Antonio Elorza asegura que el 68 nos ha hecho más contestatarios.

Antonio Elorza asegura que el 68 nos ha hecho más contestatarios. Jorge Barreno

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Antonio Elorza: “La independencia catalana no es una utopía, es una solución conservadora”

El historiador publica 'Utopías del 68', en el que cuenta las rebeliones estudiantiles y los proyectos de cambio surgidos aquel año, que quisieron construir un mundo nuevo.

Cuando todo estalló Antonio Elorza colaboraba con Ruedo ibérico, con la redacción en París. No se considera activista porque “tenía demasiado miedo”. El Partido Comunista no le convencía y la URSS “menos que menos”. Los jóvenes intelectuales, donde militaba Carmen Iglesias, dirigente del Frente de Liberación Popular (FELIPE) y actual directora de la Real Academia de la Historia, no le convencía nada de nada. Luego, ese entusiasmo por cambiar el mundo se les pasó a todos. “La desilusión es muy fuerte, más fuerte de lo que parece”, dice Elorza, que acaba de publicar Utopías del 68 (Pasado & Presente).

Al ver que la utopía no funciona, que es frenada, hay gente que se repliega y la burguesía crece. Pero queda el poso de la utopía. “Son palabras que te dicen que el mundo puede cambiar, que tienes que vivir para intentarlo y actuar como si fuera posible y estuviera permitido. A mí el entusiasmo de la utopía no me ha desaparecido”, dice antes de despedir esta conversación sobre las posibilidades de darle la vuelta al orden establecido que da muestras de agotamiento.

El final del socialismo

Cuenta Elorza que con el 68 se había alcanzado el punto de llegada de las grandes movilizaciones obreras y de las insurrecciones urbanas, pero que a partir de 1973 lo que se produjo fue el desplome del socialismo soviético, la crisis de la socialdemocracia y del Estado de bienestar. Fue entonces cuando se sustituyó el espíritu utópico por una moral capitalista, sin combates, sin fisuras, sin cuestionamientos.

Y a pesar de ello, el 15M. Sí, cree que el movimiento en las plazas españolas tiene puntos en común con el francés. “Ambos son reacciones a una protesta”. Dice que en el 68 surge una clase harta de la generación anterior, consolidada, anquilosada, enquistada en el poder. Protestaron contra el poder inmóvil de las fuerzas conservadoras. En esto no hay duda de la coincidencia con el 15M. Pero aquel se produjo en medio de la bonanza y éste, en medio de la crisis.

en el 68 surge una clase harta de la generación anterior, consolidada, anquilosada, enquistada en el poder. En esto no hay duda de la coincidencia con el 15M

Y cita a Baltasar Gracián para recordar que las utopías surgen en momentos de crecimiento, “cuando las cosas van mal no hay espacio para la utopía, sólo para la acomodación”. Es un salto mortal para construir una nueva sociedad y asume el fracaso político, pero no el social. Aquella utopía dejó un poso esencial para las primaveras que tenían que venir en adelante.

Libres y soberano

“El fracaso de la utopía no fue tan radical. Mayo del 68 enterró a la Universidad liberal decimonónica, devolvió al conocimiento crítico un papel insustituible en la enseñanza y deslegitimó los usos y la moral represivos que habían dominado la vida cotidiana”, cuenta Elorza, a quien le gusta definirse no marxista, sino marxoide. A fin de cuentas, le utopía del 68 hizo soberanos a los ciudadanos. Aspiraban a tomar el poder sobre su propia vida.

En Cataluña hay un sistema de captación y subordinación que no tiende a la pluralidad, sino a sofocarla

Para hacer la utopía sólo es posible desde el marco de la democracia, avisa. Desbordar la democracia y la constitución acaba con la legitimidad de quien la persiga. ¿Entonces, es el proyecto independentista catalán una utopía? “No. La independencia de Cataluña no es una utopía, es una solución conservadora. Porque hay un sistema de captación y subordinación que no tiende a la pluralidad, sino a sofocarla. Y no es normal que se haga, porque en Cataluña el 70% de los apellidos son de todas partes de España, pero sólo mandan los apellidos catalanes. En Euskadi no ocurre esto, porque el euskera es un freno, no es una lengua competitiva. Pero la culturación catalana es más sencilla y si no sigues la lengua, no eres catalán”.

Para Elorza, la transformación catalana debe pasar por la regulación del derecho a la autodeterminación. Cree que la aspiración independentista es legítima y debe obligar a reformar la constitución, pero en estos momentos “en Cataluña no hay base para que los independentistas luchen contra la Constitución”. Ese es el motivo, cuenta, por el que como minoría han actuado como mayoría y se han saltado el marco democrático, por eso no están legitimados, a pesar de Rajoy.

Contra el asambleísmo

Para Elorza, una nación está definida por su identidad, por eso defiende “la existencia de una nación catalana y de una nación vasca, pero no son naciones exentas: están imbricadas en otra construcción nacional, que es la española”.

Fue traductor en aquellos días de la edición francesa del Manifiesto comunista, que “se vendía como roscas en el CEU, a 10 pesetas”. “El mayor coste del 68 fue la consagración del asambleísmo, que es un mecanismo de control por minorías. No es una forma de democracia, sino de manipulación”, dice. A favor de las utopías: que se cuestionó la ordenación social, que supuso una revolución de la vida cotidiana, que se creó un nuevo tipo de relaciones más igualitarias y espontáneas, más abiertas al placer y a la sexualidad, que todo eso caló y sobrevivió en las conductas. Y que Nixon, De Gaulle y Fraga se tuvieron que empeñar a fondo para acabar con ello. Por cierto, en España no hubo dosis de utopía, “había antifranquismo”.