El cardiólogo José Abellán, famoso en redes sociales.

El cardiólogo José Abellán, famoso en redes sociales.

Salud

José Abellán (38 años), sobre el sueldo de un médico: "Ronda los 4.000 € con guardias. Yo, con charlas y las redes, puedo duplicarlo"

Abellán es uno de los médicos más seguidos en redes sociales. Acumula más de 800.000 'followers' en Instagram, donde divulga sobre cardiología.

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Raquel Díaz
Publicada
Actualizada

Las claves

José Abellán, cardiólogo y divulgador, destaca cómo los ingresos de un médico en España pueden aumentar significativamente con guardias, charlas y redes sociales.

El salario base de un médico en España es de 2.400-2.500 euros, que puede duplicarse con guardias, alcanzando los 4.000 euros mensuales.

Abellán utiliza las redes sociales para divulgar y aumentar sus ingresos, aunque advierte que estos ingresos adicionales no son constantes ni garantizados.

El cardiólogo promueve la prevención sobre la enfermedad, destacando la importancia de hábitos saludables y cuestionando ideas preconcebidas sobre el alcohol y la actividad física.

El fenómeno de los médicos-divulgadores ha reconfigurado el escaparate sanitario español, y pocos casos ilustran mejor esa hibridación entre bata, cámara y micrófono que el de José Abellán.

El cardiólogo más seguido en redes no solo atiende a pacientes y publica un libro o una newsletter; también transparenta una cuestión que rara vez se verbaliza en primera persona: cuánto gana realmente un médico en España y de qué forma los ingresos crecen —o no— cuando a la nómina hospitalaria se suman patrocinios, charlas y proyectos propios.

Abellán lo dice sin rodeos, con el desorden natural del lenguaje hablado que delata franqueza. "Mira, un médico en España, eh, su sueldo base son 2.400-2.500 euros. Con guardias, más o menos, podemos duplicar ese sueldo casi, ¿no? Nos quedamos en 4.000 y pico", explica en el podcast de Webpositer.

El punto de partida, por tanto, encaja con lo que muchos especialistas repiten en privado: que la clave está en las guardias. Son horas duras, a menudo nocturnas, que sostienen la asistencia y, de paso, evitan que el salario se quede en el tramo más bajo de la escala.

Sueldo base y el factor guardias

La segunda capa llega con la marca personal, algo que no existía así hace una década. "Entonces luego, pues yo en los días tengo algún patrocinio con alguna marca y luego pues charlas que me salen y tal, pues al final yo creo que estaré casi duplicando, duplicando ese sueldo y no creo que llegue todos los meses, pero pues ahí pues está".

No es un ingreso fijo, advierte, sino una suma intermitente de acuerdos comerciales y honorarios por conferencias.

La aritmética final que ofrece es tan directa como prudente: "al final yo creo que estaré casi duplicando, duplicando ese sueldo y no creo que llegue todos los meses, pero pues ahí pues está".

La clave está en el doble "duplicando": primero, el salto de 2.400-2.500 a "4.000 y pico" con guardias; después, el extra reputacional que puede empujar el total más arriba. La advertencia llega a renglón seguido: "no creo que llegue todos los meses", reconocimiento explícito de que los picos conviven con valles.

Un mes con dos congresos y una campaña bien pagada empuja el total hacia ese "casi duplicando… ese sueldo"; otro mes, sin bolos ni patrocinios, la cifra cae al escalón "4.000 y pico" de las guardias. No hay linealidad ni promesa de continuidad; hay exposición a la oportunidad. El capítulo de proyectos propios —libro, newsletter— encaja como tercer carril, más estratégico que inmediato.

Son productos que no dependen de una marca concreta ni de un auditorio puntual, pero tampoco garantizan un fijo comparable a una paga extra. Aun así, ayudan a estabilizar el flujo: si un patrocinio falla, una suscripción puede amortiguar; si se encoge la agenda de charlas, un lanzamiento editorial puede equilibrar el trimestre.

El retrato económico, sin embargo, no se entiende sin su cruzada de fondo: prevenir antes que curar. Abellán contrapone de manera insistente la potencia del sistema para tratar la enfermedad con su debilidad estructural para evitarla. Defiende que "el éxito está en la prevención" y que "las únicas personas que van a pensar de verdad en nosotros, somos nosotros mismos".

La entrevista completa lo muestra cómodo bajando al barro fisiológico cuando toca explicar por qué el estrés crónico no es un tópico etéreo, sino una cascada medible: "Aumento de la presión arterial, aumento de la resistencia a la insulina, aumento del colesterol en sangre… aumento de la frecuencia cardiaca". La idea es simple y perturbadora: los estresores psicológicos disparan respuestas biológicas diseñadas para amenazas puntuales; cuando se vuelven permanentes, “ese estrés crónico sí que sabemos que es perjudicial desde el punto de vista cardiovascular”.

De la consulta al escaparate

En ese paisaje, las redes sociales ocupan un lugar incómodo. Valen como altavoz —de hecho, han apuntalado su carrera pública—, pero también como fuente de ruido, comparación tóxica y sueño fragmentado. Abellán reconoce el equilibrio delicado: divulga en Instagram y a la vez admite que ese ecosistema "exige una cierta dependencia", estadísticas incluidas.

El diagnóstico cultural es claro: "Se viven auténticas congregaciones para ir en contra de alguien… eso te puede marcar y puede ser un trauma". Si se mira desde el miocardio, el veredicto es clínico: más estrés, peor pronóstico.

Aprovecha para desmontar comodidades ancladas en el imaginario popular. El alcohol, por ejemplo. Puede reducir trombosis en escenarios muy acotados, concede, pero en el balance global "la cantidad segura es cero".

Con el café, en cambio, su lectura es más benigna dentro de límites razonables diarios. Y cuando le preguntan por el estándar de los "10.000 pasos", quita hierro al número fetiche —nació como gancho publicitario— y se queda con lo que importa: moverse más y, cuando se pueda, más rápido.

En nutrición, niega a la lista infinita de buenos y malos y opta por una regla que opera en la vida real: "El mayor esfuerzo en la alimentación de una persona debería de ser a la entrada y a la salida del súper". Si no entra en la cesta, no entra en casa.

Su despensa modelo mezcla básicos sencillos —verdura congelada, huevos, yogur natural, legumbres— y una máxima anti-etiquetas que, en la práctica, reduce ultraprocesados y facilita adherencia sin militancias.

En definitiva gana dinero cuando convence: cuando logra que alguien entienda que “no es lo mismo sufrir un infarto a los 50 que llegar a los 80 razonablemente bien”, o que la fuerza de agarre y levantarse sin ayuda de una silla predicen mejor la vejez que una talla de pantalón. Que eso tenga demanda y precio dice tanto del mercado como del vacío que ha dejado la prevención institucional.