Julián Álvarez junto a su pareja Emilia Ferrara

Julián Álvarez junto a su pareja Emilia Ferrara

Fútbol

La casa de Julián Álvarez (26) en Madrid que tuvo que abandonar por los paparazzis: casi 500 m2 y 3 plantas

El delantero eligió una mansión en Boadilla del Monte que había pertenecido a Bárbara Rey y fue escenario de las célebres imágenes junto a Juan Carlos I.

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La primera experiencia inmobiliaria de Julián Álvarez en Madrid terminó convertida en un problema de exposición mediática.

El delantero argentino, instalado en la capital tras su llegada al Atlético de Madrid, se vio obligado a dejar la lujosa mansión que había elegido en Boadilla del Monte por el acoso constante de paparazzis y periodistas del corazón, más interesados en la historia del inmueble que en su nuevo dueño.

Álvarez, que atraviesa un momento clave de su carrera entre la exigencia del Atlético y su condición de campeón del mundo con Argentina, buscó inicialmente un lugar apartado y cómodo para instalarse con su pareja, Emilia Ferrero.

La elección recayó en un chalé de alto standing en una de las urbanizaciones más exclusivas de Boadilla, zona habitual de futbolistas y empresarios por su tranquilidad y su fácil conexión con la ciudad deportiva rojiblanca.

La casa, sin embargo, arrastraba un pasado incómodo. La vivienda había pertenecido años atrás a Bárbara Rey y fue escenario de las célebres imágenes junto al rey emérito Juan Carlos I, un capítulo que nunca dejó de alimentar a la prensa rosa.

Julián Álvarez celebra su gol ante el Barça

Julián Álvarez celebra su gol ante el Barça EFE

Cuando esa historia volvió a ocupar titulares, el domicilio dejó de ser un simple chalé para convertirse en un símbolo mediático, y con él, la intimidad de Álvarez quedó completamente expuesta.

Desde ese momento la casa pasó a estar rodeada casi a diario por fotógrafos, reporteros y curiosos. Vehículos apostados en los accesos, cámaras pendientes de cada entrada y salida y seguimientos a los movimientos de la pareja convirtieron la rutina del delantero en una extensión del plató televisivo.

El propio jugador llegó a admitir que "era imposible estar en el lugar ese" y que, en España, cuando la prensa se pone insistente, "son peores que en Argentina".

Todo ello ocurría mientras Álvarez intentaba asentarse en el Atlético, adaptarse a un nuevo sistema de juego y justificar el esfuerzo económico del club por incorporarlo. En ese contexto, la casa debía ser refugio y terminó siendo foco de distracción.

La mansión rondaba los 700.000 euros y ofrecía prácticamente todo lo que puede pedir un futbolista de élite: casi 500 metros cuadrados construidos, repartidos en tres plantas, levantados sobre una parcela de unos 700 metros, con jardín consolidado.

En el interior, las informaciones hablan de seis dormitorios y seis baños, estancias amplias y luminosas, gimnasio privado, cocina de diseño, varias terrazas con vistas despejadas y un gran salón pensado para reuniones familiares y de amigos.

En el exterior, piscina, zona de solárium y espacio suficiente para garaje y aparcamiento completaban un perfil de vivienda diseñado para la comodidad y la discreción de un deportista profesional.

La presión mediática, sin embargo, terminó pesando más que cualquier lujo. Ante la falta de tranquilidad, Álvarez y Ferrero optaron por romper el vínculo con esa casa y buscar un nuevo hogar en la misma zona, con el apoyo del club y de asesores inmobiliarios, para recuperar cierta normalidad.

El episodio ha servido para recordar que, en la nueva vida madrileña del delantero, no todo pasa por el césped: también debe aprender a gestionar una exposición pública que, a veces, se juega lejos del área y muy cerca de la puerta de casa.