Iker Casillas, junto a su madre, María del Carmen, en Navalacruz, Ávila.

Iker Casillas, junto a su madre, María del Carmen, en Navalacruz, Ávila.

Fútbol

Iker Casillas, 45 años: "Mi madre para engañarme a comer, me decía que Arconada comía pescado"

El exportero del Real Madrid recordó cómo empezó en el club blanco, el momento en el que hizo las pruebas y cómo de 300 personas solo él fue escogido.

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C. S.
Publicada

La historia de Iker Casillas comienza mucho antes de los títulos, las Champions o los éxitos con la selección española. Su infancia estuvo marcada por las calles de Móstoles, el fútbol entre amigos y una vocación que apareció desde muy pequeño.

Antes de convertirse en uno de los grandes iconos del fútbol español, el exguardameta ya sabía que quería ocupar un lugar muy concreto en el campo: la portería.

Cada 20 de mayo, coincidiendo con su cumpleaños, resurgen muchas de las historias que explican cómo empezó todo. Una de las más conocidas la contó el propio Casillas durante su participación en el programa 'En tu casa o en la mía', de Bertín Osborne en TVE.

Allí recordó una escena habitual de su infancia: "Mi madre, para engañarme a comer, me decía que Arconada comía pescado. Yo siempre tuve claro que quería ser portero".

Mucho antes de debutar en el fútbol profesional, Casillas pasaba los días jugando en el barrio. En una entrevista concedida al blog 'El lado del mal', recordó su vida en "la calle Las Palmas, a la altura de Santa Laura", en una zona humilde de Móstoles, rodeado de familias trabajadoras.

Iker Casillas

Iker Casillas

De aquella etapa conserva recuerdos sencillos, ligados a la vida de barrio y al fútbol improvisado en cualquier rincón. "Recuerdo estar mucho en el barrio, jugar y pasármelo muy bien", explicó.

Su infancia transcurrió entre colegios, parques, amigos y balones, en un entorno que acabaría marcando profundamente su personalidad.

Sus inicios en el Real Madrid

El vínculo con el Real Madrid comenzó siendo apenas un niño. Según contó, encontró en el periódico un anuncio del club buscando jugadores nacidos en 1981 y decidió presentarse a las pruebas.

Su estreno, sin embargo, estuvo lejos de ser brillante. "El primer partido que hice fue horrible, fue en el Torneo Social", reconoció años después.

A pesar de aquel inicio complicado, el club siguió apostando por él. Tras varios encuentros terminó entrando en el equipo Benjamín de fútbol 7. "Éramos 300 chavales y el único que ha llegado al equipo he sido yo", recordó sobre aquella primera gran oportunidad.

Casillas empezó muy pronto a convivir con la exigencia. "Con 8 años hice la prueba en el Real Madrid y con 9 tuve la suerte de que me escogieron", explicó.

Desde entonces comenzaron los entrenamientos en Madrid, los desplazamientos constantes desde Móstoles y una rutina que implicaba el esfuerzo diario de toda la familia.

El exguardameta siempre ha subrayado el papel fundamental de sus padres durante aquellos años. Los viajes eran largos y frecuentes, y durante mucho tiempo lo acompañaron para que pudiera entrenar. Entre sus recuerdos aparece incluso el Seat 124 rojo familiar en el que recorrían el trayecto.

Con el tiempo, las exigencias fueron aumentando. Primero acudía dos veces por semana a entrenar; después, tres; más tarde, cuatro. "Tenía muchos sueños y sabía que para cumplirlos había que esforzarse", afirmó.

Para él, aquel sacrificio no respondía solo a una ambición personal, sino también al deseo de corresponder al apoyo de su familia.

La sensación de que el objetivo podía hacerse realidad llegó durante la adolescencia. Con 15 y 16 años comenzó a entrar en dinámicas del primer equipo y entendió que tenía delante una oportunidad única.

Fue entonces cuando decidió entregarse al máximo. "Quería aprovechar esa oportunidad dando el 200%", recordó.

Entre todos los referentes de su infancia hubo uno especialmente importante: Luis Arconada. Casillas admiraba profundamente al histórico portero español, hasta el punto de que su madre utilizaba su nombre para convencerlo de comer pescado.

La llamada del Madrid

La escena resume perfectamente su temprana vocación: una madre intentando que su hijo se alimentara mejor y un niño dispuesto a hacer caso porque el argumento tenía relación con su ídolo. Casillas nunca llegó a la portería por casualidad; desde muy pequeño sintió que aquel era su lugar.

La primera llamada importante llegó cuando todavía estaba en el colegio. El propio Casillas contó que se encontraba en clase hablando del Real Madrid con un amigo cuando apareció el bedel para avisarle. "Me dijo que se había lesionado Cañizares y que me tenía que ir con el Madrid a Noruega", recordó.

Todo sucedió en cuestión de horas. Del colegio pasó a casa y después directamente a un hotel donde coincidió con futbolistas como Fernando Sanz, Fernando Morientes, Clarence Seedorf, Predrag Mijatović, Raúl González o Davor Šuker.

"Me temblaba todo", confesó. Aunque no llegó a jugar, Jupp Heynckes le permitió sentarse en el banquillo.

Poco después llegó su estreno como titular. John Toshack le comunicó en el autobús, un día antes del partido, que jugaría en San Mamés. Casillas venía de competir en campos mucho más modestos y la responsabilidad le pasó factura durante la noche previa.

En aquel debut encajó dos goles, algo que le molestó especialmente porque siempre le afectaba recibir tantos. Aun así, terminó satisfecho con su actuación. "Para ser mi debut y en San Mamés, acabé contento", aseguró.

Con el paso del tiempo, Casillas ha insistido en que su historia no se explica únicamente a través de los títulos. También se construye desde los recuerdos del niño que jugaba al fútbol en los parques de Móstoles.

En 'El lado del mal', aseguró que al Iker de 11 años le diría "que se lo pase bien, que se divierta, que juegue mucho al fútbol y que conozca a gente".

Para él, el deporte fue también una herramienta de aprendizaje, disciplina y crecimiento personal. Por eso, su infancia representa mucho más que el inicio de una carrera exitosa: es la historia de un niño de Móstoles, de una familia que lo acompañó en cada paso y de una vocación que siempre tuvo clara. Iker Casillas quería ser portero desde el principio.