Dos maniquíes masculinos que se utilizan para las pruebas de coches.

Dos maniquíes masculinos que se utilizan para las pruebas de coches.

Cultura

El libro que argumenta (con hechos) que el mundo diseñado por hombres mata a las mujeres

'La mujer invisible' denuncia el peligro de coger sólo al hombre como medida: un 47% más de riesgo de morir en el coche, largas colas en el baño o medicamentos que no funcionan. 

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Muchos se preguntan por qué hay una cola tremenda en el baño de chicas. O por qué las marquesinas se consideran elementos arquitectónicos amenazantes para las mujeres. O por qué los sacaleches no se ajustan perfectamente al pecho. La respuesta la ha dado con datos Caroline Criado Pérez en su libro La mujer invisible: "El masculino genérico, usar términos masculinos de forma neutra desde la perspectiva de género, no se lee de forma genérica". Es decir, no incluye a las mujeres, advierte desde el inicio.

En la obra premiada por el Financial Times como el mejor libro de negocios del año advierte de lo que llama "brecha de datos de género": falta de estadísticas femeninas que ha provocado que los avances tecnológicos y las grandes decisiones políticas o urbanísticas se tomen excluyendo a la mitad de la población y provoquen su sufrimiento tanto en cuestiones cotidianas como en los grandes avances de la ciencia.

Cola en el baño de chicas

Criado Pérez toma una imagen anecdótica para demostrar cómo las ciudades se han desarrollado de espaldas a las mujeres. Las largas colas que siempre hay en el baño de señoras en cines, teatros o bares llaman la atención de cualquiera que pasa por ahí pero nadie las soluciona. Al margen de que una chica tarda "hasta 2,3 veces más tiempo que los hombres en usar uno [el aseo]", el libro advierte de que son las mujeres las que suelen entrar con niños a los baños o con personas mayores o discapacitadas puesto que son las que asumen, de forma mayoritaria, las tareas de cuidado. Pueden necesitar cambiarse de compresa o tampón e incluso acuden mucho más cuando están embarazadas.

La pregunta es, entonces, por qué no se dedica más espacio al baño de chicas que al de chicos. Porque "no se les pregunta a las mujeres", concluye.

Un tema que resulta extremo en países como la India donde la falta de baños públicos y de instalaciones en las viviendas para mujeres ha provocado un incremento de las agresiones sexuales cuando las chicas que no tienen acceso a un baño salen al anochecer a lugares oscuros para hacer sus necesidades.

Con datos, la autora recuerda la necesidad de ubicar las paradas de bus en zonas iluminadas o frecuentadas, que las marquesinas sean transparentes o que el transporte sea vigilado (el 90% de las francesas aseguró haberse sentido acosada sexualmente metros y buses en el año 2016).

Móviles del tamaño de un hombre

Criado Pérez denuncia que el diseño industrial está basado en una medida estándar masculina. Por ejemplo, los móviles. Los últimos estudios desglosados por sexos advierten de diferencias "en el impacto del tamaño del móvil en la salud de las extremidades superiores de las mujeres"

Con la producción cada vez más grandes de estos teléfonos ha quedado claro que las mujeres no pueden usarlo con una sola mano e incluso afecta al enfoque de las cámaras en algunos modelos si lo utiliza una chica.

Y no es lo único que no tiene en cuenta las medidas femeninas: baldas altas en los trabajos, puertas demasiado pesadas, uniformes que no están hechos para el cuerpo de una mujer, chalecos antibalas enormes que no protegen... todo está construido "a la medida de la mano del varón medio, como si la talla única de hombre fuera una talla única para todos".

Pixabay

Pero lo más llamativo para Criado Pérez es cómo en EEUU se mantuvo durante décadas la recomendación en los hospitales de utilizar un tipo de sacaleches que no se ajustaba al pecho de las mujeres y que las obligaba a sujetarlo durante todo el proceso. Evitando que estuvieran haciendo otra tarea.

Un 47% más de riesgo en el coche

No sólo algunos aparatos tecnológicos están fabricados a la medida del hombre sino que en ocasiones se juega con la seguridad de las mujeres en actos tan cotidianos como la conducción.

Los datos de las aseguradoras demuestran que los hombres son más propensos a tener accidentes, sin embargo, las mujeres "tiene un 47% más de posibilidades de sufrir lesiones graves, un 71% más de sufrir lesiones moderadas" y "un 17% más de riesgo de morir".

¿Por qué? "Todo tiene que ver con cómo y para quién se diseña el coche", insiste Criado Pérez. La postura más echada hacia delante, la obligación de acercarse al volante para llegar a los pedales o que hasta hace solo nueve años (2011) no se utilizaran maniquíes femeninos en las pruebas de seguridad de los coches para ver su efecto están matando a mujeres en la carretera y nadie varía los diseños.

El ataque al corazón 'femenino'

Uno de los apartados más preocupantes de esta "brecha de datos de género" es la ciencia y la medicina. Criado Pérez asegura que las investigaciones científicas se han planteado con "lo masculino como norma" y está claro que "las mujeres no son simplemente hombres de tamaño más reducido: los cuerpos masculinos y los femeninos se diferencias a nivel celular".

Y pone ejemplos concretos como medicamentos para la presión arterial menos eficaces en las pacientes; el tratamiento de la diabetes o el uso del Valium, muy prescrito a la población femenina y que nunca se probó durante sus ensayos clínicos en mujeres.

Pero el elemento más llamativo es el diagnóstico que se hace en caso de estar sufriendo un ataque al corazón: "Como los ataques cardíacos de las mujeres se presentan de manera diferente y pueden ser mecánicamente diferentes, la tecnología que hemos desarrollado puede ser poco adecuada para los corazones femeninos". Una muestra: los ataques pueden diagnosticarse con un angiograma pero las mujeres no suelen presentar las arterias obstruidas por lo que se les puede dar el alta con un simple dolor torácico. Igual ocurre con la hiperactividad, el síndrome de Asperger, el tratamiento para el dolor...

Parking para embarazadas en Google

El libro no sólo habla de los daños económicos de la falta de conciliación (las mujeres de Reino Unido asumen 5 horas más de carga que los hombres) o el estrés de jornadas laborales adaptadas a hombres o de la pérdida de talento femenino por el hecho de no incluir, por ejemplo, teletrabajo o guarderías, también insiste en la necesidad de que las mujeres lleguen a puestos de dirección para cambiar este diseño.

El ejemplo simple pero significativo es el de la directora de Operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, que trabajaba en Google cuando quedó embarazada. En un estado avanzado de gestación, le costaba caminar y se dio cuenta de que no había aparcamientos reservados para embarazadas cerca de la entrada. Lo pidió a la empresa y la medida se tomó de forma inmediata. Criado Pérez advierte de que antes que ella decenas de mujeres estuvieron embarazadas en Google pero no se cambió nada. Era el año 2014.

Dos conclusiones sobrevuelan esta cascada de datos y hecho para acabar con la brecha de género: "Lo único que los hombres tienen que hacer es preguntar a las mujeres" y "cuando las mujeres se implican en la toma de decisiones, en la investigación o en la producción de conocimiento, no quedan relegadas al olvido".