Ainara López, cocinera, con un hojaldre de calabacín

Ainara López, cocinera, con un hojaldre de calabacín iko636 iStock

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Ainara, cocinera: "Los calabacines más espectaculares no se fríen, se hacen con 2 puñados de espinacas y queso"

Una popular cocinera vasca comparte la receta de calabacín más resultona para disfrutar de "lo verde".

Más información: María Luna, cocinera: "Parecen espaguetis, pero es una cena sana con 1 calabacín, tomates cherry y un puñado de gambas"

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Hay ingredientes que asociamos a ocasiones especiales y otros que parecen condenados a la rutina. El calabacín pertenece, en principio, al segundo grupo.

Está tan integrado en la cocina del día a día en España que cuesta imaginarlo como protagonista de un plato elegante. Y, sin embargo, es una hortaliza que ofrece mucho a cambio de muy poco trabajo.

Su versatilidad le permite pasar de ser una simple guarnición a brillar en una tarta salada digna de una comida de fiesta, o para hacer que cualquier comida sea una fiesta, sin tener que complicarse mucho la vida.

Es una pena que no las hagamos más a menudo, porque dan muchísimo juego. Una tarta salada aguanta bien varias horas a temperatura ambiente, en porciones pequeñas resuelve un aperitivo o en cuadrados grandes te salva una cena.

También viaja sin problema en el tupper para la oficina y admite prácticamente cualquier verdura que tengamos a punto de pasarse en la nevera.

Y, sobre todo, tiene una relación esfuerzo-resultado difícil de igualar: una plancha de hojaldre comprada, un relleno improvisado y el horno haciendo el trabajo.

La cocinera vasca Ainara López (@ainaralo) ha publicado en su cuenta de Instagram una versión que es perfecta como ejemplo: un hojaldre de calabacín, pesto y espinacas.

El truco: hacer sudar al calabacín

El paso clave de la receta no tiene nada de espectacular, pero es el que separa un hojaldre crujiente y bien horneado de uno reblandecido.

El calabacín, una vez cortado, hay que salarlo y dejarlo reposar unos diez minutos para que sude y, después, secarlo muy bien. Si no extraemos ese líquido antes de cocinar el calabacín, lo expulsará durante la cocción arruinando el hojaldre.

El segundo truco, habitual en este tipo de preparaciones, es hornear en dos fases. Primero solo la lámina de hojaldre durante diez minutos a 200 °C, para que las capas se separen y tenga esa textura irresistible de un milhojas.

Cómo hacer un hojaldre de calabacín

Ingredientes

  • Plancha de hojaldre, 1 ud
  • Calabacín mediano, 1-2 ud
  • Queso crema, 30 g
  • Pesto, 1 cucharada sopera
  • Queso rallado, 60 g
  • Espinacas frescas, 2 puñados
  • Queso feta, 40 g
  • Eneldo fresco, 1 ramita
  • Pimentón de Espelette o chile en polvo, 1 pizca, opcional, solo si te gusta el picante
  • Aceite de oliva virgen extra, 1 chorrito
  • Sal, al gusto

Paso 1

Cortamos el calabacín en rodajas finas, lo colocamos en un colador, lo salamos ligeramente y lo dejamos reposar 10 minutos. Después lo secamos bien con papel de cocina.

Paso 2

Precalentamos el horno a 200 °C. Extendemos la plancha de hojaldre sobre la bandeja con papel de horno, marcamos un borde de un par de centímetros con la punta de un cuchillo y pinchamos toda la superficie interior con un tenedor.

Paso 3

Horneamos el hojaldre solo durante 10 minutos y lo sacamos.

Paso 4

Mezclamos en un bol el queso crema, el queso rallado, el pesto y las espinacas picadas hasta obtener una crema homogénea.

Paso 5

Extendemos la crema sobre la base horneada, sin sobrepasar el borde que hemos marcado.

Paso 6

Colocamos encima las rodajas de calabacín solapadas y las pintamos con un chorrito de aceite de oliva.

Paso 7

Horneamos de nuevo a 200 °C durante 15 minutos, hasta que el calabacín esté tierno y los bordes dorados.

Paso 8

Sacamos la tarta, la terminamos con el queso feta desmigado, el eneldo y una pizca de pimentón de Espelette si queremos un toque chispeante.

El calabacín: un tesoro que llegó de Italia

El calabacín pertenece a la especie Cucurbita pepo, originaria de Mesoamérica, donde las calabazas se cultivan desde hace milenios.

Sin embargo, el calabacín tal y como lo conocemos -cosechado inmaduro, de piel fina y carne tierna- no es americano, sino italiano y mucho más reciente.

Se empezó a consumir en el norte de Italia durante el siglo XIX, y de ahí viene que sea conocido internacionalmente como zucchini.

En España se asentó primero en las huertas mediterráneas y valencianas y hoy es uno de los cultivos hortícolas más importantes del país. Almería y Murcia concentran buena parte de una producción que abastece también a media Europa.

Entre las variedades tradicionales conviven el calabacín blanco de tipo lebanese, muy usado en Levante, el clásico verde oscuro alargado y el redondo de Niza, ideal para rellenar.

Nutricionalmente destaca porque tiene apenas 17 kilocalorías por cada 100 gramos, gracias a su altísimo contenido en agua. Aporta potasio, vitamina C, folatos y fibra soluble, y su piel concentra carotenoides.

En la cocina ha pasado de ser una verdura para purés a convertirse en el protagonista de platos en los que sustituye a otros alimentos.

Se usa en fideos como sustituto de la pasta, en cremas como alternativa ligera a la bechamel para lasañas y gratinados y, en crudo, laminado muy fino, como base de ensaladas.