Fabien Causeur se aprovecha de un bloqueo de Ayón durante el partido.

Fabien Causeur se aprovecha de un bloqueo de Ayón durante el partido. Á. Martínez ACB Photo

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Fabien Causeur y Anthony Randolph masacran al Zaragoza en el último cuarto

El Real Madrid, aun dominando el marcador en todo momento, tuvo que poner el turbo durante los últimos minutos para sentenciar un encuentro carente de historia y en el que apenas hubo rival enfrente (93-65).

Dio igual que el Tecnyconta Zaragoza empezase el partido sin capturar rebotes apenas, con los tiros libres vetados por la ausencia de faltas. Pero también importó más bien poco su conato de remontada en el tercer cuarto y, sobre todo, la siesta del Real Madrid. Cuando hubo que hacer lo esperado, ganar, los locales no defraudaron. La verdad es que los hombres de Pablo Laso nunca tuvieron problemas reales para imponerse en un encuentro extremadamente plano: jugaron al tran tran casi siempre, como lo harían en un amistoso e incluso en un entrenamiento, y el modo avión sólo fue necesario a última hora [Narración y estadísticas: 93-65].

Medirse a uno de los colistas de la ACB no era un reto lo suficientemente atractivo para el Madrid. No, ya se vio durante todo un duelo en el que, a poco que hicieron, los blancos tuvieron mucho ganado desde el principio. Ni siquiera hizo falta contar con un líder claro en la cancha. Al principio, sobresalió Fabien Causeur. Más tarde, lo hicieron Felipe Reyes, Gustavo Ayón y Ognjen Kuzmic. Cuando los visitantes intentaron poner en dificultades reales a su adversario, ahí estuvieron Luka Doncic, Anthony Randolph, de nuevo Causeur e incluso Rudy Fernández para que las cosas no se fueran de madre.

Y no se fueron, para nada. En cuanto al Zaragoza se le acabó el acierto exterior, su primer y único sustento durante los 40 minutos de juego, adiós partido. Sólo los triples, con Álex Suárez beneficiándose más que nadie de los mismos, salvaron una imagen muy pobre del conjunto aragonés. Neal y De Jong fueron de lo poco salvable más allá del exmadridista.

Con una preocupante alergia a la pintura, el Madrid no tuvo ninguna piedad de los maños en cuanto los tiros dejaron de entrar. Como ya pareció indicar la pretemporada, al conjunto dirigido por Jota Cuspinera le tocará remar contracorriente todo el año: la diferencia de valoración entre uno y otro equipo (116-47) también fue abismal.

No se pueden sacar demasiadas conclusiones de lo visto este domingo en el Palacio de los Deportes madrileño. Ni el rival fue el más competitivo ni el Madrid tuvo que esforzarse al máximo para imponerse. Dio la sensación de que, si hubiesen querido, los anfitriones podrían haber jugado con una, dos o hasta tres marchas más. La plenitud llegó en los últimos minutos, pero, aunque no lo hubiese hecho, el triunfo nunca peligró.

Si no lo hizo fue, entre otras cosas, por el buen momento de los dos grandes nombres propios del equipo de Laso en lo que va de ACB: Causeur y Randolph. El concurso de la dupla fue letal en el último cuarto, justo después de que el Zaragoza pudiese soñar, por un corto espacio de tiempo, con meterse en el partido. Sergio Llull, presente junto al banquillo de los suyos, pudo respirar tranquilo. Sus 'mandarinas', aunque inimitables, todavía no se añoran realmente en serio. Veremos si se puede decir lo mismo a partir de la próxima semana, ya con la Euroliga en liza y dos grandes partidos ligueros, ante Valencia Basket y Unicaja, en el horizonte.