La cocinera Ana Gutiérrez y una lasaña de verano en un montaje de El Español

La cocinera Ana Gutiérrez y una lasaña de verano en un montaje de El Español VeselovaElena iStock

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Anabel, cocinera: "La lasaña más rica de verano no se hornea, se hace con 1/2 calabacín, cherrys y un poco de queso fresco"

Di adiós a convertir la cocina en una sauna para disfrutar de una lasaña en agosto con esta receta fácil.

Más información: Jordi Cruz, chef: "Para que los calabacines estén más buenos, no los frías; mejor hazlos con 4 ajos y 1 vaso de caldo"

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Seguro que más de una vez te ha apetecido comer lasaña en agosto, pero has desistido al imaginar el horno a 200 grados y la cocina echando humo.

Esta receta es justo la que necesitas en esos días, porque se monta en frío como quien construye un milhojas salado. Ni bechamel, ni gratinado, ni la clásica boloñesa de carne que hay que guisar durante horas.

La receta es de la cocinera Anabel Gutiérrez, @belfood_ana en Instagram, y es parte de sus propuestas de recetas fáciles de verano.

Con pocos ingredientes y al alcance de cualquiera, aunque no tenga mucha idea de cocinar, esta lasaña reinterpreta el clásico italiano en versión vegetariana, con tomate cherry, calabacín, albahaca y una crema de quesos que hace el papel de la salsa.

La ventaja es doble, pues es un plato fresco que se puede dejar hecho de antemano y es mucho más ligera que la tradicional.

Crema de quesos para ahorrarte la bechamel

El ingrediente más distintivo de la lasaña es la bechamel que lo envuelve todo, pero en esta receta encuentra a una digna sustituta en una crema de queso fresco tipo ricotta y parmesano triturados en frío.

En la lasaña clásica, la bechamel aporta cremosidad, pero obliga a hacer un roux con mantequilla y harina, remover sin parar mientras añades la leche y esperar a que tome cuerpo. En esta receta te ahorras todo eso.

Al triturar el queso fresco con parmesano, un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, el zumo de medio limón, una pizca de sal y un par de hojas de albahaca, se obtiene una pasta untuosa y aromática, parecida a un pesto ligero, en un minuto.

Si no encuentras ricotta o no te apetece comprarlo, puedes usar requesón, queso fresco bien escurrido o incluso un poco de queso crema.

Lo importante es que la mezcla quede cremosa y con cuerpo, capaz de aguantar entre capa y capa sin escurrirse.

El calabacín: la verdura americana que se hizo italiana

Aparte de los quesos, otro protagonista de la receta es el calabacín.

Aunque hoy lo asociamos a la cocina italiana y a la dieta mediterránea, su origen está al otro lado del Atlántico, ya que el género Cucurbita procede de Mesoamérica, donde estas calabazas se cultivan desde hace miles de años.

La versión alargada y tierna que usamos hoy se seleccionó bastante después, en el norte de Italia durante el siglo XIX, en torno a la región de Lombardía. De ahí que sea una verdura con pasaporte americano y apellido italiano.

El truco en esta receta es marcarlo en la plancha para eliminar el agua y concentrar el sabor, así evitamos que suelte agua en la lasaña ya montada.

Ingredientes

  • Láminas de pasta para lasaña, 6-8 ud
  • Tomates cherry, un puñado
  • Calabacín, ½ ud
  • Ajo, 2 dientes
  • Queso fresco tipo ricotta, al gusto, base de la crema
  • Parmesano rallado, al gusto
  • Albahaca fresca, unas hojas
  • Aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas
  • Zumo de medio limón, cantidad necesaria
  • Vinagre de Módena, 1 cucharada
  • Sal, al gusto

Paso 1

Cortamos el calabacín en rodajas y lo doramos en una sartén con un poco de aceite; cuando esté hecho por ambas caras, lo retiramos y lo dejamos reposar sobre papel absorbente para que suelte el exceso de grasa y líquido.

Paso 2

En la misma sartén añadimos los dos dientes de ajo picados y los cocinamos apenas un minuto, con cuidado de que no se quemen.

Paso 3

Incorporamos los tomates cherry con una pizca de sal y los salteamos a fuego fuerte durante dos o tres minutos.

Paso 4

Aplastamos los tomates con un tenedor para que se deshagan y dejamos que la salsa siga cocinando cinco minutos más a fuego medio-bajo.

Paso 5

Añadimos la cucharada de vinagre de Módena, cocinamos un minuto más para que pierda la acidez del vinagre en crudo y retiramos del fuego.

Paso 6

Cocemos las láminas de pasta siguiendo las instrucciones del fabricante y las dejamos enfriar. Una vez cocidas, conviene extenderlas separadas para que no se peguen entre sí.

Paso 7

Para la crema, trituramos el queso fresco con el parmesano rallado, el resto del aceite de oliva, el zumo de medio limón, una pizca de sal y un par de hojas de albahaca hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea.

Paso 8

Montamos la lasaña alternando capas de pasta, crema de queso, rodajas de calabacín y salsa de tomate cherry.

Paso 9

Repetimos el proceso hasta terminar los ingredientes, rematando con una última capa de crema y unas hojas de albahaca fresca por encima.

Otras recetas frescas para disfrutar en verano

Un plato frío de verano no tiene que ser siempre un gazpacho o una ensalada triste.

Existen numerosas opciones de platos que se cocinan para consumirlos fríos más tarde o de ensaladas con ingredientes que nunca habías pensado que fueran a formar parte de una.

Siguiendo con la cocina italiana, la caponata siciliana es un buen ejemplo: berenjena, apio y tomate cocinados en un guiso agridulce que mejora de un día para otro y se sirve templado o frío para untar en pan. Aguanta un par de días en la nevera.

Para cuando hace falta una receta de emergencia, la panzanella toscana convierte pan del día anterior, tomate maduro, pepino y albahaca en una ensalada jugosa.

El pan absorbe el jugo del tomate y el aceite hasta el punto de resultar casi adictivo, así que es la receta perfecta para aprovechar ese cuscurro que se ha quedado duro.

Si apetece pasta, unos espaguetis fríos aliñados con tomate crudo rallado, ajo y un buen aceite son la versión exprés de la pasta, porque se cuecen, se enfrían y se aliñan. En Italia se los conoce como pasta fredda, y admite mil variantes con ingredientes como bolitas de mozzarella, aceitunas o atún.

Si nos venimos a España, el pisto manchego, ese sofrito lento de pimiento verde y tomate, frío y coronado con un huevo resuelve cualquier cena.

Y para no salir del universo de las verduras asadas, la escalivada catalana hecha con pimiento, berenjena y cebolla asados, pelados y aliñados con aceite, es otro clásico que se prepara con antelación y se come a temperatura ambiente. Sobre una tostada con una anchoa encima es la tosta perfecta para las cenas de verano.