En el listado de las patologías aparecen algunas con altas tasas de mortalidad como la demencia o el infarto de miocardio.

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Salud

Una IA predice el riesgo de hasta 130 enfermedades a partir de una sola noche de sueño: de demencia a cáncer de mama

Científicos de la Universidad de Stanford han creado esta nueva herramienta, entrenada con casi 600.000 horas de sueño de unas 65.000 personas.

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Con la inteligencia artificial (IA) se están logrando avances en la medicina que parecían impensables hasta hace unos años. Además de ayudar a diseñar nuevos fármacos, esta tecnología también va a poder predecir enfermedades.

Aunque parezca ciencia ficción, lo cierto es que ya hay varios estudios en los que así ha quedado demostrado. El más reciente, de hecho, lo ha conseguido con los datos de una sola noche de sueño.

Este nuevo modelo de IA, que permite predecir el riesgo de desarrollar hasta 130 enfermedades, tiene el curioso nombre de SleepFM (DormirFM, en español). Para entrenarlo han sido necesarias 600.000 horas de sueño de unas 65.000 personas.

Los datos proceden de polisomnografías (PGS), una prueba que se utiliza para diagnosticar trastornos del sueño. En ella no sólo se registra la actividad del cerebro, sino que también recoge información muscular, ocular y cardíaca.

El sueño como biomarcador

En la práctica clínica se utiliza el llamado índice de concordancia (índice C) para indicar qué tan bien un modelo de predicción es capaz de ordenar correctamente a las personas según su riesgo de enfermar o morir.

SleepFM predice las 130 enfermedades con un índice C de al menos 0,75; lo que significa que tiene una buena capacidad para ordenar quién es más probable que enferme antes.

El modelo, eso sí, presenta valores más altos en enfermedades con elevadas tasas de mortalidad como son la demencia (0,85), el infarto de miocardio (0,81) e insuficiencia cardíaca (0,80). También puede predecir el riesgo de morir por cualquier causa.

Como explica a EL ESPAÑOL James Zou, profesor asociado en la Universidad de Stanford y autor principal del citado estudio, el siguiente paso es ampliar el modelo a los wearables, puesto que recogen datos menos detallados.

En este sentido, el fundador del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia y experto en medicina del sueño, Juan Antonio Madrid, realiza una advertencia: "Los datos de estos relojes inteligentes pueden comprarse si no se protegen lo suficiente".

Y es que no estaríamos hablando de cuánto pesa una persona o de la cantidad de kilómetros que recorre cada día, sino del riesgo que puede tener de desarrollar una enfermedad. Unos datos que podrían utilizarse de manera discriminatoria por parte de aseguradoras.

Zou aclara que se trata de "un proyecto de investigación", con el rigor científico que se le exige a una universidad como la de Stanford, aunque ya ha habido compañías, como 23andMe, que han tenido problemas con la protección de datos genéticos.

Otra de las limitaciones del trabajo es, como reconocen los propios autores, que los datos no son representativos de toda la población, pues procedían de pacientes que habían sido derivados a consulta por sospechas de algún trastorno del sueño.

Madrid entiende que podría ampliarse a personas sin ninguna alteración importante de su sueño. El problema es que no existen cohortes tan grandes de este grupo; y, además, ya hay una alta demanda para hacer polisomnografías.

Coincide con él Carlos Teixeira, miembro del grupo de trabajo de técnicos de sueño de la Sociedad Española de Sueño (SES), quien cree que se puede intentar transformar el sueño en un biomarcador.

"A día de hoy estamos tratando siempre de asociar biomarcadores a enfermedades, y lo que demuestra este estudio es que el sueño es muy importante: convierte las ocho horas de registro de la PSG en una fotografía fisiológica de la persona".

"Pasamos alrededor de un tercio de nuestra vida durmiendo pero aún hay mucho que no comprendemos sobre el sueño", añade Zou. "Nuestro modelo de IA abre nuevas vías para la medicina del sueño".

Predecir enfermedades sin cura

Uno de los aspectos más destacables de este último trabajo es que se logra una gran precisión con los datos de una sola noche de sueño, pues ya había habido otros investigadores que habían publicado herramientas similares.

Las dudas que surgen tras estas investigaciones van más allá del uso que se haga de los datos. "¿Cuál es el beneficio para un paciente si la patología diagnosticada no tiene cura?", se pregunta Guillermo Lazcoz, investigador posdoctoral en el CIBER de Enfermedades Raras (CIBERER).

El experto en derecho biomédico sugiere que esta información podría hacer que una persona se sintiera culpable o estuviera en un estado de hipervigilancia constante. "Hay quienes querrían saberlo porque piensen que les viene bien", contrapone Madrid.

"Por otro lado", prosigue, "tampoco estaría de más conocerlo porque la evolución de los tratamientos es muy rápida, además de que hay hábitos que se pueden incorporar para retrasar su aparición".

El especialista en cronobiología incide en la importancia de anonimizar estos datos para que no se puedan asociar a un individuo concreto. También advierte que "no podemos ser los esclavos de la IA", dejando que la última palabra sobre un diagnóstico no proceda de un humano.