El líder de la investigación, Hamish King, del WEHI, el centro de investigación médica más antiguo de Australia.

El líder de la investigación, Hamish King, del WEHI, el centro de investigación médica más antiguo de Australia.

Salud

Científicos australianos estudian más de 100 factores de riesgo de esclerosis múltiple para desarrollar nuevas terapias

Es la primera vez que se va a analizar de manera simultánea cómo interactúan las variantes genéticas que predisponen a esta enfermedad degenerativa.

Más información: Los síntomas iniciales de la esclerosis múltiple: así empieza a manifestarse la enfermedad

P. G. Santos
Publicada

Las claves

Investigadores australianos estudian más de 100 factores de riesgo genéticos de la esclerosis múltiple para comprender su desarrollo.

El proyecto, dirigido por Hamish King del WEHI, analiza cómo estos factores alteran la actividad genética en linfocitos B, células clave del sistema inmunitario.

El estudio busca identificar rutas moleculares que contribuyen a la enfermedad y sentar las bases para terapias más personalizadas en el futuro.

La investigación cuenta con una financiación de 2,4 millones de euros y podría superar una barrera técnica que ha dificultado el análisis combinado de muchas variantes genéticas.

Pese a que en los últimos años ha habido avances importantes, aún se desconoce cómo se desarrolla la esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que afecta a más de 55.000 personas en España.

Esta patología no tiene una sola causa, sino que es probable que se dé por la combinación de varias. Por ello ahora un grupo de investigadores australianos se ha propuesto estudiar de manera conjunta más de 100 factores de riesgo genéticos de la esclerosis múltiple.

Este avance acerca a los científicos a la comprensión del desarrollo de la enfermedad y a la mejora de la calidad de vida de las personas que la padecen. El proyecto lo dirige Hamish King, del WEHI, el instituto de investigación médica más antiguo de Australia.

Durante las últimas dos décadas, grandes estudios genéticos habían identificado cientos de pequeños cambios en el ADN relacionados con un mayor riesgo de esclerosis múltiple. Sin embargo, la mayoría de estos cambios no alteran los genes directamente.

Afectan, eso sí, a la forma en que los genes se activan y desactivan dentro de las células inmunitarias, lo que dificulta comprender exactamente cómo contribuyen a la enfermedad.

Base de nuevas terapias

El equipo que dirige King se encargará de analizar estos factores en células del sistema inmunitario midiendo cómo alteran la actividad genética y el comportamiento inmunitario, tanto individualmente como en conjunto.

Este conocimiento podría ayudar a desarrollar tratamientos más precisos y, en última instancia, a mejorar los resultados a largo plazo para las personas que viven con esta enfermedad (más de dos millones en todo el mundo).

La dificultad hasta el momento había sido técnica, pues ninguna tecnología había sido capaz de estudiar los efectos combinados de tantas variantes a la vez. La nueva herramienta que desarrollará el equipo australiano pretende superar precisamente esta barrera.

El foco del proyecto son los linfocitos B, un tipo de célula inmunitaria en la que se concentra buena parte de las variantes genéticas asociadas a la esclerosis múltiple.

Al mapear cómo estas diferencias genéticas alteran su función, los investigadores esperan identificar las rutas moleculares clave que contribuyen al desarrollo de la enfermedad.

Los investigadores advierten que, aunque los resultados podrían sentar las bases para terapias más personalizadas, el camino hasta su aplicación en pacientes podría llegar a superar los 10 años.

En esta enfermedad el propio cuerpo ataca por error al cerebro y también a la médula espinal, destruyendo la mielina que protege todas nuestras fibras nerviosas.

El avance implacable de la enfermedad puede mermar rápidamente aspectos tan básicos como la visión ocular, las funciones cognitivas, los niveles diarios de energía física y la capacidad de movilidad general.

Por ello, esta investigación, financiada con una ronda de subvenciones que asciende a 2,4 millones de euros, podría abordar una laguna que existe desde hace tiempo en la genética de la esclerosis múltiple.