Chiquetete.

Chiquetete.

Música Adiós al músico

La cobardía de Chiquetete con las mujeres en sus 5 canciones míticas

Las canciones de Chiquetete recuerdan a esa España que tocaba las palmas a espaldas de La Movida, esa España en la que aún se cantaba llorando, esa España de bares de carretera, menú y casettes donde no había llegado a romper el reguetón y en la que se escribían coplillas de amor apretao, de pasiones de esas que si no te matan, no valen. Antonio Cortés Pantoja tenía en la garganta la raza maltratada, el dolor milenario, el quejío perfecto para interpretar esas canciones trufadas del legendario “tirititrán, trán trán”. En sus temas hay un fervor identitario, una reivindicación como gitano y andaluz, un mensaje a la bahía, al sol y a la tierra.

“Yo soy cantante flamenco”, decía el niño de Algeciras que se mudó a Sevilla para hacer carrera. El que viene de una casta artística -fue de su tío, el padre de Isabel Pantoja, de quien heredó el nombre-, el que se crió musicalmente en el grupo Los Gitanillos del Tardón, con Manuel Molina Jiménez y Manolo El Rubio. Este último acabó siendo uno de los guitarristas de acompañamiento más importantes de su época. Manuel Molina se casó con Lole y el resto es historia: la mítica pareja acercó el flamenco al público no flamenco y se convirtieron en uno de los dúos populares más relevantes del país, unos pioneros arrebatadores que dejaron una estela que dura hasta hoy.

Chiquetete, por su parte, se alió con el guitarrista jerezano Paco Cepero y se pusieron a construir cancioncitas flamencas diseñadas para llegar hasta al último de los españoles, incluso a los no aficionados a su género. Dio luz a sevillanas, a soleares y hasta a tangos: todo lo tocó y lo supo hacer triunfar, reventando las listas de discos vendidos. Habló de secretos, romances, celos, sueños y oscuras traiciones. Aquí cinco canciones míticas del artista. 

1. Esta cobardía

“Y no se da cuenta que cuando la miro, por no delatarme, me guardo un suspiro, que mi amor callado se enciende con verla, que diera la vida para poseerla”. Esta es una de las canciones más hermosas y populares del intérprete. “Esta cobardía de mi amor por ella hace que la vea igual que una estrella, tan lejos, tan lejos en la inmensidad, que no espero nunca poderla alcanzar”.

Chiquetete canta a un amor platónico, a un romance imposible y proyectado en su propia cabeza. “No se da ni cuenta que le he concedido los cálidos besos que no me ha pedido, que en mis noches tristes, desiertas de sueño, en loco deseo me siento su dueño. No se da ni cuenta que ya la he gozado, porque ha sido mía sin haberla amado. Que es su alma fría la que me atormenta, que ve que me muero y no se da cuenta”. Ni siquiera fue capaz de contarle a su amor lo que sentía frente a frente. 

2. A la puerta de Toledo

Es la sevillana que describe la historia de una traición, una infidelidad. “A la puerta de Toledo, mare, le tengo celos. Le tengo celos, porque se cita con otro la mujer que yo más quiero”, canta Chiquetete, con la voz rota. Lo cierto es que al escucharle es fácil entrar en el relato y sentir su angustia. Es fácil imaginarle caminando por la calle mientras cae un chaparrón y encontrarse a su amor besándose con otra persona. “Me decía que iba a misa, mare, y me engañaba. Si no llevaba rosario ni libro, ¿cómo rezaba?”. El estribillo es todo un clásico: “En el mismo sitio, a la misma hora, a la misma hora… se estaba citando con otra persona”.

3. Tú y yo

Pura canción de enamoramiento. “Tú eres para mí mi cálida brisa al atardecer, yo soy para ti rayo de luna sobre tu piel, tú eres para mí brote de almendro al florecer, yo soy para ti agua de lluvia al amanecer. Tú y yo, tú y yo, volando en una nube con la imaginación”.

4. Ser amantes

Aquí es Chiquetete quien ejecuta la traición. “Pon el despertador en la mesilla, que tengo que volver a la otra casa. Antes de que salga el sol me iré deprisa, tendré que amanecer en mi otra cama (…) Ser amantes, querer y no poder vivir al sol. Ser amantes, una flor de papel en el amor”.

5. Volveré

“La conocí en la taberna, la vi, pedí una copa de vino y me dijo ‘ven a mi mesa’, yo le dije ‘vente conmigo’. Subimos a un viejo cuarto los dos, hasta el alba nos quisimos, me acompañó hasta mi barco, le di como recuerdo mi anillo”. Es la historia de un marinero que se enamora en tierra y deja a la mujer esperando su regreso bajo la breve promesa: “Volveré”.