Houdini hace una demostración pública de los trucos empleados por los médiums.

Houdini hace una demostración pública de los trucos empleados por los médiums. The Library of Congress

Historia una historia con truco

Argamasilla, el aristócrata español que no pudo engañar a Houdini

Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elio, hijo del décimo marqués de Santa Cara, aclamado en nuestro país por su supuesta capacidad para ver a través de los objetos, fue descubierto por el famoso escapista. 

El ilusionista Harry Houdini creó un nuevo género de magia: el escapismo. El tiempo le ha convertido en uno de los símbolos de una época en la que la maravilla era algo cotidiano. Cuando los periódicos se llenaban de descubrimientos de rayos invisibles y fuerzas misteriosas, parece inevitable que por los resquicios que dejaba la razón se colara lo irracional y la superchería.

Houdini -a quien el Espacio Fundación Telefónica dedica a partir del viernes una exposición- quería creer en la vida después de la muerte, tras el fallecimiento de su madre Cecilia en 1913. Se revolvió contra todos aquellos que pretendieron hacerle llegar falsos mensajes suyos, utilizando burdos trucos que él, desde su experiencia como mago, identificaba fácilmente. Pero no se limitó a los espiritistas: su radar antifraude se extendió a los que alardeaban de poseer cualquier clase de poderes paranormales.

Los Argamasilla llegaron a Nueva York en 1924, donde con hábil sentido del marketing, el aspirante fue bautizado como el hombre con rayos X en los ojos

Quizá el caso más original al que se enfrentó fue el de Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elio, hijo del décimo marqués de Santa Cara y miembro destacado de la aristocracia española. Nacido en 1905, su padre, de declarada ideología carlista, era a la vez un apasionado de la metapsíquica, uno de los nombres que en aquellos años recibía lo paranormal. Al parecer, había descubierto que su hijo poseía la capacidad de leer textos en papeles encerrados en el interior de una caja y la hora de un reloj de bolsillo a través de la tapa cerrada. Y todo, con los ojos completamente vendados.

Los brazos de lo paranormal

A diferencia de muchos embaucadores de feria de origen humilde, los Argamasilla hicieron demostraciones de las facultades del joven a todos los ilustres que pasaban por su casa. Entre ellos, el escritor Ramón María del Valle Inclán, gran amigo del marqués y con el que compartía devoción al credo carlista, algo lógico en quienes rechazaban los nuevos aires de racionalidad y lógica que la Iglesia identificaba como una de las mayores amenazas para el tradicional y sacrosanto orden de las cosas.

Houdini y Argamasilla, durante el viaje de éste a Estados Unidos en 1924.

Houdini y Argamasilla, durante el viaje de éste a Estados Unidos en 1924.

No sólo Valle: la misma reina María Cristina ordenó que se formara un comité presidido por Santiago Ramón y Cajal para dictaminar si aquellos poderes eran reales. Al parecer, Cajal no quedó nada convencido, al igual que Juan Negrín. Pero otros científicos ilustres, como Blas Cabrera, llegaron a conclusiones ambiguas que fueron convenientemente aprovechadas por los Argamasilla. Claro que el espaldarazo definitivo se lo otorgó Charles Richet, Nobel de Medicina en 1913 y que, como tantos otros científicos, se había arrojado a los brazos de lo paranormal.

Para Houdini fue muy fácil darse cuenta de cuáles eran los trucos empleados por el español

El siguiente y lógico paso era dirigirse a Estados Unidos, el país donde todo lo nuevo era apreciado y tenía una oportunidad, donde cualquier maravilla susceptible de subirse a un escenario podía hacer carrera, y donde un avispado representante había visto en el alto y elegante vidente español una oportunidad de hacer mucho dinero. Así, en mayo de 1924, los Argamasilla llegaron a Nueva York, donde con hábil sentido del marketing, el aspirante fue bautizado como "el hombre con rayos X en los ojos".

Houdini, implacable

Como relata el historiador de la magia Ramón Mayrata en Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos (La Felguera Editores), entre el público que acudió a observar los pregonados prodigios de Argamasilla se encontraba el afamado Houdini, para quien fue muy fácil darse cuenta de cuáles eran los trucos empleados por el español: utilizaba una caja especialmente diseñada que permitía, con cierta perspectiva, ver una parte concreta de cualquier papel que se introdujera. Y en cuanto a los relojes, sabía hacer una imperceptible presión que levantaba la tapa lo justo para que un ojo entrenado pudiera leer la posición de las manecillas. En cuanto a los ojos vendados, un mago tan experimentado como Houdini conocía innumerables formas de ver a través de cualquier vendaje.

La prensa internacional se hizo inmediato eco de la nueva víctima del implacable Houdini

Houdini publicó los resultados como apéndice a un folleto dedicado especialmente a desmontar a la famosa médium Mina Crandon, Margery, y que incluía también "una completa exposición de Argamasilla, el famoso español que desconcertó a célebres científicos de Europa y América por su afirmación de poseer visión de rayos X". La prensa internacional se hizo inmediato eco de la nueva víctima del implacable Houdini, mientras que el corresponsal de ABC no dudó en escribir que "todos los grandes periódicos han proclamado el triunfo de Argamasilla, y se burlan donosamente del atrevido Houdini".

Sin embargo, El Sol transcribió el contundente texto original de Houdini, lo que llevó a la reacción de, entre otros, Valle: no había lugar a dudar de un caballero. Sin embargo, éste se retiró discretamente de la videncia. Entre 1952 y 1955, ya marqués, fue nombrado director general de Cinematografía y Teatro y responsable de la censura. Se desconoce si sus supuestos poderes le fueron útiles en ese cometido.