Cristina Fernández, jefa de servicio de Neurología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Cristina Fernández, jefa de servicio de Neurología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja. Cedida (imagen mejorada con IA)

Salud

Cristina Fernández, experta en alzhéimer: “Esta terapia reduce hasta un 50% el riesgo de pasar al siguiente estadio”

El Hospital Universitario Sanitas La Moraleja ha comenzado a administrar una terapia pionera que ralentiza el avance del alzhéimer sintomático temprano.

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Nuevas terapias con anticuerpos monoclonales como donanemab y lecanemab logran reducir entre un 30% y un 50% el riesgo de avanzar al siguiente estadio clínico del alzhéimer.

Estos tratamientos ralentizan el deterioro clínico entre un 27% y un 35% a los 18 meses al actuar directamente contra la acumulación de la proteína beta amiloide en el cerebro.

El acceso a la terapia exige un diagnóstico precoz en fases tempranas y la superación de estrictos criterios clínicos, genéticos y de confirmación por resonancia magnética.

El Hospital Universitario Sanitas La Moraleja es uno de los primeros centros en España en administrar estas terapias tras su aprobación en Europa.

El alzhéimer sigue sin tener cura, pero los nuevos tratamientos están logrando retrasar su avance y el desarrollo de los síntomas.

En Madrid, en el Hospital Universitario Sanitas La Moraleja ya se administra donanemab (y próximamente lecanemab), una terapia dirigida contra la proteína beta amiloide, a pacientes seleccionados en fases tempranas de la enfermedad.

“Varios estudios sugieren que esta terapia reduce un 30-50% el riesgo de pasar al siguiente estadio clínico de gravedad durante el periodo de observación”, cuenta Cristina Fernández, jefa de servicio de Neurología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

¿Cómo funcionan las nuevas terapias?

Estas terapias pioneras (donanemab y lecanemab) pertenecen a una nueva generación de tratamientos: los anticuerpos monoclonales antiamiloide.

Su objetivo es actuar sobre la beta amiloide, una proteína que puede acumularse de forma anormal en el cerebro y que está relacionada con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

En los ensayos clínicos, los pacientes tratados con ambas terapias “mostraron una progresión más lenta de la enfermedad que los tratados con placebo, con una ralentización relativa del deterioro clínico de aproximadamente un 27-35% a los 18 meses”, añade la neuróloga.

A más largo plazo, “los datos sugieren que el beneficio tiende a aumentar con el tiempo, especialmente cuando el tratamiento se inicia en fases tempranas”, comenta Fernández.

Estos resultados refuerzan la importancia de diagnosticar la enfermedad en sus primeras fases.

Quién puede recibir este tratamiento

No todos los pacientes con la enfermedad pueden recibir las nuevas terapias, ya que su acceso está determinado por unos estrictos criterios clínicos, biológicos y genéticos.

Antes de comenzar el tratamiento es necesario realizar una valoración que incluye:

  • Evaluación clínica y neuropsicológica para determinar el estadio de la enfermedad.
  • Información genética: es necesario realizar el genotipado ApoE, que permite conocer determinadas características asociadas al riesgo de efectos adversos.
  • Confirmación de la presencia de patología amiloide.
  • Resonancia magnética cerebral realizada en los seis meses anteriores al inicio del tratamiento.

Una vez comenzada la terapia, se mantienen controles clínicos y de imagen periódicos.

El diagnóstico precoz adquiere una nueva dimensión

Hasta ahora, detectar el alzhéimer cuanto antes permitía fundamentalmente iniciar medidas destinadas a controlar los síntomas y planificar la evolución de la enfermedad.

Sin embargo, la llegada de las terapias de anticuerpo antiamiloide añade una nueva dimensión. Ahora, el momento del diagnóstico es vital para las opciones terapéuticas disponibles.

La identificación de la enfermedad en una fase inicial permite valorar si el paciente puede someterse al tratamiento, ya que están indicadas para etapas tempranas.

Mientras que, si la enfermedad se encuentra en un estadio más avanzado, el paciente puede quedar fuera de la indicación para el tratamiento.

La incorporación de las nuevas terapias a la sanidad española implica una coordinación entre diferentes especialidades.

En el Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, el proceso se articula desde la Unidad de Deterioro Cognitivo del Servicio de Neurología, dirigida por la doctora Fernández e integrada por especialistas en neurología y neuropsicología.

Además es preciso un trabajo coordinado con profesionales de otras áreas, como neurorradiología, farmacia, medicina nuclear y enfermería especializada en terapias intravenosas.

Este centro es, además, uno de los pocos en España que ofrece actualmente estas terapias, ya que son relativamente nuevas. Fueron aprobadas en Europa en 2025.

Los fármacos, que cuentan con el respaldo de organizaciones de pacientes y sociedades científicas como la Confederación Española de Alzheimer y Otras Demencias (CEAFA) y la Sociedad Española de Neurología (SEN), permitirán avanzar hacia un abordaje cada vez más especializado del alzhéimer.

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