paisaje de viñas aparentemente interminable.

Vinicius celebra su gol ante Marruecos en el Mundial.

Vinicius celebra su gol ante Marruecos en el Mundial. Reuters

A la salida de la autovía, el visitante entiende rápido por qué: cooperativas gigantes, bodegas familiares y carteles que invitan a catar, visitar y aprender.

El epicentro de esa cultura está en el Museo del Vino, instalado en una antigua bodega del siglo XIX que conserva depósitos, utensilios y espacios que cuentan la historia de cómo el vino marcó la economía y la identidad local.

Valdepeñas, sin embargo, es algo más que una postal de enoturismo. La Plaza de España, con su arquitectura característica y su vida de terrazas, conecta con un casco urbano donde conviven bares de tapas, restaurantes de cocina manchega y referencias constantes al vino, desde esculturas hasta fuentes temáticas.

En los alrededores, el paisaje de viñedos que se extiende hacia los campos de Montiel y Calatrava construye ese entorno natural de viñas sin fin que tanto seduce al visitante: una llanura salpicada de cepas, sol extremo y cielos abiertos que explican el carácter de sus caldos.

Para Vinicius, Valdepeñas también tiene una dimensión más íntima. Allí se le ha visto entrar en restaurantes como cualquier cliente más, acompañado de amigos o familiares, disfrutando de una gastronomía que se aleja del circuito madrileño de moda.