Una persona fregando una sartén de acero inoxidable iStock
Los expertos coinciden: para dejar las sartenes brillantes sin "nanas" y sin frotar durante horas, usa este estropajo
Las sartenes y ollas de acero inoxidable admiten estropajos de todo tipo, pero no todos son igual de agradecidos ni cuidan de la misma forma nuestras manos.
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El acero inoxidable se ha convertido en el material estrella de las sartenes en las cocinas domésticas del siglo XXI.
¿Las razones? Unas cuantas ventajas muy interesantes como que no reacciona con los alimentos, soporta temperaturas altas sin degradarse y su superficie no se deteriora con el uso. Con cuidados mínimos, una sartén de acero nos puede durar una vida.
A diferencia de las sartenes con recubrimiento antiadherente, las grandes estrellas de finales del siglo pasado, donde un estropajo mínimamente agresivo puede acabar con ellas para siempre, el acero permite frotar sin miedo y con total libertad.
Aun así, esa resistencia no significa que cualquier método de limpieza sea igual de cómodo. Y, como sabemos que la mayoría de las veces lo que más nos frena a la hora de cocinar es el fregoteo de después, hoy vamos a hablar de la manera más rápida para dejar las sartenes como nuevas.
Porque el estropajo metálico de toda la vida, el que en muchas casas se conoce como "nanas", cumple su función cuando algo se pega al fondo, pero también tiene sus inconvenientes.
Yo le tengo especial manía porque suelo fregar sin guantes y más de una vez me he cortado con los hilillos de acero que lo forman. Además, con el uso acaban soltando fibras metálicas que pueden quedar en la superficie de cocción y acabar en la comida.
El estropajo que usan los chefs
En los restaurantes, donde la higiene y la eficiencia mandan por encima de todo, el "nanas" prácticamente ha desaparecido. En su lugar se utilizan esponjas de malla metálica y paños de alambre trenzado, dos herramientas que arrastran la suciedad con la misma eficacia, pero sin los problemas de su antecesor.
Se secan muy rápido tras cada uso, lo que frena la proliferación de bacterias, y no dejan residuos sobre la superficie limpia. Otra ventaja importante es que no producen cortes al manipularlos sin guantes, porque su trama es compacta y no esa maraña de hilos que el "nanas".
Pueden emplearse en seco o en húmedo. En seco su efecto es más abrasivo, ideal para costras rebeldes; en húmedo actúan de forma más suave y son perfectas para el mantenimiento diario.
Otra opción que gana adeptos es el estropajo de esmeril, una especie de goma abrasiva con forma de bloque que recuerda a un borrador de pizarra. Ese diseño facilita el agarre y al ser flexible puede llegar a las esquinas y los rincones curvos de cacerolas y cazos.
Está pensado para limpiezas puntuales de grasa requemada y suele ser de un solo uso.
Una alternativa reutilizable son esos estropajos con forma de carita sonriente que se han popularizado en los últimos tiempos. Estos cambian de comportamiento según la temperatura del agua: con agua fría, se mantienen rígidos y raspan como el esmeril; con agua caliente, se ablandan y trabajan como un estropajo convencional.
Cómo limpiar una sartén de acero para que quede brillante
Elegir el estropajo adecuado es solo la mitad del trabajo. El producto de limpieza también cuenta.
El jabón lavavajillas habitual funciona, pero en las cocinas profesionales se suele recurrir a la piedra blanca, también llamada piedra de arcilla, un compuesto natural con propiedades desengrasantes y ligeramente abrasivas que deja el acero reluciente sin rayarlo.
Para usarla, basta con humedecer el estropajo y frotarlo contra la piedra hasta que absorba el producto. Después, se pasa por la superficie de la sartén con movimientos circulares, insistiendo en las zonas con restos quemados.
La suciedad se desprende sin apenas esfuerzo. Se aclara con agua tibia para eliminar los restos del producto y se seca con un paño limpio para evitar marcas de agua.
El truco de tu bisabuela que sigue funcionando
Quienes tengan chimenea o barbacoa en casa disponen de un producto de limpieza gratuito y ecológico que era el que usaban nuestras bisabuelas: las cenizas.
Mezclando las cenizas con un poco de agua hasta formar una pasta, funcionan como un abrasivo suave que se ha usado durante siglos para dejar las cazuelas impolutas. El resultado es sorprendentemente eficaz y el coste, cero.