La cocinera Coco y unas croquetas

La cocinera Coco y unas croquetas Serhii Shleihel iStock

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Coqui, cocinera: "Las croquetas más elegantes no se hacen con bechamel, sino con 500 g de patata, cebolla y queso rallado"

Ni preparar bechamel ni esperar al día siguiente para rebozarlas y las puedes rellenar de lo que tú quieras.

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Hacer croquetas en casa es siempre buena idea por todo lo que se disfrutan después, pero existe pagar un peaje de sobra conocido: hay que esperar horas para que se enfríe la bechamel y la podamos manejar.

Si esa espera es justo lo que te frena más de una vez, esta receta es para ti.

Se trata de las croquetas japonesas, que allí se llaman korokke y que Coqui, la cocinera de origen asiático al frente del perfil @cocinaconcoqui en Instagram, ha compartido con todos sus seguidores.

La gracia de estas croquetas es que no hay que esperar a que se enfríe la bechamel porque no se hacen con bechamel, sino con una base neutra de patata sobre la que se puede montar prácticamente cualquier relleno.

La bechamel necesita frío para cuajar, pues en caliente es una salsa fluida y solo al enfriarse el almidón de la harina se asienta lo bastante como para poder bolear la masa con las manos.

La patata cocida y chafada, en cambio, ya es sólida por sí misma. En cuanto se enfría unos minutos, los suficientes para que no queme al manipularla, ya se pueden formar las croquetas y continuar con la receta.

Para que el resultado sea perfecto, es aconsejable usar patatas harinosas y escurrirlas bien tras la cocción; incluso se pueden dejar ya escurridas durante un par de minutos en la olla al calor residual para que suelte la humedad. Cuanto más seca esté la masa, mejor será la fritura.

Y para que el aspecto sea más auténtico, a la hora de bolearlas debemos tener en cuenta que las korokke son algo más grandes y suelen tener una forma más plana que la croqueta española, más cerca de una hamburguesa pequeña que de un cilindro.

Ingredientes para hacer croquetas sin bechamel

Para la base de patata

  • Patata, 500 g
  • Sal, al gusto
  • Pimienta negra molida, al gusto

Para el relleno de ternera y queso

  • Cebolla, 1 ud
  • Ternera picada, 100 g
  • Queso rallado, 50 g
  • Aceite de oliva, 2 cucharadas
  • Pimienta negra molida, al gusto

Para el relleno de bacon y brie

  • Bacon en tiras, 100 g
  • Queso brie, 100 g
  • Albahaca fresca, un puñado de hojas

Para empanar y freír

  • Harina de trigo, cantidad necesaria
  • Huevo batido, cantidad necesaria
  • Panko, cantidad necesaria
  • Aceite de girasol, cantidad necesaria para freír

Paso 1

Cocemos las patatas enteras y con piel en abundante agua con sal, hasta que al pincharlas no ofrezcan resistencia. Las escurrimos, las pelamos en caliente y las devolvemos a la olla un par de minutos para que se sequen.

Paso 2

Las chafamos con un tenedor o un pasapurés y salpimentamos al gusto. Reservamos.

Paso 3

Para el primer relleno, pochamos la cebolla muy picada en un poco de aceite hasta que esté transparente. Incorporamos la ternera picada, la salteamos hasta que pierda el color rosado y salpimentamos al gusto.

Paso 4

Mezclamos ese sofrito con la mitad de la base de patata y añadimos el queso rallado, removiendo hasta que quede una masa homogénea.

Paso 5

Para el segundo, doramos el bacon en la sartén sin aceite hasta que quede crujiente y lo escurrimos sobre papel de cocina. Lo mezclamos con la otra mitad de la patata junto al brie en dados y la albahaca picada muy fina.

Paso 6

Con las manos ligeramente húmedas, tomamos porciones de unos 80 g y les damos forma a las korokke. Lo más fácil es hacer una bola con las manos y aplastarla ligeramente hasta dejarla con un par de centímetros de grosor.

Paso 7

Las pasamos por harina, después por huevo batido y por último por panko, apretando bien para que el rebozado se adhiera correctamente.

Paso 8

Freímos en abundante aceite caliente, a unos 180 ºC y en tandas pequeñas, hasta que estén doradas por fuera, unos dos o tres minutos. Escurrimos sobre rejilla o un colador grande y servimos enseguida.

De plato de lujo a comida callejera japonesa

La croqueta llegó a Japón a finales del siglo XIX, en plena era Meiji, cuando el país abrió sus puertas a la cocina occidental. Se cita 1887 como la fecha en que aparece documentada con el curioso nombre de kuroketto.

Era considerada un plato caro y sofisticado, pues la leche y la mantequilla eran productos escasos en un país sin apenas tradición de consumo de lácteos, por lo que hacer una bechamel resultaba impensable en las casas.

La solución no tardó en llegar: sustituir la bechamel por patata cocida y chafada, un ingrediente barato, disponible y con textura suficiente para sostener el relleno.

Hoy en día, el korokke es una de las comidas rápidas más populares que puede encontrarse lista para comer en supermercados y tiendas de barrio de todo Japón por muy poco dinero, y forma parte del yōshoku, la cocina occidental reinterpretada que los japoneses ya sienten como propia.