Una cena de 'Les Belles Perdrix'. Archives Curnonsky - éd. Curnonska, 2007, T3
"La colonia femenina arruina la comida": así era 'Bellas Perdices', el primer club gastronómico sólo para mujeres de Europa
Una veintena de intelectuales francesas creó en 1928 la primera asociación culinaria exclusivamente femenina para combatir la misoginia imperante en el sector.
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En 1928, 100 hombres decidieron que ninguna mujer podía tener un lugar en la alta gastronomía. Así lo anunciaron a viva voz en la revista cultural francesa Comœdia con un artículo titulado Pas de femmes (Sin mujeres).
¿La razón? Eran "menos capaces" de "apreciar una carne delicada" o "saborear un buen vino". Además, sus perfumes podían "alterar el sabor de los platos", y "sus curvas y su tendencia al chismorreo" podían "distraerlos" —el clásico llevaba una falda muy corta, pero versión principios del siglo XX—. ¡Los felices y machistas años 20!
De esta forma, el exclusivo Club des Cent (Club de los Cien), fundado en 1912 en París, excluyó oficialmente a la población femenina de su selecta cofradía culinaria, una hermandad que nació con el propósito de impulsar los "buenos hoteles y buenos restaurantes" de Francia.
Pero ellas no se quedaron de brazos cruzados. La escritora y traductora Maria Croci, junto a otras intelectuales de la época, crearon, en contrapartida, el Club des Belles Perdrix (Club de las Bellas Perdices), su propia sociedad gastronómica sólo para mujeres —tal y como se comunicó en Pas d'hommes (Sin hombres), otro artículo en Comœdia a modo de réplica—.
"En el pasado, esos mismos hombres nos negaron el alma, ¡y ahora nos niegan el gusto, sin el cual la vida no tiene sabor!", se lamentan estas socias en Les recettes des Belles Perdrix (1930), un libro escrito por Croci y la novelista Gabrielle Réval que mezcla recetas, historia del club, y reflexiones en torno al papel de la mujer en la cocina.
"—¿Qué nos dejan [los hombres]? —Amor, eso es lo que todavía nos dejan. —Sí, pero hay que defenderlo", puede leerse en las páginas de la obra.
Además de Croci y Réval, en la primera cena se sentaron a la mesa, entre otras, las hermanas Lucie y Ève Paul-Margueritte, la periodista Hélène Gosset, la escritora Edmée Chérau o la poeta Lucie Delarue-Mardrus.
Con el tiempo se sumaron nombres como la novelista Marcelle Tinayre, la reportera Andrée Viollis o la dramaturga Marion Gilbert, muchas de ellas vinculadas también al activismo feminista y a otros proyectos literarios que cuestionaban el canon masculino.
Sus estatutos, sin embargo, no reproducían el veto absoluto del Club des Cent: una vez al año, en el último banquete de la temporada, las Belles Perdrix invitaban a los llamados "Perdreaux", hombres elegidos por cada socia, con una condición muy clara: no podían ser sus maridos y no podían ser invitados dos años seguidos por la misma mujer.
El propio reglamento subrayaba que, "a diferencia de los clubes masculinos de gastrónomos que se niegan a admitir mujeres", ellas abrirían simbólicamente la puerta a algunos hombres, pero sólo como invitados y bajo sus reglas, invirtiendo por una noche la jerarquía del comedor.
A partir de 1932, la prensa deja de mencionar las reuniones mensuales y sólo recoge un gran banquete anual, lo que indica que la vida del club se fue apagando a lo largo de los años 30, hasta desaparecer discretamente antes de la Segunda Guerra Mundial.
Su huella, no obstante, permanece en Les recettes des Belles Perdrix y en la genealogía de otros círculos gastronómicos femeninos que se reivindican como herederos de aquella primera cofradía de letras y buena mesa.
El Club des Cent, por su parte, sigue muy vivo en la actualidad y continúa celebrando sus célebres almuerzos de los jueves en París, mantiene un número limitado de miembros y conserva buena parte de su aura de discreción y elitismo gastronómico.