Andrew Wardle, el hombre que nació sin pene, en una entrevista con TLC.

Andrew Wardle, el hombre que nació sin pene, en una entrevista con TLC.

Salud Andrología

Andrew, el hombre sin pene, perderá la virginidad a los 44 años con su miembro biónico

Andrew Wardle cargó durante décadas con un pesado secreto: había nacido sin pene. Sufrió extrofia vesical, un raro trastorno congénito en el que los genitales no llegan a formarse. Su familia biológica terminó entregándole en adopción, y nunca logró integrarse en la escuela mientras se sometía a interminables operaciones para habilitarle un sistema urinario. Todo empeoró al llegar la adolescencia. Consumía alcohol y drogas como excusa para decirle a sus parejas, que nunca duraban, que no estaba en condiciones de hacer el amor. Trató de suicidarse dos veces.

A los 39 años, sin embargo, el destino empezó a cambiar para este británico. Decidió contar su problema al mundo, empezando por su novia, Fedra, a la que a pesar de llevar dos años juntos no le había revelado la verdad: le decía que tenía un "microchip implantado en el riñón" que le impedía que ella le tocase la región inguinal. Después, ambos participaron en un documental que abordaba la depresión y el suicidio.

Fue en la misma época en la que la doctora de Wardle le comunicó algo asombroso: un urólogo londinense, Dan Wood, podía ayudarle. El hombre se mostró escéptico después de haber pasado "por todos los hospitales de Reino Unido desde que era un bebé", pero su médico fue tajante con su respuesta: "No puedes seguir viviendo así", según relata él mismo en The Daily Mail

La historia de Andrew Wardle, el hombre sin pene

Wardle viajo de su Manchester natal a la capital ("durmiendo en la calle, porque estaba pelado" - precisa) para poder ver al especialista. La propuesta de Wood fue doble. "Yo puedo fabricarte una vejiga nueva. Y mis amigos [del University College Hospital de Londres] pueden fabricarte un pene". La primera de las intervenciones era la prioritaria para el paciente, ya que había vivido hasta entonces con una bolsa de urostomía adherida al cuerpo, fuente de infecciones y de incomodidades. "Me hacía sentir menos que humano", explica.

Andrew ya pudo orinar con un catéter implantado en el cuerpo, un procedimiento que tardó cinco años en completarse pero que le ha permitido hacer un uso normal de los urinarios. "Eso ha hecho más por salvarme la vida que cualquier pene" - afirma. Después, paso a manos del amigo del doctor Wood, el cirujano especialista en reconstrucción genital David Ralph. El tejido para la faloplastia se extrajo del antebrazo del paciente. "Tengo un buen brazo, así que ha dado para un señor pene" - bromea. 

Se le extrajeron piel, músculos y nervios, así como una vena de la pierna, y se cubrió la herida con piel del glúteo. Andrew afirma que se tatuará el brazo cuando termine todo el proceso porque le ha dejado una enorme cicatriz con una forma particular. "Y no me gustaría tener que cubrirla cuando voy al supermercado para evitar preguntas incómodas" - explica. A continuación vino la parte biónica que permitirá al paciente mantener erecciones: un depósito de agua salina implantado en su abdomen que rellenará un cilindro insertado a lo largo del pene, que se activará gracias a una bomba eléctrica alojada en su escroto

Las partes de un implante de pene.

Las partes de un implante de pene.

La operación ha sido un éxito, pero todavía tiene por delante ocho semanas de rehabilitación, incluyendo diez días de activación en los que su pene se mantendrá permanentemente erecto. Pero Andrew no tiene ninguna prisa. "Esto del sexo está siendo más importante para los demás que para mí. He pasado 44 años sin pene y me las he arreglado sin hacer el amor todo este tiempo. Voy a necesitar una temporada para acostumbrarme a cómo van las cosas. Tengo ganas, pero es un efecto secundario de la operación. Para mí, lo que significa es integrarme en la sociedad".

Ahora que su caso clínico ha adquirido relevancia, asegura que un cirujano estadounidense ha valorado el coste de la operación en un millón de dólares. "Tengo el pene más caro del mundo" - se congratula. "Soy perfectamente consciente de que ahora soy medio hombre y medio robot, un hombre biónico. Y seré capaz de rendir incluso borracho".