Sergio Ramos, en una foto de archivo. Europa Press.
Los rumores y la paranoia se apoderan de los días clave para que Ramos y Five Eleven cierren la compra del Sevilla
Los equipos de ambas partes trabajan con normalidad mientras se rumorea que Ramos ha perdido músculo inversor y que los accionistas dificultan la operación.
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Hasta el 31 de mayo no expira el plazo para firmar el contrato de compraventa del Sevilla, pero el nerviosismo se ha extendido con una fuerza tal en la capital andaluza que pareciera que está a punto de irse al traste.
Hay rumores y hasta cierta paranoia sobrevolando a ambas partes. De un lado, Sergio Ramos y la gestora Five Eleven, y de otro, las grandes familias accionistas; todos con extrema cautela apenas una semana después de llegar a un acuerdo descrito como escrupuloso y muy satisfactorio para todos.
Se acordó entonces la venta del 85% de las acciones, o sea, control absoluto para los nuevos dueños, a un precio de casi 3.400 euros por acción, una de las cantidades más elevadas que los accionistas del club escucharon de varios pretendientes.
Además, no se establecía obligación de mantener a nadie en puestos directivos, lo que permitía abrir una etapa completamente nueva en Nervión, y se establecía el compromiso de hacer una ampliación de capital de 80 millones para reforzar el equipo, previsiblemente con fichajes.
Felicidad en todas partes, en suma. Pero en esta semana ha estallado la tensión ante la espera de los avales que demuestren que Ramos y Five Eleven puede acometer –junto con otros socios– la compra. Avales que no han llegado aún a la capital andaluza.
No es en sí mismo este un mal augurio: la operación está aún dentro de plazo y sigue los cauces habituales. No tendrían por qué aportar dicha garantía incluso hasta el mismo día 31, pero han empezado a surgir preguntas incómodas que han enrarecido el ambiente y que se están tratando de sortear.
“Estamos trabajando para cerrarlo, nadie quiere estropear la operación”, insisten fuentes cercanas a la transacción. Este mismo viernes se producía una nueva reunión ‘maratoniana’ en la que los abogados de ambas partes han vuelto a repasar minuciosamente todos los puntos del acuerdo alcanzado. Intentado remar a favor.
Miércoles, el estallido de tensión
La extraña y repentina tensión comenzó este miércoles. Durante la mañana empezaron a escucharse algunos reproches contra los accionistas del Sevilla que se atribuyeron al entorno de Ramos y sus socios.
Se decía que había pocas acciones liberadas de cargas. Comprarlas era ‘encadenarse’ a condiciones que no las volvían ya tan atractivas, y eso generaba reticencias entre los casi nuevos dueños.
El rumor causó sorpresa entre los aludidos, porque precisamente dos días antes, el lunes, se había reunido con los abogados de Ramos y demostrado documentalmente que hasta dos terceras partes del capital social estaban libres de cargas.
Así que, en reacción, se encendieron alarmas que crecerían en algunos ámbitos hasta la paranoia: ¿Para qué sembrar tal duda?
Como aparente respuesta, llegaron en cuestión de horas informaciones que apuntarían a que Five Eleven y Ramos habían perdido algún socio y no disponían ya del músculo financiero para acometer la operación en los términos que prometió hacerlo.
El ruido
Mientras este ruido arrecia, ambas partes siguen trabajando, con reuniones y en comunicación constante, para llevar a buen término el acuerdo. Y al menos en este apartado, insisten las fuentes consultadas, no se perciben estos temores.
“Estamos en modo ejecución del acuerdo”, aseguran. Todo listo a espera de que lleguen garantías bancarias de primer nivel, e incluso ajustando algunos apartados del acuerdo original para facilitar la venta, como los plazos de pago.
Ramos y sus socios tienen aún ocho días de plazo para demostrar que pueden comprar el Sevilla tal y como acordaron hacerlo hace una semana. En condiciones normales no es una contrarreloj ante la que asustarse, pero en Sevilla todo hay ansia por que aparezca el dinero.
Un ansía que crecerá con cada día que pase.