Los mejillones de la portada del libro.

Los mejillones de la portada del libro. Foto cedida

Reportajes gastronómicos

Llegar tarde a comer puede destrozar tu familia: así es 'Mejillones para cenar', el libro alemán que todos recomiendan

La novela, publicada por primera vez en 1990 y relanzada recientemente por Ediciones Invisibles, vuelve a estar en las primeras filas de las librerías.

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"Aquel día había mejillones para cenar, pero eso no era ni una señal ni una coincidencia. Cierto que era algo inusual, pero está claro que no era ninguna señal, aunque más tarde alguna vez hemos dicho, aquello fue un mal agüero". Con estas palabras da comienzo Mejillones para cenar de la alemana Birgit Vanderbeke, una novela que ha vuelto a los primeros estantes de las librerías donde estos bivalvos actúan como catalizador de la caída en desgracia de toda una familia.

La madre del libro y sus dos hijos preparan cuatro kilos de mejillones para celebrar el supuesto ascenso laboral del padre; es su plato favorito, y está harto de la carne a la plancha o asada que le ponen en los viajes de trabajo, "casi siempre dura y medio cruda". A ellos esta receta no les entusiasma, pero saben que a él le hará ilusión.

Cocinan los tres juntos, rascando, frotando y lavando bien las cáscaras con agua fría el padre no soporta que la arena le cruja entre los dientes, pero, de repente, algo se quiebra. La cotidianeidad queda truncada y comienza a reinar una atmósfera de inquietud y extrañeza a priori injustificada: "Pelamos las patatas y luego las cortamos en tiras, y cada vez nos sentíamos más nerviosos".

Lo que ocurre es que ellos empiezan a ser conscientes de su yugo, del control al que se encuentran sometidos por parte del patriarca, de todo lo que sacrifican por satisfacerle: "Cuando estábamos solos casi nunca nos peleábamos [...] comíamos a la hora que queríamos, no creo que jamás comiéramos con cuchillo y tenedor [...] pero mi padre no quería ni oír hablar de ello, y mi madre se amoldaba a él".

Sucede que el padre se retrasa, los mejillones se enfrían, dan las siete en el reloj y aún no llega, y esta ausencia alimenta más el absurdo y la rabia: "Todo el esfuerzo de prepararnos para mi padre parecía algo estúpido y sin sentido [...] Si hubiera llegado a las seis no nos habríamos dado cuenta de lo inútil y ridículo que resultaba el amoldarnos a él".

Se hacen las ocho y la farsa es cada vez más insostenible; el ambiente casi irrespirable; los mejillones, incomestibles. "Enseguida descubrimos que para mi hermano y para mí sería mejor que no volviera nunca, porque ya no nos gustaba ser una verdadera familia, como él la llamaba", confiesa, al fin, la narradora.

Portada de 'Mejillones para cenar', editado por Ediciones Invisibles.

Portada de 'Mejillones para cenar', editado por Ediciones Invisibles. Ediciones Invisibles

Mejillones para cenar se publicó por primera vez en 1990 en Alemania y fue reconocido con el premio Ingeborg Bachmann. La autora, al igual que la familia protagonista del libro, huyó de la Alemania Oriental en 1961, poco antes de la construcción del Muro de Berlín, por lo que el autoritarismo del padre se ha interpretado a menudo como una crítica al sistema de la RDA.

La obra llegó a España en 1991 gracias a Emecé Editores (Grupo Planeta en ese momento), y hace unos años, en 2022, tuvo lugar un relanzamiento por parte de la editorial independiente Ediciones Invisibles, donde ya van por la tercera edición (abril 2025), con 6.000 ejemplares vendidos en castellano y 9.500 en catalán.

"No sabía si el público iba a aceptar este libro tan bien como otros, pero por mis principios feministas y por toda la violencia vicaria que expone, creo que es muy importante que esté editado y que podamos encontrarlo en las librerías", cuenta Blanca Pujals, la editora, a Cocinillas.

Casualmente, justo la primera semana que la novela salió en catalán, el presentador y periodista Marc Giró la recomendó en su programa Vostè Primer junto a la escritora Sílvia Soler i Guasch: "Empezó a gritar que era maravilloso y que por favor todo el mundo lo leyera; el boca-oreja fue increíble".

De hecho, la recomendación llegó hasta oídos de Carla Vall, abogada experta en violencia machista que ha llevado casos tan famosos como el de la futbolista Jenni Hermoso y la artista Paula Bonet.

"Me escribió dándome las gracias por haberlo editado, me dijo que se lo había regalado a todos los abogados y jueces que conocía, pues el libro pone sobre el papel unas situaciones que son muy difíciles de explicar y que a veces algunos hombres de otras épocas no son capaces de entender", recuerda Blanca.

Ahora, 35 años después de su publicación, Mejillones para cenar continúa, por desgracia, vigente; de ahí que sigamos encontrándolo entre los recomendados de librerías como La Central. La "estructura claustrofóbica patriarcal" como la define Blanca que retrata la novela continúa presente en muchos hogares, y también fuera de ellos. Los mejillones esconden, todavía, un doble sentido terriblemente tóxico.