Alia Sabur. Getty Images

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Ciencia

Alia, licenciada 'cum laude' en matemáticas con 14 años y profesora a los 18: “Esperaba convertirme en adulta normal”

Miles de personas con altas capacidades intelectuales alcanzan la edad adulta con una sensación persistente de transición incompleta, desajuste, excesiva autoexigencia y profundo malestar.

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Las claves

Alia Sabur aprendió a leer con ocho meses, ingresó en la universidad a los 10 años y fue nombrada profesora universitaria poco antes de cumplir 19, siendo la más joven registrada en el Guinness.

A pesar de sus logros, Sabur experimentó dificultades personales y desencanto con el mundo académico, lo que la llevó a reinventarse como abogada especializada en propiedad intelectual.

Su historia ilustra los desafíos de las personas con Altas Capacidades, quienes a menudo sufren desajustes, baja autoestima y perfeccionismo debido a la falta de reconocimiento y adaptación social.

En España, se estima que solo una pequeña parte del 2% de la población con Altas Capacidades está identificada, lo que contribuye a problemas de integración y bienestar.

Alia Sabur se convirtió en un fenómeno mediático cuando todavía era una adolescente. Aprendió a leer con solo ocho meses, completó la primaria a los cinco años y, mientras otros niños jugaban, ella se formaba como clarinetista y obtenía un cinturón negro de taekwondo. Incluso los mejores colegios privados de Nueva York consideraron que su nivel era demasiado avanzado para poder acogerla.

Ante esa falta de encaje, Sabur ingresó en la universidad con apenas 10 años para estudiar Matemáticas Aplicadas. A los 17 ya había obtenido un máster en ciencia e ingeniería de materiales y, tres días antes de cumplir los 19, fue nombrada profesora universitaria, convirtiéndose en la más joven del mundo según el Libro Guinness de los Récords.

Nacida el 22 de febrero de 1989, Sabur encarnó durante años el ideal del talento excepcional. Su llegada a la Universidad de Konkuk, en Corea del Sur, la situó en los titulares internacionales y rompió una marca que llevaba más de dos siglos sin superarse. Con el paso del tiempo, aquel logro dio paso a una realidad menos deslumbrante y más compleja.

La acumulación de hitos en tan poco espacio de tiempo dejó poco margen para el desarrollo personal. “Creo que suele haber un periodo de transición para personas como yo, que hacemos muchas cosas muy pronto”, explicaba en declaraciones recogidas por The Irish Times. “Durante mucho tiempo, todo lo que haces es especial únicamente por tu edad”.

Años después, la ingeniera reflexionaba con mayor distancia sobre ese proceso. “Inevitablemente, o eso esperas, creces y te conviertes en un adulto normal”, señalaba. En su caso, añadía, batir el récord Guinness había ocurrido ya siete años atrás y, desde entonces, había tenido tiempo para “trabajar en ser yo”.

Ese proceso coincidió con su desencanto con el mundo académico durante su etapa doctoral en Estados Unidos. La experiencia resultó frustrante y terminó alejándola definitivamente de la carrera universitaria. “Fue una época bastante dura. Tenía todo un plan para terminar el posgrado, obtener el doctorado y convertirme en profesora. Cuando eso se descarriló, todo quedó en el aire”, recordaba.

Tras ese punto de inflexión, Sabur decidió reinventarse. Se especializó en propiedad intelectual y pasó a trabajar como abogada en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos, donde combina su formación técnica con la defensa de los derechos de otros investigadores. Aun así, insiste en que su trayectoria permanece abierta.

En una visita a Dublín para participar en el Undergraduate Awards Global Summit, un encuentro descrito como el “Davos de los estudiantes”, Sabur compartió su experiencia con jóvenes brillantes que afrontan decisiones clave al finalizar la universidad. Muchos de ellos, explicaba, sienten la presión de tener que justificar un potencial que parece ilimitado.

“Quería insistir en que no tienen por qué sentirse atrapados por su trabajo previo o por las expectativas de los demás”, afirmaba. “Incluso cuando sientes que has invertido muchísimo en una dirección, sigue habiendo tiempo para hacer otra cosa”, reflexionaba. “Ahora mismo me estoy dando la libertad de reevaluar y recalibrar lo que hago”.

Una realidad complicada e invisible

El recorrido vital de Alia Sabur es solo un caso entre muchos. Miles de adultos con Altas Capacidades Intelectuales alcanzan la madurez sin haber sido identificados y conviven durante años con una sensación persistente de desajuste, sin comprender por qué su forma de pensar y sentir no encaja del todo en los marcos habituales.

Durante décadas, la atención educativa se ha centrado casi exclusivamente en detectar prodigios infantiles. Sin embargo, estudios recientes muestran que el talento temprano no garantiza ni estabilidad ni equilibrio personal en la edad adulta, y que muchos perfiles de altas capacidades pasan desapercibidos hasta bien entrada la madurez.

Ese desfase entre potencial y reconocimiento explica buena parte del malestar posterior. Según Jorge Albaladejo, autor de Manual de supervivencia para unicornios, muchas personas con Altas Capacidades pasan la vida intentando adaptarse a estructuras que no comprenden su manera de procesar la realidad. Cuando esa diferencia pasa inadvertida, la incomprensión del entorno suele acabar traduciéndose en problemas psicológicos secundarios.

En la vida adulta, esa falta de identificación no suele manifestarse de forma evidente, sino fragmentada. La baja autoestima aparece tras años de escuchar que sus ideas son excesivas o difíciles de seguir. El síndrome del impostor se instala cuando la rapidez mental lleva a pensar que cualquiera podría hacer lo mismo. Y el perfeccionismo se convierte en una exigencia constante difícil de sostener en el tiempo.

A ello se suma, en muchos casos, una intensa necesidad de conexión emocional. Tras una trayectoria marcada por la sensación de aislamiento intelectual, algunas personas con Altas Capacidades bajan la guardia en sus relaciones, lo que las expone con mayor facilidad a vínculos desequilibrados o dependientes. En el ámbito laboral, el aburrimiento extremo y la lentitud de los sistemas tradicionales suelen derivar en conflictos y recorridos irregulares.

Las cifras apuntan a una realidad ampliamente invisibilizada. Se estima que alrededor del 2% de la población tiene Altas Capacidades Intelectuales, por lo que en España habría cerca de 900.000 personas en esta situación. Sin embargo, solo una pequeña parte está identificada o vinculada a asociaciones especializadas, mientras la mayoría continúa viviendo sin una explicación clara de su malestar.