Dos placas de Petri con cultivos bacterianos.

Dos placas de Petri con cultivos bacterianos.

Salud

El antibiótico descubierto hace 80 años que es ahora la gran esperanza contra las superbacterias

Un grupo de investigadores ha reducido los problemas de toxicidad renal que impidieron el desarrollo de la estreptomicina, descubierta en los 40.

17 mayo, 2023 04:41

Las infecciones bacterianas afectan cada vez más a la población mundial. No sólo por el difícil acceso a los antibióticos que se da en los países de ingresos medios y bajos, sino por la resistencia extremadamente alta que presentan algunas bacterias a los medicamentos. Esta capacidad de los microorganismos para sobrevivir a los antibióticos que normalmente podrían matarlos o detener su crecimiento ha provocado más fallecimientos incluso que el ictus, el alzhéimer o la diabetes: hasta 7,7 millones de personas en todo el mundo.

No es de extrañar entonces que los investigadores busquen cómo acabar con estas superbacterias. Este interés no sólo se ciñe a la actualidad. Por ejemplo, en la década de 1940 el científico estadounidense Albert Schatz descubrió la estreptomicina. Se trata de una mezcla de productos naturales, también conocida como nourseothricin, que iba a suponer una gran esperanza para acabar con las bacterias Gram negativas. Muchas especies de estas bacterias pueden causar enfermedades como la gonorrea o la meningitis.

Algunos estudios que se hicieron con la estreptomicina consiguieron curar por completo tanto la brucelosis en cobayas como la infección por salmonella en ratones. Dos infecciones preocupantes en aquella época. Sin embargo, no fue posible continuar con el desarrollo de este antibiótico porque resultó ser tóxico para los riñones cuando se realizó el ensayo en humanos.

[El nuevo fármaco que ha acabado con las bacterias resistentes a antibióticos en el laboratorio]

Ahora, más de 80 años después desde su descubrimiento, un grupo de investigadores ha sido capaz de reducir los problemas de toxicidad renal sin que pierda la eficacia contra las bacterias multirresistentes. El hallazgo, que se ha publicado este miércoles en la revista PLOS Biology, puede ofrecer una nueva forma de combatir infecciones bacterianas que son difíciles de tratar y potencialmente letales.

Efectivo contra las superbacterias

Uno de los problemas de los primeros estudios sobre la estreptomicina es que no se realizó la purificación de forma correcta. Esto es, en la naturaleza los microorganismos se encuentran formando poblaciones mixtas con otros tipos de microorganismos; por tanto, una purificación incompleta supone que la separación de un determinado microorganismo del resto de microorganismos que le acompañan se ha llevado a cabo erróneamente.

De esta manera, no era posible conocer con exactitud el espectro de actividad de los componentes principales de la estreptomicina. Trabajos más recientes sí que demostraron que las múltiples formas de las estreptomicinas tienen, a su vez, diferentes toxicidades.

Teniendo en cuenta estos últimos descubrimientos y el aumento de las infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos, el equipo liderado por el profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard (Boston, Estados Unidos) James Kirby se centró en dos de las estreptomicinas más abundantes en esta mezcla de productos naturales, como son la estreptomicina F y la estreptomicina D.

"Basándonos en un potencial terapéutico insuficientemente explorado, intentamos caracterizar con más detalle las propiedades de los principales componentes de la nourseothricin", señalan en el estudio. Así, los autores fueron capaces de conocer tanto la acción antibacteriana como la toxicidad renal de las dos estreptomicinas.

Los resultados mostraron que la estreptomicina D era hasta seis veces más potente que la F contra bacterias gramnegativas que resistían, a su vez, a fármacos y otras especies bacterianas. Sin embargo, la estreptomicina F mostró una toxicidad al menos 10 veces menor que la D. Así, si la estreptomicina D se asoció con daño en dosis relativamente bajas (10 mg/kg), la F mostró una relación terapéutica favorable con dosis de 50 a 100 mg/kg y "con una toxicidad renal mínima o nula".

En lo que respecta a la estreptomicina F, los autores también demostraron que se unía a una subunidad del ribosoma bacteriano. Aunque esta interacción era distinta a la de otros inhibidores, lo que sugiere que podría resultar útil cuando las bacterias fueran capaces de resistir a los antibióticos.

En particular, el estudio observó que las estreptomicinas F y D eran muy activas frente a bacterias Gram negativas como la Escherichia coli, la Klebsiella, el Enterobacter o el Acinetobacter baumannii. "El espectro de actividad de los dos componentes es muy relevante, por lo tanto, para el emergente vació en la cobertura antimicrobiana de Gram negativos. Más aún si se tiene en cuenta que parecen actuar de una manera única para eliminar las células bacterianas", apuntan Kirby y compañía.

Los autores califican el descubrimiento como "una actividad única y prometedora". Es por este motivo por el que demandan un mayor número de trabajos con los que poder profundizar en "el armazón de la estreptomicina", ya que la mayor parte de las descripciones existentes sobre la actividad antibiótica de las estreptomicinas datan de hace varias décadas y se basan en métodos no estandarizados. "Y podríamos estar ante una posible solución al problema de la multirresistencia entre las bacterias Gram negativas", concluyen.