La actriz María Luisa Merlo.

La actriz María Luisa Merlo. Esteban Palazuelos.

Cultura Entrevista a la actriz

María Luisa Merlo: “Ser de izquierdas es ser inteligente: hay más cultos ahí que en la derecha"

“Me separé de Larrañaga porque era incorregible: no pude hacerle feminista, no me dejaba hacer nada” / “He recibido muchas venganzas tras el ‘no a la guerra’: me han quitado muchas actuaciones”. 

22 mayo, 2021 01:39

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Cumple ochenta años la genia de María Luisa Merlo y lo hace sobre las tablas: nada hay más parecido a un hogar para esta hembra poderosísima, tercera generación de actores, niña de chupete bebiendo de los teatros y matriarca inmensa guiando a sus polluelos también hacia ellos. Aunque sus nietos no van por la misma senda artística: parece que la saga va a terminar aquí, porque “ellos se han dado cuenta de los enormes sacrificios que hemos hecho los suyos para trabajar de esto”. “Ha sido lo más fuerte de mi vida. Me iba a las giras llorando, llorando a mares. Dejaba a mis hijos en casa, me separaba de ellos, y me iba en el coche llorando”.

La Merlo es pionera y chulísima, animal culto cuando a las mujeres se las prefería analfabetas, ciudadana impregnada de política -ya padeció las fatiguitas de la censura tras su inmersión en el ‘no a la guerra’ en el Congreso, como cuenta en esta entrevista-, madraza, antigua esposa, amante de las historias, vividora en el sentido profundo y mágico de la palabra y cascabel hecho señora.

Entrevista con María Luisa Merlo

Poco que decir de ella, si la conocemos mucho y bien: si son tantos años acompañándonos en las ficciones que casi la miramos con simpatía y ternura familiar. Imposible no quedarse prendado de la Merlo, con su expresión tan feroz y teatral, tan pizpireta, tan diáfana, con su risa enorme y cantarina. Ahora presenta, irredenta, Mentiras inteligentes en el Teatro Amaya. Que la inspiración siempre nos pille trabajando y la muerte, ojalá lejana y sorda, siempre actuando. 

¿Cuál es la mentira más inteligente que le has contado a un hombre, María Luisa?

¡Uy! Yo nunca.

No te creo.

De verdad, yo no digo mentiras jamás, es tremendo, porque le tengo pavor a decir mentiras porque se enreda todo, ¿entiendes? Aquí en la función sí se habla de mentiras inteligentes, pero yo no las practico. He podido ocultar la verdad, pero verbalizar una mentira, no.

¿Y a ti, cuál es la mentira más inteligente que te han contado en tu vida?

(Se parte de risa). ¡Muchas, muchas! Los hombres de mi vida me han contado cantidad de mentiras tremendas, pero bueno, lo he llevado muy bien porque cuando me separo de ellos me hago muy amiga. Mientras les tengo que aguantar, no.

Ay, querida. Se nos quitan las ganas de todo.

Totalmente.

¿Y cuál ha sido la mentira más grande que les has pillado?

Tampoco me he molestado mucho. Cuando me decían que me querían, era verdad que me querían, y por lo demás me han dicho mentiras pero me han importado un rábano.

Cuéntame cómo se hace para hacerse una amiga de ellos después del amor.

Yo lo he heredado de mis padres. Mis padres se separaron teniendo yo nueve años y eran los mejores amigos del mundo. Mi madre, después de veintitantos años separada, se murió de la mano de mi padre.

Qué hermoso.

Es maravilloso y eso yo lo he aprendido. En el teatro se llevaba mucho, éramos gente muy liberal. Yo me he criado en el teatro afortunadamente.

Pero entre gente tan pasional también sería normal que hubiese un poco de celos, de revancha, de montar algún numerito…

Sí, pero yo no era así. Los hombres de mi vida sí eran más apasionados. Yo he sido más tranquila sentimentalmente, pero aprendí a serlo, porque al principio, como todos los románticos, sí que era un poco peligrosa en cuanto que me enamoraba cada día (ríe). Me hacían mirar la luna y ya me había enamorado.

¿Cuándo dirías tú que empezaste a ser mujer?

No se nace siendo mujer, se tarda, se tarda… hará veintitantos años que me he sentido realizada como mujer, cuando he empezado a conectar verdaderamente conmigo misma. No con todo el mundo, primero hay que conectar con uno y luego ya conectas con los demás. No fue un momento exacto, fue poco a poco, porque no es nada fácil estar bien con una misma. Enseguida empiezan los complejos de culpa y una serie de cosas que no sirven para nada.

Hay que aprender a vivir el presente, pero ¡cuesta…! Madre mía. Yo vivo mucho el futuro. Del pasado me vienen imágenes y cosas pero no me recreo en él para nada, sin embargo, inmediatamente digo “ay, mañana tengo que hacer esto…”. Un futuro que no es ni siquiera para hacer cosas importantes. Me pongo a pensar en las cosas cotidianas. Ya he decidido apuntarlo todo para poder desconectar.

María Luisa Merlo.

María Luisa Merlo. Esteban Palazuelos.

Naciste en el 41. ¿Cómo se hace para ser una mujer libre con Franco vivo?

No lo sé, pero yo lo era. Habiendo nacido en el teatro, claro. Éramos marginales y gracias a dios. Yo no he visto ni comentar siquiera cuando alguien se separaba ni se unía a otra persona, ni nada, ¡ni de pequeña!, y mira que eran años muy difíciles para eso, porque no había divorcios y no había de nada. Entonces, bueno, realmente la gente del teatro era muy libre. Muy liberal. Más que ahora.

¿Ahora son más mojigatos?

Los hay, no todos, pero los hay.

¿Están más acobardados, no?

Sí, madre, es que es terrible esto de la cultura. Está muy poco ayudada. Habría que hacer un llamamiento, darle un empujoncito a la cultura porque realmente casi no se habla de ello además. Yo me he sorprendido de tener tantas entrevistas, porque yo pensaba que no nos hacían ni caso. En la televisión y en la radio no se oye hablar del teatro mucho, ¿no, cariño? Y la televisión es lo que ve todo el público.

Pero la ventaja es el público. Ha cambiado una barbaridad y es maravilloso. Antes aguantábamos un público que nos amargaba la vida, que tosía y todo esto… ¡ofú! Cuando empezaron los teléfonos sí que se notó algo, que los encendían, que se les olvidaba apagarlos, pero ahora ni eso. Es una maravilla el público en este país.

He leído que gracias a tu padre tuviste una educación completísima, con varios idiomas y muy vasta cultura, algo raro para aquel momento. Un mujerón formadísimo.

Sí, era increíble, pero a mí me parecía todo muy natural, no le daba importancia. Hasta que empecé a tener relaciones con los hombres y me di cuenta de que me tenían envidia, me decían “¡no hables de esto, no digas lo otro…!”.

Eras más lista que ellos y les jodía.

¡Exactamente! Cuánto pasa eso, ¿verdad, cariño? (ríe). Se acomplejan. Yo no sé los de ahora. Te estoy hablando de señores muy mayores que han sido los hombres de mi vida y yo veía que estaban molestos con que yo supiera tanto.

Dame nombres.

Hombre, el padre de mis hijos, Carlos Larrañaga, es el gran hombre de mi vida. Y luego, bueno… mi segundo marido inglés, Michael Fenton, es el único que es feminista total. ¡Totalmente feminista! Se lo he notado siempre. Si no, no me hubiera casado con él.

Y Carlos no, ¿no?

No. Más bien no (ríe). Yo le quería mucho y le mimaba mucho y tal, pero no. Feminista no era.

¿Y le pudiste educar en ese sentido?

No.

¿Incorregible?

Incorregible, por eso me separé. ¿Entiendes? Fui yo la que dije “adiós, cariño, adiós, mi vida”, pero después de 15 años en los que todo lo que yo pensaba no lo podía hacer. Yo quería poder utilizar mi cultura, poder utilizar una serie de cosas, pero no me dejaba; y da igual, porque después me llevé mucho mejor con él de separada.

Será verdad eso que dicen de que hay grandes exmaridos y muy malos maridos, ¿no?

Eso es. Lo pasamos muy bien una vez que nos separamos, porque él ya no tenía esos celos ni tenía nada. Al no tener que estar las 24 horas conmigo, se mostraba muy liberal. Porque su segunda mujer no le permitía no ser liberal, Ana Diosdado, que en paz descanse, no le permitía… le educó muy bien.

¿No crees que hay siempre un ego de hombre herido después de ser dejado? “¡A mí, me están dejando a mí!”.

(Ríe). Pues en este caso no. Estábamos hartos el uno del otro y fui yo la que tomó la decisión pero él estaba igual de harto.

¿Qué sabes ahora de los hombres que no sabías con 18 años?

Pues no te puedo avisar de nada, cariño, porque a los hombres de esta generación ya no les conozco pero creo que son estupendos, creo que son mucho mejor que la generación anterior. Aunque seguimos viendo asesinatos y maltratos y cosas horribles… menos. Se cuenta. Antes no se contaba.

María Luisa Merlo.

María Luisa Merlo. Esteban Palazuelos.

¿Y qué sabes ahora del sexo que no sabías con 18 años?

Del sexo ya no me acuerdo de ná. ¡No me acuerdo, que tengo 80 años…!

¡Si estás como quieres!

¡De nada, absolutamente de nada! Pero es una liberación maravillosa.

Eso dice mucha gente. Que una vez que te olvidas un poco de la libido, uno canaliza mejor la energía. Sin tener todo el día ese deseo…

Lo que pasa es que ahora me enamoro mucho de los artistas, como cuando era pequeña. Cuando era pequeña me enamoré de Gary Cooper, y ahora estoy enamorada de Jonas Kauffman, el cantante de ópera. Maravilloso. El tenor más importante que hay en este momento. Es alemán y es guapísimo, ¡e interpreta las canciones que te mueres…! Ahora me enamoro de estas cosas que no conozco.

Hombres a los que admirar.

Exacto. Yo admiré mucho y trabajé mucho y tuve una relación de joven con Adolfo Marsillach, creo que ha sido la persona que me llenó más en mi vida.

¿Algún mito caído?

No, no me ha pasado, yo cuando hago un mito lo hago muy inteligentemente. Adolfo fue un mito para mí y no me decepcionó nunca. Yo admiro a todo el mundo, al que pasa por la calle y trabaja y está vivo. He aprendido a admirar a la gente, digamos, normal.

Sin tantas ínfulas.

Sin tantas fantasías, sí. Todo el mundo es admirable.

¿La cultura es de izquierdas?

Bueno, la hay de izquierdas y… (piensa). Posiblemente sí, sí, para qué te voy a engañar. En la derecha también hay cultura, un poco, bueno, en todas partes hay de todo. Hay gente no honesta en todos los partidos y gente honesta.

Siempre se ha ‘acusado’ a los trabajadores de la cultura española de ser rojos.

Bueno, pero está bien que así sea. Sí, sí, es verdad. La cantidad de personas cultas es mayor en la izquierda: ser de izquierdas es ser muy inteligente. Varía mucho todo lo que puedes hacer y todo lo que puedes pensar.

¿Cuáles han sido las mayores fiestas que has vivido?

Pues creo que las comuniones de mis hijos, los bautizos…

¡Anda!

Sí, sí. Soy madre por encima de todo. María Luisa Merlo: madre, madraza total y muy contenta de eso porque me han salido estupendos, lo habré hecho bastante bien. Tenía miedo de hacerlo mal, ¡imagínate cuatro hijos…! Y ahora en este momento es increíble cómo están todos de maravillosos y cómo son como hijos.

¿Qué les has inculcado?

Esa honestidad que yo tengo. Ellos son tremendamente honestos. No se atreven a cometer una deshonestidad. No se atreven porque estarían mal consigo mismos y en eso se parecen mucho a mí. Valores familiares, valores sociales, valores de trabajo…

¿Qué piensas cuando Ayuso dice “comunismo o libertad”?

Yo no quiero hablar de política. No pienso hablar de política.

¡Pero no te enfades conmigo!

No me enfado contigo, cariño, pero es que me he pringado mucho y he recibido muchas venganzas.

¿Por qué este mundo es así?

¡Tremendo! Siendo una democracia, se tendría que poder hablar de todo, pero no, no se puede. Yo entré en el Congreso con el ‘no a la guerra’ y me quitaron muchas actuaciones. Los teatros los llevan políticos salvo raras excepciones como éste, que va de maravilla, y lo llevan particulares. Gente que sabe lo que hace.

Es terrible que sucedan esas censuras.

No sólo a mí, nos ha pasado a todos los que entramos en el Congreso.

¿Entonces qué, nos callamos?

No es que me piense callar, es que no tengo ganas de hablar porque estoy desilusionada. Como toda la gente que hemos luchado por la democracia. Ahora no entiendo muy bien lo que está pasando. Dada la pandemia, los políticos italianos creo que un 30% han dejado de cobrar y aquí cada vez hay más cobros. Todo el día cobrando. Y cada vez mantenemos más políticos.

O sea que no crees ya en la política.

No creo en la política española. En la política bien llevada sí creo. En la política inglesa que castiga muy duramente a los deshonestos. En Inglaterra salen a reducir enseguida las marranadas. No es que sus políticos sean mejores que los nuestros, ¡es que les meten cada multa, es que es como en el tráfico…!

Parece que en España siempre se ha premiado un poco el pillaje. Esta España del Lazarillo de Tormes.

Maravilloso el Lazarillo, claro, pero para según qué cosas. Es nuestro carácter. Bueno, el mío no. El carácter de unos muchos. En cuanto pueden agarrarse una pesetita, un eurito… ¡se lo guardan!

¿Has tenido algún amigo político en todos estos años?

No, porque me hubieran obligado a pringarme y no quería.

¿Te da miedo la muerte?

Pienso en ella, pero no la temo. A veces pienso en ella cuando veo que todos mis amigos van desfilando. Es tremendo. Veo que el padre de mis hijos ha desfilado, que tantos amigos como Galiardo, como tanta gente maravillosa han desfilado… pues pienso en la muerte y digo “joder, voy a vivir feliz los años que me quedan, voy a vivir el momento”.

María Luisa Merlo.

María Luisa Merlo. Esteban Palazuelos.