Tinción que muestra los cambios en la histoplasmosis.

Tinción que muestra los cambios en la histoplasmosis. Wikipedia

Salud Casos insólitos

Un hongo 'durmió' 30 años en el cuerpo de un hombre antes de invadir su cerebro

La enfermedad, una histoplasmosis, pudo originarse durante el tratamiento al que se sometió el paciente tras un trasplante de corazón.

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En el campo de la medicina suele decirse que ninguna enfermedad puede curarse del todo, tan sólo puede tratarse y controlarse. Pero existe una excepción: las infecciones, que sí se curan cuando se usa el antibiótico adecuado. Además de dichos antibióticos, también existen otros medicamentos contra los parásitos (antiparasitarios) y contra los hongos (antifúngicos), que también suelen acabar con la enfermedad tras aniquilar al microorganismo causante.

Eso fue supuestamente lo que le ocurrió a un hombre residente en Estados Unidos, que contrajo una enfermedad causada por el hongo Histoplasma capsulatum hace 30 años. Sin embargo, según se ha publicado en un informe en la revista BMJ Case Reports, tras una visita de control a causa de un trasplante de corazón, se descubrió que no solo padecía dicha enfermedad sino que el hongo se había distribuido por todo su organismo.

Cómo se contrae una infección por 'Histoplasma'

Según este nuevo informe, el paciente fue diagnosticado de histoplasmosis a los 70 años de edad. Esta enfermedad se contrae por inhalación, ya que realmente lo que "invade" el organismo humano son las esporas del Histoplasma capsulatum, que tras llegar a los pulmones pueden o bien infectar solo a dichos órganos o bien distribuirse por otras zonas del organismo.

Este hongo es común en algunas zonas de Estados Unidos, como los estados de Ohio o Mississippi, pero no en la zona donde vivía el paciente, Arizona. De hecho, él mismo afirmó a los médicos que no había viajado demasiadas veces fuera de su región. Sin embargo, 30 años antes sí realizó una breve visita a Carolina del Norte, lugar donde pudo contraer la enfermedad.

Las esporas del Histoplasma se encuentran en el suelo, pero acaban en el aire tras mezclarse con el polvo y los excrementos de pájaros y murciélagos, algo que les da facilidad para ser inhaladas por los humanos según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, sobre todo tras realizar actividades al aire libre como excursiones en cuevas, limpiar gallineros o edificios antiguos.

Los síntomas comunes que conlleva una infección por este hongo son similares a los de la gripe (fiebre, tos y fatiga). Aún así, como bien puntualizan los investigadores, cualquiera que inhale estas esporas no acaba sufriendo la infección, sino que se deben tener determinadas vulnerabilidades. En el caso de este paciente, es posible que su talón de Aquiles fuese un trasplante de corazón que se le realizó en 1986.

El origen de la reactivación del hongo

Tras un trasplante se deben utilizar medicamentos que suprimen el sistema inmune del organismo que recibe el nuevo órgano, con el objetivo de evitar rechazos. Dicho sistema inmune, más débil de lo normal o "inmunodeprimido", deja libertad a infecciones que generalmente no se producirían con unas defensas en el rango de la normalidad. Y precisamente la histoplasmosis es una de dichas enfermedades.

Así pues, según el informe del caso, lo que probablemente sucedió es que el paciente contrajo la histoplasmosis durante la misma época en la que estaba siendo tratado para no rechazar su trasplante, dejando que el hongo dormitara en su organismo, pero sin llegar a causar una enfermedad grave en sus inicios. De hecho, los mismos autores confiesan que desconocen cómo el organismo del paciente controló la enfermedad durante la primera infección.

El descubrimiento de la reactivación de la histoplasmosis se produjo cuando el hombre acudió al Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Arizona tras sentirse confundido durante cuatro días. Tras realizar un escáner cerebral, se detectó tejido anormal, llegando a pensar en la posibilidad de un tumor. Sin embargo, tras realizar una biopsia en las glándulas suprarrenales se localizó un tejido inflamado y muerto, uno de los signos que evidencian el histoplasma.

Posteriormente las pruebas de laboratorio y los cultivos de los tejidos confirmaron que el paciente padecía histoplasmosis diseminada, la forma más grave y rara de la enfermedad, ya que el hongo había sido capaz de distribuirse por el organismo más allá de los pulmones. De hecho, los síntomas de "confusión" probablemente fueron la señal de que el hongo había llegado al cerebro.

Los autores del informe destacan el hecho de que el diagnóstico de histoplasmosis es inusual, sobre todo para este hombre, el cual solo recordaba esa breve visita a Carolina del Norte tres décadas atrás. El tratamiento en este caso fue un medicamento antifúngico, pero no se detalla si hubo éxito con el mismo.