Preparando una legendaria paella.

Preparando una legendaria paella. Alexia Agurto / Pexels

Salud

Un gran estudio confirma que empezar a comer sano a los 45 aumenta la esperanza de vida hasta 3 años

La investigación confirma que adoptar hábitos alimentarios saludables ayuda a ganar años de vida a cualquier edad.

Más información: Confirmado, la longevidad se hereda: más del 50% de la esperanza de vida depende de los genes y no del ambiente

P. Fava
Publicada

Las claves

Adoptar una alimentación saludable a partir de los 45 años puede aumentar la esperanza de vida entre 2 y 3 años en hombres y entre 1,5 y 2,3 años en mujeres.

El estudio, realizado con más de 103.000 participantes del Biobanco de Reino Unido, encontró beneficios en longevidad sin importar la predisposición genética.

Las dietas que más beneficios mostraron fueron la dieta de reducción del riesgo de diabetes en hombres y la dieta mediterránea en mujeres.

Incluso mejoras modestas en la dieta, aunque no sea óptima, pueden prolongar la vida, y hacerlo a cualquier edad aporta beneficios.

Adoptar una alimentación saludable a partir de los 45 años se relaciona con una ganancia de entre dos y tres años de esperanza de vida en hombres, y de entre 1,5 y 2,3 años en mujeres. Así lo afirma un estudio realizado con datos de más de 103.000 participantes en el Biobanco de Reino Unido.

Los efectos positivos para la longevidad se registraron en los hombres que siguieron una dieta de reducción del riesgo de diabetes (DRRD, por sus siglas en inglés) y para mujeres que se alimentaron al estilo de la dieta mediterránea, según el artículo publicado en Science Advances.

"Este trabajo trata de responder a la pregunta clásica sobre si los estilos de vida, en particular la dieta, son capaces de modificar nuestra predisposición genética a ser más longevos", explica Esther López García, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología, a Science Media Centre.

Lo que apreciaron los investigadores fue que una década después de comenzar el seguimiento, aquellos participantes que consumieron una dieta saludable de entre cinco opciones -dieta mediterránea, dieta de reducción de la diabetes, dieta contra la hipertensión, dieta basada en plantas y dieta alternativa saludable- mostraron menor riesgo de morir prematuramente, independientemente de lo que determinaría su genoma.

"El artículo viene a reforzar los conocimientos previos que ya teníamos sobre el tema", añade Dolores Corella, investigadora del CIBEROBN y catedrática de la Universidad de Valencia. "Lo más importante actualmente es que podamos tener una esperanza de vida libre de enfermedad y de consumo elevado de fármacos. A ello contribuyen la dieta saludable, además de la actividad física, el sueño saludable, no fumar y otros estilos de vida sana".

"Se trata de un trabajo bien realizado en una base de datos con información de alta calidad de miles de participantes", celebra Fernando Rodríguez Artalejo, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador de CIBERESP e IMDEA Food. El especialista desgrana los principales aportes del estudio:

- Seguir una dieta mediterránea de forma óptima (comer bastante frutas y verduras, la preferencia por cereales son integrales frente a los refinados, y consumiendo proteínas principalmente de origen vegetal, minimizando el consumo de bebidas azucaradas y otros productos ricos en azúcar y/o sal) puede aumentar la esperanza de vida hasta en 2-3 años a partir de los 45 años, en comparación con las personas que siguen una muy mala dieta.

- Si no es posible seguir una dieta óptima, mejorarla un poco es mejor que nada, pues ello también puede prolongar la vida. Nunca es tarde para mejorar la dieta, pues seguir una dieta óptima a los 80 años se asocia a una ganancia de hasta dos años de vida para hombres, en comparación con los que tienen una dieta muy mala a esa edad, y de hasta un año en mujeres.

"El siguiente paso es investigar qué parte de esta ganancia en la esperanza de vida se produce en un buen estado de salud (esperanza de vida saludable)", concluye el experto.