Copa del Rey

Ponitka lidera la sorpresa copera del Tenerife ante un mermado Valencia Basket

En un partido muy coral y serio del conjunto canario, un arranque superlativo de segunda parte le dio medio billete a semifinales ante un vigente subcampeón que no tuvo su mejor día (72-79).

Millán Cámara Carlos Bernabé

Pobre Txus Vidorreta. Otra vez, ángel caído cuando las expectativas eran altas en torno a un equipo suyo. El destino puede ser tan cruel y caprichoso como para cruzarte con tus ex, aquellos a los que ayudaste a hacer grandes, y que estos consigan lo que no lograron contigo: avanzar a semifinales de la Copa del Rey. Como este gran torneo ha dejado patente tantas y tantas veces, es el lugar más propicio para que los favoritismos se vayan a tomar viento fresco. ¿Que todo el mundo veía al Valencia Basket en semifinales? Pues el conjunto taronja no estará en ellas. Las bajas hicieron más mella de lo esperado y el Iberostar Tenerife, con una fe y un juego prácticamente sublimes, aprovechó las circunstancias para aguarle la fiesta a un Vidorreta al que debe tantísimo. Ya se sabe: en la pista no hay amigos [Narración y estadísticas: 72-79].

La primera parte del estreno copero se jugó en las alturas. Es decir, a lo que dictaron Pleiss en un bando y Tobey en el otro. Sobre todo, el segundo. En Tenerife han recuperado para la causa a un jugador que pasó desapercibido (para sorpresa de todos ahora) precisamente en Valencia. La seguridad del norteamericano bajo tableros fue pasmosa. Y suya fue la culpa de que el espectáculo, y del bueno, marcase las grandes sensaciones canarias en los 20 primeros minutos. Con un escudero que, cuando le dejaron, también firmó buenas muestras de plasticidad en las cercanías del aro: Ponitka.

Aunque los grandes titulares fueron, en un primer momento, para Tobey. Para sus mates, alley-oops y descaro en la pintura. Allí se encontraba el maná. O, por lo menos, eso parecían pensar a ambos lados de la cancha. Porque si Tobey ya dio todo un clínic en la zona, Pleiss no se quedó atrás. La consigna era clara: balones para el alemán en ataque. Que en defensa ya se encargaba de capturarlos él en forma de rebote. Y, aun con varias jugadas muy bonitas de por medio, lo que mandaba en Valencia, más que otra cosa, era la solvencia. Más efectividad que efectismo para mantener el encuentro en un puño un minuto sí y otro también. Con Will Thomas como segunda voz cantante.

Parecía que el Tenerife quería quitarse de encima el mal sabor de boca de los cuartos coperos del año pasado. Cuando su temporada estaba resultando mágica y la palabra 'sorpresa' era tan acorde al conjunto aurinegro. Ya no se puede hablar en términos de revelación de este equipo. Desde luego que no. Llegaron a la élite para quedarse, como dejó claro el auténtico vendaval de juego con el que intentaron romper el partido nada más terminar el descanso. La garra de Vasileiadis, con sus triples marca de la casa, fue más que valiosa. Bien secundada por la de San Miguel y, otra vez, Ponitka. Con una recta final no menos espléndida de un Abromaitis arrollador.

Poco a poco, los hombres de Fotis Katsikaris se iban gustando más y más ante los de Txus Vidorreta (los dos ocuparon el banquillo inverso en su momento, por cierto). El vigente subcampeón copero tenía que recurrir a héroes habituales como Green para intentar revertir la tendencia. Y parecía conseguirlo. San Emeterio también intentó hacer honor al santoral a última hora. Aunque los cuatro-cinco puntos de ventaja en los que se instalaron los locales gracias a su magnífico arranque de tercer cuarto acabaron siendo capitales para su triunfo.

A la hora de la verdad, en Tenerife encontraron las mejores respuestas posibles. También las aportaron Fran Vázquez y Davin White, mientras el sector del Gran Canaria Arena ocupado por la hinchada aurinegra se caía entre cánticos de alborozo. La sorpresa dejaba de ser tal y se convertía en toda una realidad: habrá presencia canaria en las semifinales del torneo. Los problemas físicos que tanto preocupaban al Valencia Basket en la previa acabaron haciendo mella en sus filas. “Sí se puede”, cantaban los tinerfeños. Y se pudo, vaya si se pudo.