Los campos de té de Rize.

Los campos de té de Rize. Adriana Calvo

Reportajes gastronómicos

Rize, la tierra olvidada del mar Negro que hoy abastece de té a toda Turquía: "A diferencia de China, no usamos pesticidas"

Las condiciones meteorológicas de esta región la convierten en una zona de cultivo perfecta. Sólo el año pasado recolectaron un millón y medio de toneladas de té.

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Turquía es el mayor consumidor de per cápita del mundo. Así lo demuestra la macroencuesta Statista Consumer Insights, llevada a cabo entre enero de 2024 y marzo de 2025.

Para los turcos, esta bebida —la segunda más consumida a nivel internacional por detrás del agua— es un ritual diario indiscutible, casi como una religión. "Nosotros desayunamos té, comemos con té, si tenemos una pausa en el trabajo, tomamos té; se lo ofrecemos a nuestros invitados...", cuenta el guía turístico Nihat Bayrak a Cocinillas. "Cuando bebes té, dejas todo a un lado, es una forma de conectar con los demás", agrega. De hecho, según asegura, la gente suele beber más de 20 vasos al día.

Pero esto no siempre ha sido así. Hace 100 años, la situación era totalmente distinta: la bebida cotidiana por excelencia era el café turco; y aunque el té existía, era minoritario y de importación. El cambio llegó tras la fundación de la República de Turquía, cuando a partir de 1924 el Estado impulsó el cultivo de té en la región del mar Negro para rescatar la economía y no depender tanto del exterior. "Al principio los lugareños no querían que la zona se dedicase al té, pero ahora están muy agradecidos", explica Bayrak.

El territorio por excelencia que hoy reúne la gran mayoría de la producción de té turco es Rize, una provincia situada en la parte este de la costa del mar Negro, a dos horas en avión de Estambul y a menudo olvidada en los circuitos más turísticos. Una de las principales razones son sus condiciones meteorológicas: su microclima subtropical húmedo, con lluvias constantes incluso en verano y temperaturas moderadas, es perfecto para el crecimiento de la Camellia sinensis (la planta del té).

Rize, la capital del té en Turquía

La diferencia fundamental del té turco con respecto a otros tés como el de China o Indonesia es que no usan pesticidas, pues la nieve les sirve para proteger la planta de las plagas. "Por eso aquí es más orgánico que en otros lugares del mundo", afirma, orgulloso, Nihat. Para mejorar su sabor, él recomienda guardarlo durante un año antes de consumirlo, conservándolo en una zona donde no llegue la humedad.

Las variedades son tres: negro (Siyah Çay), verde (Yeşil Çay) y blanco (Beyaz Çay), siendo el negro el más demandado —acumula más de un 95% de la producción—, el que toman a todas horas en los clásicos vasitos de cristal con forma de tulipán.

Nihat Bayrak, guía turístico turco en los campos de té de Rize.

Nihat Bayrak, guía turístico turco en los campos de té de Rize. Adriana Calvo

Se recolecta tres veces al año: la primera en mayo, la segunda a los 45 días, y 45 días más tarde, la tercera cosecha. "La de mayo es la mejor porque las semillas están más descansadas y las hojas tienen un sabor más fuerte", explica el guía. La producción total anual varía, dependiendo del clima, pero el año pasado lograron alcanzar 1,5 millones de toneladas.

Los encargados de cultivar y recolectar el té de Rize son los vecinos que habitan la zona y sus familias, aunque también acuden africanos y georgianos. Según cuenta Nihat Bayrak, el sueldo neto mensual es de unas 28.075 liras turcas (unos 760-780 €), es decir, el salario mínimo en Turquía.

Una planta de té en Rize.

Una planta de té en Rize. Adriana Calvo

Alrededor de Rize hay más de 300 fábricas para procesar el té que se produce en la provincia, gran parte del cual se exporta a otros países. De hecho, la famosa marca Lipton compra aquí el té que luego vende por toda Europa.

Si visitas Rize como turista puedes recorrer a pie sus campos de té, e incluso ataviarte con la vestimenta tradicional que utilizan las mujeres para el cultivo: el llamado peştemal, una tela que se ata a la cintura a modo de gran bolsa o delantal; y el çember, un pañuelo que cubre la cabeza para proteger del sol, de la lluvia o del sudor

Las cestas y las herramientas que se usan para recolectar el té.

Las cestas y las herramientas que se usan para recolectar el té. Adriana Calvo

Asimismo, es posible visitar las fábricas donde se procesa el té y conocer detalladamente su elaboración, e incluso disfrutar de una degustación de diversos tipos de té: desde el negro clásico hasta deliciosas variedades de menta y limón.