Unos langostinos en una imagen de archivo

Unos langostinos en una imagen de archivo iStock

Actualidad gastronómica

Langostino café, el invasor que vive en el Mediterráneo y que podrías comer sin saberlo: de dónde viene y por qué preocupa

Los pescadores de Vinaròs han pasado de encontrar un par de ejemplares por barco a capturar hasta 40 kilos en una sola jornada. El Penaeus aztecus, originario del Golfo de México, ya se reproduce en España.

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Cuando un pescador del litoral castellonense clasifica su captura del día, cada vez aparecen más ejemplares de un crustáceo que no debería estar ahí. A simple vista podría pasar por un langostino más, pero no lo es.

Se llama Penaeus aztecus, se le conoce como langostino café y es originario del Golfo de México. Según los datos de la cofradía de pescadores de Vinaròs que recogen medios como Okdiario y Xataka, hace cuatro años apenas aparecían uno o dos ejemplares por barco y jornada.

Al año siguiente ya se contaban por docenas. En las campañas más recientes, algunos barcos han llegado a descargar hasta 40 kilos en un solo día. Y la tendencia apunta a que seguirán aumentando, pues cada temporada supera a la anterior.

El dato más alarmante no es el volumen de capturas, sino lo que encontraron los investigadores del CSIC y del ICATMAR: hembras maduras con capacidad reproductiva plena. El langostino café ya no depende de nuevas introducciones accidentales. Se reproduce aquí, por lo que es, técnicamente, lo que se conoce como una especie invasora.

¿Cómo llegó el langostino café a España?

La primera vez que se detectó el langostino café en el Mediterráneo fue en 2009, en la bahía de Antalya (Turquía). La hipótesis más aceptada apunta a las llamadas aguas de lastre.

Los grandes buques mercantes cargan agua en puertos del Caribe que luego liberan en destinos mediterráneos y, aunque por ley deben ser convenientemente tratadas para eliminar cualquier organismo vivo antes de su expulsión, se podría haber dado el caso de que algún barco descargase agua con larvas de esta especie.

Desde aquel primer registro hace 17 años, el avance hacia el oeste ha sido imparable; primero el Egeo, después Israel, Egipto, Italia, Croacia, Túnez y Francia.

En España, un estudio publicado en 2024 en la revista Natural History Sciences por investigadores de la Fundación Oceanogràfic de Valencia y la Universidad de Catania documentó la captura de siete ejemplares en Altea, Moraira y Cullera durante 2023.

Según los autores, estos hallazgos representan las capturas más occidentales de la especie en todo el Mediterráneo. Prácticamente en paralelo, la Generalitat de Cataluña confirmó la presencia del langostino café en el Delta del Ebro, sobre todo entre La Ràpita y Les Cases d’Alcanar.

Langostinos café capturados en Altea (a), Moraira (b) y Cullera (c).

Langostinos café capturados en Altea (a), Moraira (b) y Cullera (c). (Spinelli et al)

Un precedente en el Mediterráneo

Aún no hay evidencias de que el langostino rojo autóctono (Penaeus kerathurus) esté desapareciendo de nuestras costas, pero existe un precedente italiano que ha activado la señal de alarma.

En el Golfo de Tarento, los pescadores ya constatan un descenso notable de la gamba autóctona coincidiendo con la proliferación del langostino café. Ambas especies comparten profundidades, ecología y compiten por el mismo alimento.

Como señalan los autores del estudio de Spinelli, Sendín y Tiralongo, "la extraordinaria capacidad del P. aztecus para colonizar la cuenca en pocos años lo convierte en una de las especies más invasoras del Mediterráneo".

Además, el langostino café es termófilo, por lo que el calentamiento progresivo del Mediterráneo lo está convirtiendo en un hábitat cada vez más cómodo para él.

¿Se come? Sí, pero cuidado con el "gato por liebre"

El langostino café es comestible y gastronómicamente apreciable. En Estados Unidos se consume con normalidad y en Turquía e Italia ya se vende en las lonjas.

Sin embargo, el problema reside en que su valor es inferior al del autóctono; su precio está entre 12 y 18 euros el kilo, frente a los más de 40 que puede alcanzar el langostino rojo de Vinaròs en temporada alta.

Y esto puede afectar al consumidor final; según el ICATMAR, el langostino café se ha vendido en lonja sin identificar, mezclado con el langostino local o con la gamba blanca.

Por eso, la Generalitat de Cataluña aplicó con "máxima urgencia" la obligación de segregar las capturas. Pero, de momento, te pueden dar, o ya te han dado, langostino café a precio de autóctono sin que lo sepas.

Comérselo como estrategia: la lección del cangrejo azul

No es la primera vez que el Mediterráneo español se enfrenta a un invasor comestible. El cangrejo azul (Callinectes sapidus) llegó al Delta del Ebro en 2012 y, como ya contábamos en Cocinillas, la solución que han adoptado pescadores y cocineros pasa por comérselo.

En Maryland es una estrella gastronómica y en España ya se sirve en arroces e incluso en restaurantes con estrella Michelin. La pesca comercial se ha convertido en la principal vía para contener su expansión.

Con el langostino café la lógica es parecida, pero con un matiz; a diferencia del cangrejo azul, no es agresivo ni destroza redes. La bióloga Patrícia Pardo señala que "los pescadores están contentos de tener otra especie para poder pescar y diversificar".

El reto está en regularlo, diferenciarlo en la comercialización y vigilar que no arrincone a las especies locales.

Una historia que se repite

El Mediterráneo alberga unas 17.000 especies y es uno de los principales puntos calientes de biodiversidad del planeta, pero también un mar vulnerable a las invasiones biológicas.

Las aguas de lastre, el Estrecho de Gibraltar y el Canal de Suez han convertido esta cuenca en destino involuntario para decenas de especies foráneas. El langostino café se suma a una lista que incluye al cangrejo azul, al pez león y a más de 1.200 especies exóticas asentadas en la Península Ibérica.

Pues lo que está claro es que ha venido para quedarse. Queda por ver si seremos capaces de gestionarlo bien, etiquetándolo correctamente en las lonjas y, por qué no, aprendiendo a cocinarlo.