Óscar Téllez, durante su etapa en el Alavés.

Óscar Téllez, durante su etapa en el Alavés. EFE

Fútbol

Óscar Téllez (50), exfutbolista, sobre pasar de cobrar 100.000 a 2.000 euros: "Ahora soy feliz y no me hace falta el dinero"

El exdefensor del Alavés, entre otros clubes, ejemplifica el complicado paso del profesionalismo a la retirada por parte de los jugadores de élite.

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A. M.
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Óscar Téllez (Madrid, 1975) fue un central de referencia en el fútbol español de comienzos de los 2000, internacional con España y uno de los símbolos del Deportivo Alavés que deslumbró en Europa. 

Pasó por la élite deportiva… y económica: llegó a cobrar en torno a 100.000 euros al mes, con una vida que él mismo define como "desahogada".

"Antes ganaba 100.000 euros y no miraba mi cuenta corriente, solo cuando entraba el dinero", confesó al repasar aquellos años de abundancia en el programa Y ahora Sonsoles.

No había planificación ni preocupación por el futuro; había coches, caprichos y la sensación de que el fútbol y el dinero durarían siempre. El problema, admite hoy, no fue solo gastar, sino no pensar más allá del siguiente contrato: "No tenía ningún plan para la retirada, y ese es uno de los errores que cometí". Colgó las botas en 2006, con 31 años, y el choque con la realidad fue inmediato.

Sin la protección de un patrimonio bien gestionado, el excentral tuvo que reconstruir su vida profesional desde abajo. "He hecho de todo, desde camionero hasta trabajar en un aeropuerto. No sabía hacer otra cosa que jugar al fútbol, pero cuando la necesidad te aprieta, tienes que salir adelante", resume.

Óscar Téllez, en el programa 'Y ahora Sonsoles'

Óscar Téllez, en el programa 'Y ahora Sonsoles'

Hoy su realidad económica es radicalmente distinta. Téllez ingresa alrededor de 2.000 euros al mes, una cifra ínfima comparada con los 100.000 de su etapa en la élite. Pero su manera de medir el bienestar ha cambiado por completo: "No he perdido calidad de vida. Ahora soy feliz y no me hace falta el dinero, pero fue un golpe duro adaptarme a esta realidad", admite. 

El exdefensa reconoce que durante sus mejores años vivía sin freno: "Yo no me cohibía de nada, era una vida desahogada". El problema llegó cuando cesaron los ingresos de estrella y siguió el mismo estilo de vida. "El dinero se acaba…", asume, hasta el punto de definirse como "un juguete roto" del fútbol por no haber preparado su salida de los terrenos de juego.

Su historia se ha convertido en un caso de estudio en programas de televisión y reportajes donde narra el viaje de "millonario a mileurista", con todos los matices y golpes que hubo en medio.

"No sabía hacer otra cosa que jugar al fútbol", insiste Téllez, resumiendo el vacío que aparece cuando desaparece la camiseta y no hay un plan B.

Historias como la suya refuerzan la idea de que la gestión del patrimonio debería formar parte de la carrera de cualquier deportista igual que el trabajo físico o la nutrición. No se trata solo de evitar la ruina, sino de transformar los años de máximo salario en una base sólida para una segunda vida profesional elegida, no impuesta por la urgencia.

Las frases de Téllez -"antes nunca miraba la cuenta corriente", "no tenía ningún plan", "ahora soy feliz y no me hace falta el dinero"- funcionan como un pequeño manual de errores y lecciones que las nuevas generaciones harían bien en escuchar.

Un zaguero de élite

Antes de convertirse en advertencia financiera, Óscar Téllez fue un defensa respetado en la Primera División española. Formado en la cantera del Moscardó y el Real Madrid, pasó por Valencia y Villarreal, pero se consolidó en el Deportivo Alavés, donde vivió su cima deportiva con la final de la UEFA de 2001 frente al Liverpool, aquel 5-4 decidido con un gol de oro en Dortmund.

Ese rendimiento le llevó a debutar con la selección española en 2001, citado por José Antonio Camacho.

Se retiró pronto, en 2006, con apenas 31 años y la sensación de haber cerrado demasiado rápido una carrera que pudo ser más larga. Esa retirada temprana, sumada a la falta de planificación económica, precipitó una transición vital dura.

Hoy, cuando cuenta que vive con 2.000 euros al mes después de haber cobrado 100.000, su voz se ha convertido en una advertencia clara: el talento y los contratos no bastan si, fuera del campo, no hay un plan para que el patrimonio no se diluya en silencio.