Ana María Páez y su hijo Adrián en una imagen cedida.

Ana María Páez y su hijo Adrián en una imagen cedida.

Salud

Adrián sufrió un grave daño cerebral y Antonia perdió a su hija neonata: los rostros de la negligencia médica en España

En 2025 se interpusieron casi 15.000 denuncias por este tipo de fallos en España, casi 900 más que el año anterior.

Más información: Las claves del fallo mortal en el Hospital de Burgos: "Los errores con la medicación oncológica son infrecuentes, pero graves"

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Hace 898 días que Antonia Jurado (Villanueva de Córdoba (Córdoba), 45 años) no puede abrazar a su hija, según su propia cuenta. Errar es humano, pero la magnitud de ese error puede truncar vidas para siempre. La suya cambió el 11 de agosto de 2023, cuando su recién nacida murió a causa de una negligencia médica.

Debido a una demora en el parto, la pequeña murió a las 12 horas de nacer. "Ni siquiera pude verla", lamenta en conversación con EL ESPAÑOL. El personal médico tardó casi cinco horas en llevar a cabo la extracción del bebé, a pesar de que la monitorización mostraba signos de falta de oxígeno.

Ana María Páez (Valladolid, 51 años) también ha vivido el dolor de la negligencia. En menos de dos horas, su hijo, Adrián, pasó de ser un niño sano a tener una gran dependencia como consecuencia de uno de estos fallos.

Su historia comienza en diciembre de 2012, cuando lo lleva a un centro de resonancias magnéticas de Valladolid. La pediatra le había recomendado esta prueba después de que la madre le dijera que había notado ciertas anormalidades a nivel cognitivo en el pequeño, que entonces tenía un año y tres meses.

Para agilizar el proceso, Páez decidió buscar un centro privado. Cuando llegan, el personal le dice que lo mejor es sedar a su hijo para realizarle la resonancia, ya que requiere estar completamente inmóvil para que la imagen salga bien.

Ella accede sin imaginar que todo se torcería. El anestesista le administró Propofol (un anestésico muy utilizado), a pesar de que el menor era alérgico al huevo y el fármaco contiene derivados de este alimento.

Como consecuencia, Adrián sufrió una parada cardiorrespiratoria que le provocó graves secuelas neurológicas. Actualmente, tiene 14 años y no puede caminar ni hablar. Solo se puede expresar a través de un comunicador electrónico aumentativo que funciona detectando el movimiento de sus ojos.

El pasado octubre, una sentencia judicial le daba razón a la vallisoletana y obligaba a la aseguradora de la clínica a indemnizar a su familia con más de un millón de euros.

Unos meses antes, en mayo, a Jurado le ocurrió lo mismo al firmar un acuerdo extrajudicial con el Servicio Andaluz de Salud. Tras una lucha que ha durado años, ha conseguido justicia para su hija.

Sus casos no son aislados. En 2025 se dispararon las denuncias por negligencia médica en España, como cuenta la asociación El Defensor del Paciente. El año pasado, esta organización recibió 14.986 casos en esta situación, 898 más que en 2024, con una media de 41 al día.

De ellos, 951 acabaron en muerte, 153 más que el año anterior. Igual que les ocurrió a ellas, los casos más habituales se produjeron por mala praxis, que incluye, entre otros, intervenciones mal realizadas, altas precipitadas, atención deficiente, infecciones hospitalarias y retrasos en ambulancias.

Un sistema sanitario colapsado

El Defensor del Paciente atribuye estas cifras a un sistema sanitario colapsado con profesionales saturados. Desde la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS) están de acuerdo con esa conclusión.

Miguel Ángel García, responsable de formación en la entidad madrileña, cree que en España, "por desgracia, la situación de sobrecarga y saturación no solo se cronifica, sino que se acumula y empeora de año en año".

Ángela Hernández, secretaria general del sindicato médico, lo reconoce, pero cree que la concienciación al respecto está aumentando. "Somos cada vez más conscientes [de las negligencias] y la cultura de los centros va cambiando en el sentido de incrementar la notificación y buscar cómo minimizarlas".

Antonia Jurado y su marido en la primera fotografía que se hicieron después de perder a su hija.

Antonia Jurado y su marido en la primera fotografía que se hicieron después de perder a su hija.

El sistema sanitario español atiende un gran volumen de pacientes al año. Solo en atención primaria hay unas 360 millones de visitas al año, cuenta Lourdes Luzón, coordinadora del grupo de trabajo de Seguridad del Paciente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC).

A pesar de los errores, señala, "cada vez se trabaja con más herramientas para minimizarlos [fallos], para trabajar en entornos más seguros y para mejorar la calidad asistencial". La facultativa hace un llamamiento para continuar trabajando con todas las categorías y todos los niveles asistenciales y seguir creando entornos más seguros para los pacientes.

La cordobesa cuenta que lo más duro para ella, aparte de irse a casa sin su niña, fue la falta de información. Cuando dejó el hospital no sabía qué era lo que había ocurrido, nadie habló con ella para explicárselo ni reconocer los errores cometidos.

Ese silencio fue lo que la llevó a poner una demanda. "Si me hubiesen dado una explicación, un mínimo, yo no hubiese denunciado, jamás", sentencia.

Una vida completamente distinta

Páez y su marido tuvieron que ir hasta Madrid para conseguir un diagnóstico claro sobre lo que le ocurría a su hijo. Ante las dudas de los profesionales del hospital de su ciudad, decidieron llevarlo al Hospital Niño Jesús, en la capital, donde le volvieron a hacer una resonancia magnética.

El resultado les dio un diagnóstico contundente: daño cerebral por falta de oxígeno durante parada cardiorrespiratoria. Esto quiere decir que su corazón tenía que haber estado parado más de 30 segundos. Debió estarlo, al menos, más de cinco, le explicaron los profesionales que atendieron a Adrián en el nuevo centro.

Antes de eso, Páez describe a su hijo como un niño muy activo. A los cuatro meses sujetaba la cabeza sin ningún problema y poco tiempo después "era rapidísimo gateando".

Además del daño cerebral que ya sabían, más adelante los padres descubrieron que el menor sufría Síndrome de Angelman, un trastorno genético-neurológico raro que causa, entre otros, problemas cognitivos y motores.

Adrián lo estaba desarrollando en una fase muy leve, pero la hipoxia a consecuencia de esa reacción alérgica y el daño cerebral acabaron por empeorar también esta dolencia, describe la progenitora.

Sobrevivir sin su hija

La mayoría de negligencias se produjeron en cirugía plástica y en partos. El año pasado, 115 bebés nacieron con alguna discapacidad, siete neonatos más que en 2024. Son casos relacionados con hipoxias durante el alumbramiento.

Este problema se produce cuando el pequeño no recibe suficiente oxígeno, causando secuelas graves como parálisis cerebral, retrasos en el desarrollo o problemas neurológicos. Los casos más graves, como el de la hija de Jurado, acaban en fallecimiento.

En la memoria anual que realiza El Defensor del Paciente con estos datos, describen: "Aunque no toda hipoxia supone una mala praxis médica, la negligencia se produce cuando existe una falta de control durante el parto, cuando se ignoran las alteraciones en el registro cartográfico o cuando, por una decisión tardía, se practica una cesárea de urgencia".

Eso fue lo que le ocurrió a Jurado. Ingresó a las nueve de la mañana en urgencias del hospital tras ponerse de parto. Era un procedimiento completamente normal, se habían completado las 40 semanas de gestación y, durante el embarazo, no había existido ningún problema. "Ni siquiera tuve la tensión alta".

A las siete de la tarde el monitor que comprobaba el estado del bebé empieza a dar signos de fatiga fetal, pero ningún profesional les dice nada. No le hacen pruebas para comprobarlo ni se la llevan a quirófano para extraer a la niña mediante cesárea y evitar posibles riesgos.

No fue hasta medianoche que la llevaron al paritorio, donde acabaron maniobrando con fórceps media hora después para sacar a la bebé. "Supe que algo iba mal porque no lloraba".

Ante la ausencia de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) neonatal en ese hospital, trasladan a la niña al Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, a 100 kilómetros de sus padres. Jurado acaba en la UCI del mismo hospital donde da a luz por una hemorragia intrauterina.

A la mañana siguiente, su marido recibió una llamada del centro en el que se encontraba su pequeña para comunicarle que, ante la falta de respuesta y el daño cerebral, la mejor decisión era desconectarla.

Jurado, que seguía en la UCI, solo pudo ver a su hija antes de morir a través de una foto. "Cuatro días después, la matrona vino a darnos el pésame y me dijo que no había ningún signo de falta de oxígeno en los monitores".

No obstante, ella ha leído todos los informes sobre su caso, incluido el de monitorización, y sabe que no es así y sí que hubo señales de fatiga fetal.

Tres años después, ella y su marido han necesitado terapia psicológica y las secuelas en su salud mental forman parte de su vida. "Sobrevives, porque desde ese día no se vive, te da igual todo". De hecho, ella cuenta cada día que habría pasado con la pequeña.

Silencio

Páez y Jurado tienen varias cosas en común en sus experiencias: decidieron casi inmediatamente que interpondrían una denuncia y conseguir los documentos en los respectivos centros sanitarios no fue tarea sencilla.

La vallisoletana fue al centro de resonancias y pidió el informe del monitor cardíaco para saber cuándo se había parado el corazón de Adrián y cuándo se había recuperado. "Me dijeron que no le habían monitorizado, que no tenía ni un pulsímetro siquiera".

Por su parte, la cordobesa, tardó casi un año en recabar todos los informes necesarios para sacar adelante la noticia.

Además, los centros sanitarios no se pusieron en contacto con ellas en ningún momento tras interponer las denuncias pertinentes. "No supimos nada de ellos hasta el día del juicio siete años después", critica la madre de Adrián.

Ella pudo resolver el proceso en octubre de 2025, 13 años después. Para Jurado, el camino fue más corto y concluyó unos meses antes, en mayo, casi dos años después de que ocurriera todo. Ambas lo describen como un alivio. "Es la prueba de que no estás loca", celebra la primera.