Llull salvó al Madrid con una de sus mandarinas.

Llull salvó al Madrid con una de sus mandarinas. V. Carretero ACB Photo

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La enésima 'mandarina' de Llull salva al Madrid frente al Barça

Una canasta imposible a cinco décimas del bocinazo concedió la victoria a los blancos en un final de infarto en el que Felipe Reyes se convirtió en el máximo reboteador histórico de la ACB (76-75).

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Si hay un jugador del Real Madrid que tiene entre ceja y ceja al Barça, que casi siempre da el 100% cuando tiene delante al eterno rival, ése es Sergio Llull. El menorquín no deja de dar motivos para creer que pasa por el mejor momento de su carrera. 'El Increíble' no se cansa de seguir siéndolo. Le pone lanzar cuando el reloj marca la hora y los tiros empiezan a desprender más magia que mecánica, más espectáculo que pureza. Lo demostró no una, sino dos veces: sobre el bocinazo del descanso y prácticamente sobre el del final del encuentro, matándolo de cuajo a cinco décimas de la conclusión [Narración y estadísticas: 76-75].

Todo el Palacio de los Deportes estaba en shock a cuatro minutos del final del Clásico. Felipe Reyes acababa de convertirse en el máximo reboteador histórico de la ACB, el encuentro se había detenido para rendirle homenaje y era difícil bajar de la nube tras la celebración. Sin embargo, Jaycee Carroll fue el primero en empezar a ser consciente de que había que evitar como fuera que a su capitán y al resto del equipo les aguasen la fiesta. De ahí que primero mutase en Reyes (rebote tras tiro propio y canasta) y que después convirtiese un dos más uno que empezó a allanar el camino de la victoria para el Madrid. Ya llegaron después las acometidas de Randolph y Llull para rematar la faena.

Los de Laso no disfrutaron tanto como el viernes ante el Estrella Roja. Para nada. Enfrente hubo un Barcelona que no se fue del partido ni cuando los locales amagaron con cerrarlo para siempre. Ante Tomic y Stratos Perperoglou dieron un paso al frente, como ya empieza a ser costumbre ante el Madrid. El croata no suele achantarse cuando tiene a su exequipo enfrente, y estuvo a punto de darles el triunfo a los suyos. Por su parte, el griego también apareció en los momentos decisivos, con un liderazgo muy necesario dado que Tyrese Rice volvió a jugar a trompicones.

Aunque el Madrid empezó el partido sin un rumbo claro, con el Barça aprovechándose de ello, poco a poco empezó a hacer gala del favoritismo que todos le concedían en este partido. Así, los ocho puntos de ventaja que llegaron a tener los visitantes desaparecieron. El cambio lo provocó, para variar, Luka Doncic. Increíble cómo cambia el cuento con el niño en pista. Como hace de todo (y todo bien), sus compañeros se contagian de su aire fresco.

Así fue como Randolph, Hunter y Llull les quitaron un peso de encima a Maciulis y Ayón, que llevaron el timón del Madrid en unos primeros minutos donde mandó la espesura. Con un +11 favorable al descanso y un inicio de tercer cuarto que amenazaba con provocar una victoria cómoda, los blancos se las prometían muy felices. Nada más lejos de la realidad: al menos este domingo, el Barça estuvo a la altura. Claver tuvo alguna que otra acción propia del caché que se le demanda, Eriksson tomó el protagonismo juvenil que llegó a tener Vezenkov en minutos anteriores y Perperoglou, como decíamos, volvió a hacerse gigante en un Clásico.

El récord reboteador de Felipe (dos rebotes en la misma jugada, capturó otro con anterioridad) lo magnificó todo, y no pudo llegar en peor momento: con todo por decidir. Pero, a pesar de que el hito fue algo inoportuno, resultó la excusa perfecta para no ceder ante el Barça. El equipo azulgrana intentó por todos los medios que el Madrid desfalleciera mentalmente. Y a punto estuvo de conseguirlo: Rice hizo acto de presencia a la hora de la verdad, Tomic hizo acopio de sangre fría y Oleson se quedó muy cerca de encestar la última del partido. Pero los visitantes no contaban con la astucia de Llull. Bueno, sí que lo hacían, pero ya saben: los genios, pase lo que pase, son imprevisibles.