Héctor Bellerín, durante la celebración de la Copa del Rey.

Héctor Bellerín, durante la celebración de la Copa del Rey. AFP7 / Europa Press

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Héctor Bellerín (30), futbolista, y su inversión reivindicativa: 250.000 libras para un equipo vegano y neutro en carbono

El lateral detalla por qué emplea su capital para impulsar un proyecto ecológico radical dentro del deporte inglés.

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El dinero, para Héctor Bellerín, dejó hace tiempo de ser un fin en sí mismo. A los 30 años, el futbolista ha construido un perfil público poco habitual en la élite.

El barcelonés es crítico con la industria que le ha hecho millonario, incómodo con la cultura de la ostentación y convencido de que el capital también puede -y debe- servir para impulsar cambios sociales, ambientales y culturales.

Esa visión explica por qué una de sus inversiones más conocidas no está en el ladrillo ni en startups tecnológicas, sino en un modesto club inglés con una agenda ecológica radical.

Bellerín se define como un "anti-estrella". Procedente de una familia humilde, ha repetido en numerosas entrevistas que el fútbol profesional "deshumaniza" a los jugadores y los encierra en una burbuja donde priman valores "superneoliberales".

Ese diagnóstico no se queda en el discurso: se traduce en una relación distinta con el consumo, el salario y las inversiones.

"Un coche y un ático no hacen la felicidad", ha dicho, al explicar por qué ahora vive de forma mucho más sencilla y por qué prioriza proyectos alineados con sus convicciones.

Esa coherencia se aprecia en un patrón claro: Bellerín no busca maximizar rentabilidad financiera, sino impacto.

Su dinero actúa como extensión de su activismo, especialmente en todo lo relacionado con el clima, la ética del consumo y la responsabilidad social de las grandes industrias, incluido el fútbol.

El ejemplo más emblemático es su entrada, en 2020, en el Forest Green Rovers.

El club, reconocido por la FIFA y Naciones Unidas (ONU) como el más "verde" del mundo, es vegano, neutro en carbono y tiene proyectado un estadio de madera con impacto ambiental mínimo.

Balde, ante Bellerín

Balde, ante Bellerín REUTERS

Bellerín se convirtió en su segundo mayor accionista, con alrededor del dos por ciento del capital, tras una inversión cercana a las 250.000 libras.

El propio jugador explicó entonces su motivación: "Es importante invertir en cosas por las que siento pasión".

Para él, el Forest Green Rovers representa una demostración práctica de que el fútbol puede ser una palanca de concienciación global.

"La gente tiene un amor universal por este deporte, así que no hay mejor industria para promover la sostenibilidad", afirmó, subrayando que el retorno económico no era el motor principal de la operación.

La apuesta encaja con su trayectoria personal. Bellerín se hizo vegano hace años, un cambio que define como el inicio de su activismo ambiental.

Desde entonces ha vinculado su imagen a acciones concretas: plantar miles de árboles por victorias deportivas, promover iniciativas verdes en clubes como el Real Betis o utilizar su visibilidad para exigir a las grandes estructuras -no solo a los individuos- alternativas reales para reducir el impacto climático.

Esa lógica de coherencia también se extiende a otros ámbitos. En moda, rechaza la fast fashion y apuesta por la segunda mano, colecciones sostenibles y marcas que transparentan su cadena de producción.

En el plano empresarial, ha impulsado estudios creativos y un podcast para mostrar que los futbolistas son "más que goles y coches caros".

Incluso ha defendido públicamente que los jugadores deberían ser "los primeros en querer pagar más impuestos".

La inversión en el Forest Green Rovers resume bien su posición: usar el privilegio económico que le ha dado el fútbol para cuestionar el propio sistema desde dentro.

No es una renuncia al dinero, sino una redefinición de su función. Para Bellerín, invertir es tomar partido. Y en su caso, elige hacerlo a favor de un fútbol -y una sociedad- más consciente, sostenible y humana.