Ilustración que muestra la corona de un agujero negro supermasivo donde aparecen remolinos cónicos y pálidos sobre el disco de acreción.

Ilustración que muestra la corona de un agujero negro supermasivo donde aparecen remolinos cónicos y pálidos sobre el disco de acreción. NASA

Ciencia

La muerte de nuestro Universo se acelera: un nuevo cálculo adelanta 'considerablemente' la fecha de su destrucción

Al aplicar una de las ideas de Stephen Hawking al vacío cuántico, un grupo de físicos concluye que el Universo se 'desgastaría' antes.

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Las claves

Un nuevo estudio sugiere que la muerte del Universo podría ocurrir mucho antes de lo estimado previamente, reduciendo la cifra de 10^1100 años a 10^78 años.

El mecanismo propuesto se basa en la evaporación cuántica, similar a la radiación de Hawking, pero aplicado también a objetos muy compactos como las enanas blancas.

Si este proceso es correcto, las enanas blancas, consideradas los objetos más duraderos del cosmos, se disolverían mucho antes de lo que se pensaba.

Algunos físicos advierten que los nuevos cálculos se basan en modelos idealizados y que la extensión del mecanismo cuántico a toda la materia aún es motivo de debate científico.

Si el Universo fuese una cuenta atrás, la mayoría de cosmólogos diría que aún queda tanto tiempo que el número se vuelve casi literario: un 1 seguido de cientos (o miles) de ceros.

Pero un nuevo estudio ha movido la aguja en el terreno de los exponentes: al aplicar un proceso de evaporación cuántica tipo Hawking en objetos muy compactos, proponen que el techo para la longevidad de los restos estelares más persistentes podría estar más cerca de lo que algunas cifras clásicas citan cuando este mecanismo no se consideraba.

De 10^1100 años —un 1 con 1.100 ceros—, la nueva cifra sería de 10^78 —un 1 con 78 ceros—.

La historia arranca con una de las ideas más famosas —y más incómodas— de la física moderna. En 1975 Stephen Hawking publicó que, al incorporar efectos cuánticos, un agujero negro no se limita a tragar materia: también puede "crear y emitir partículas", como si tuviera temperatura.

Eso implica una consecuencia que, a primera vista, parece casi una broma cruel para la relatividad clásica: el agujero negro pierde energía poco a poco, y con el tiempo se encoge.

Aquí conviene poner una advertencia: el dibujo popular de parejas de partículas virtuales que se separan justo en el horizonte es útil como metáfora, pero no es la derivación completa. Incluso en textos de divulgación rigurosa se insiste en que esa imagen puede llevar a malentendidos sobre dónde y cómo se genera la radiación.

Y, además, la radiación de Hawking no se ha detectado directamente en el espacio: para agujeros negros de masa estelar sería increíblemente tenue. Lo que sí existe es evidencia en análogos de laboratorio (por ejemplo, horizontes acústicos), que sirven como pistas, no como confirmación astrofísica directa.

Con ese telón de fondo, el giro que introduce este grupo de científicos es el que ha disparado los titulares: proponen que un mecanismo parecido a la evaporación no sería exclusivo de los agujeros negros.

En un artículo de Physical Review Letters describen un marco de "producción gravitacional de pares" inspirado en el efecto Schwinger (la creación de pares por campos intensos), pero trasladado a la curvatura del espacio-tiempo.

La idea, simplificada: una gravedad suficientemente intensa podría arrancar partículas del vacío cuántico, de manera análoga a como Hawking calculó para los agujeros negros.

El paso siguiente es inevitable: si ese goteo cuántico existe, ¿cuánto tardan en desgastarse los objetos más duraderos del cosmos? En su trabajo posterior, estiman tiempos de evaporación para varios supervivientes del futuro lejano y concluyen que las enanas blancas —los núcleos compactos que quedan tras morir estrellas como el Sol— se disolverían en torno a 10^78 años en un escenario idealizado donde este mecanismo manda y no hay otras influencias.

Ese número funciona como un reloj cósmico porque, en muchos relatos del futuro del Universo, las enanas blancas son de lo último que queda encendido o, al menos, existente como objeto.

¿Por qué enanas blancas? Porque son, a su modo, 'carbón comprimido' estelar: ya no fusionan nada, se sostienen por presión de degeneración y se limitan a enfriarse durante eones.

Fred Adams y Gregory Laughlin, en una revisión sobre el destino a larguísimo plazo de los objetos astrofísicos, las colocaban en esa categoría de remanentes longevos que dominan el paisaje cuando el Universo ya sea viejo de verdad.

La propuesta de Falcke y sus colegas no discute esa longevidad… pero introduce una fuga cuántica que, si es real y dominante, pondría fecha de caducidad incluso a esos restos.

Lo más llamativo para el gran público es el contraste: 10^78 suena inmenso, pero es muchísimo menos que 10^1100. Ese '10^1100' aparece, por ejemplo, en escenarios donde se asume que ciertas transformaciones ultralentas (como fusiones pico nucleares en una estrella enana negra) acabarían disparando explosiones tardías.

Matthew Caplan calculó que las primeras supernovas de enanas negras no empezarían hasta tiempos del orden de 10^1100 años. Si el nuevo mecanismo de evaporación se adelantara, esas explosiones serían, literalmente, un espectáculo que nunca llega a encenderse: el combustible se habría ido perdiendo antes.

Ahora bien, hay una razón por la que algunos físicos piden frenar el entusiasmo. Primero, porque el propio planteamiento usa aproximaciones (objetos ideales, condiciones muy simplificadas) para poder extraer escalas de tiempo.

Segundo, porque extender el proceso descrito por Hawking a cualquier masa con gravedad es una afirmación fuerte que no todo el mundo compra tal cual. De hecho, han circulado réplicas y debates técnicos sobre cómo interpretar el resultado y qué significa exactamente 'evaporación' en este marco.

Y, en paralelo, divulgadores críticos han señalado que muchos titulares convierten un límite bajo condicional ("si solo cuenta este efecto…") en una sentencia sobre el fin del Universo, que es otra cosa.

Además, hay otros relojes que podrían adelantarse aún más, dependiendo de la física fundamental. El ejemplo más famoso es el decaimiento del protón: no se ha observado, pero sí se han puesto límites experimentales enormes. Un grupo de científicos, en 2024, publicó nuevos datos que mostraban que, si el protón sí decae, la materia corriente podría desdibujarse muchísimo antes de llegar a escalas tipo 10^78.