Unas abuelas cocinando productos frescos

Unas abuelas cocinando productos frescos Imagen generada con IA

Actualidad gastronómica

Cocinar como lo hacían las abuelas es la revolución 'gastro' del siglo XXI: "Ellas sí sabían lo que es la cocina sostenible"

La verdadera innovación gastronómica en el siglo XXI pasa por recuperar las prácticas culinarias de nuestras abuelas, que ya aplicaban los principios de la sostenibilidad sin ponerles nombre.

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Hablar de la cocina del futuro no es hablar de los "listos para llevar" del Mercadona por mucho que se empeñe Joan Roig en decirnos que en unos años la gente no cocinará en las casas.

El mayor encuentro europeo de expertos en innovación alimentaria, el Think Tank 2026 de KM Zero Food Innovation Hub, celebrado el pasado 24 de febrero en Madrid, ha puesto sobre la mesa una idea que a muchos les puede sonar romántica: para avanzar en sostenibilidad, conviene mirar hacia atrás.

Al foro, celebrado en el espacio Infinito Delicias, acudieron 150 miembros de organizaciones presentes en más de 170 países, junto a más de 40 startups, fondos de inversión y entidades como ICEX, el Ministerio de Agricultura o la Comisión Europea.

"Ellas ya practicaban un modelo alimentario más sostenible, sin llamarlo así, y aplicaban muchos de los principios que hoy defendemos como innovación".

"El problema es que hemos olvidado muchas prácticas que siempre se han hecho", afirmaba el chef Rodrigo de la Calle, galardonado en la gala de los Food Changemaker Awards en la categoría Future of Gastronomy por su trabajo con la cocina verde.

Productos frescos, de temporada y sin plástico

La reivindicación no es un ejercicio de nostalgia. Se trata de recuperar hábitos concretos como comprar productos frescos, de temporada y de proximidad; cocinar con lo que hay disponible; evitar los ultraprocesados.

"La clave es fijarnos en qué comían nuestros abuelos. Productos frescos, naturales, de la huerta de al lado y, sobre todo, reconocibles, no ultraprocesados ni envueltos en muchas capas de plástico", subrayaba Niklas Gustafson, de Natruly.

Hace apenas medio siglo, las familias españolas se alimentaban de forma más consciente, aprovechando los recursos de la tierra y sacando el máximo partido a cada ingrediente. Esa filosofía, sustentada en la necesidad y el sentido común, es la que hoy la industria intenta recuperar bajo etiquetas como "circularidad" o "desperdicio cero".

Reaprovechar más para tirar menos

Otro eje del debate fue el reaprovechamiento de recursos. En las cocinas de nuestras abuelas, el caldo del cocido se convertía en la sopa del día siguiente, el pan duro acababa en torrijas o migas y las mondas de las verduras daban sabor a los guisos.

"En el sector alimentario no hay desperdicios, solo ingredientes esperando a ser transformados en algo distinto", fue la conclusión de varios ponentes.

Rodrigo García González, creador de NotPla, una empresa de envases biodegradables a base de algas, puso cifras al problema: "Hace cincuenta años era impensable llenar bolsas enteras de basura con envases de un solo uso".

Las abuelas cocineras que triunfan como influencers

Si algo demuestra que la cocina de las abuelas está más viva que nunca es su éxito arrollador en redes sociales. TikTok, Instagram y YouTube se han llenado de cocineras veteranas cuyos vídeos acumulan millones de visualizaciones.

En España, Conchita Polo, abuela zaragozana de 84 años, se ha convertido en un fenómeno viral gracias a las redes de Maximiliana, la empresa de su nieto. Sus recetas de platos de toda la vida, desde la tortilla de patata hasta el pulpo en olla exprés, encantan por su naturalidad y desparpajo ante la cámara.

Loli Domínguez, con más de 2,7 millones de suscriptores en YouTube, aunque no podamos llamarla abuela, es otro referente con su "cocina típica de la abuela". Y la cuenta de @conbuenhumor, que mezcla humor y recetas, supera los nueve millones de seguidores en TikTok.

El fenómeno no es exclusivamente español. En Italia, el canal Pasta Grannies, creado por Vicky Bennison en 2014, ha filmado a más de 250 abuelas preparando pasta artesanal y acumula cerca de 60 millones de visualizaciones en YouTube.

Nonna Natalina suma 3,7 millones de seguidores en TikTok y Nonna Silvi vende sus salsas artesanales a toda Europa desde su tienda online. Todas comparten autenticidad, cercanía y la convicción de que una receta hecha con las manos tiene un valor que ningún algoritmo puede replicar.

Al fin y al cabo, como reivindican los expertos en innovación gastronómica reunidos en el Think Tank, esas abuelas que cocinaban con lo que tenían, que aprovechaban hasta la última monda y que iban al mercado a comprar lo de temporada no estaban haciendo otra cosa que cocina sostenible. Solo que entonces nadie la llamaba así.