Cuidado con los antepasados que le daban al frasco.

Cuidado con los antepasados que le daban al frasco. Keystone Getty Images

Salud Antropología

Si tu abuelo era un alcohólico, tus resacas serán terribles

La historia familiar influye en lo mal que nos sienta el alcohol incluso cuando han desaparecido los síntomas físicos.

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Mientras que el alcoholismo es objeto de minuciosas investigaciones científicas desde hace décadas, sus consecuencias comenzaron a figurar en los títulos de estudios hace relativamente poco. Sin embargo, los expertos ya han desvelado algunas de las claves que explican los molestos síntomas posteriores a la embriaguez y por qué unas personas los sufren más que otras.

Entre los factores que aumentan o disminuyen la severidad de la resaca figuran desde el tipo de bebida que se ha ingerido –presentan distintos congéneres, unos químicos que, además de aportarles cualidades organolépticas, agravan los achaques– al género, pasando por la información que guarda el ADN. Según diferentes trabajos, las características genéticas y antecedentes familiares influyen tanto en la tendencia a desarrollar problemas de alcoholismo como en la predisposición a sufrir el malestar posborrachera.

Pero un reciente estudio ha revelado que el historial familiar tienen aún otro papel en el proceso: influye en lo mal que nos sientan las resacas incluso cuando han desaparecido los síntomas físicos. El trabajo, elaborado por científicos británicos y canadienses y recogido en Psychopharmacology, sugiere que la existencia de algún pariente con problemas de alcoholismo está relacionada con el tipo de recuerdos que conservamos de la desagradable experiencia.

Uno de los objetivos principales de la investigación era analizar si los antecedentes de alcoholismo tienen algún efecto en el grado de malestar ocasionado por la ingesta excesiva de bebidas espirituosas. Además, sus autores querían saber si sufrir los desagradables síntomas –dolor de cabeza, debilidad, deshidratación, etc.– nos sugestiona a la hora de cometer posteriores excesos. Y aquí es donde entra en juego la memoria.

"Empezamos cuestionándonos si las resacas podrían tener algún impacto en los problemas con la bebida, tanto positivamente, frenando la tendencia a la ingesta excesiva, como negativamente, representando una excusa para continuar bebiendo", explica Richard Stephens, psicólogo de la Universidad de Keele (Reino Unido) y líder del trabajo.

Para hallar respuestas a todos estos interrogantes, Stephens y sus colegas hicieron un par de estudios focalizados en dos variables: la frecuencia y la severidad de la resaca.

La memoria no olvida

En el primer ensayo, un total de 142 personas, incluidas 24 con antecedentes familiares de consumo excesivo de alcohol, completaron una encuesta sobre las resacas que habían sufrido durante el último año. Sus contestaciones revelaron que aquellos que habían tenido algún pariente con problemas con la bebida recordaban un mayor número de episodios de malestar físico que quienes no tenían antecedentes familiares.

En la segunda parte del estudio, otros 49 participantes, entre los que había 17 con algún caso de alcoholismo entre sus ascendientes, fueron entrevistados la mañana después de una noche en la que habían bebido alcohol –en cantidades controladas por los expertos–, pero no sufrían ningún síntoma a consecuencia de ello. En este caso, no hubo diferencias: las personas que tenían antecedentes familiares no presentaban resacas más severas que aquellas que no contaban con problemas de alcoholismo entre sus parientes.

Así, considerando también los hallazgos de investigaciones previas, Stephens y sus colegas llegaron a la conclusión de que "los individuos con predisposición a desarrollar problemas con la bebida no son más susceptibles de sufrir resaca después de una noche de alcohol que aquellos que no tienen esta tendencia", sostiene Stephens. Pero, curiosamente, "estas personas tienden a conservar recuerdos más lúcidos de sus resacas", advierte el investigador.

Es decir, la memoria de quienes tienen algún caso de alcoholismo o ingesta excesiva de alcohol en su familia guarda recuerdos más detallados del malestar que la bebida les ocasiona. "Podríamos aprovechar esta memoria lúcida de las resacas para detener el consumo desmesurado", sugiere Stephens. Por ejemplo, "recordar a los bebedores problemáticos las consecuencias negativas de una resaca incapacitante, como decepcionar a alguien por cancelar un plan, podría ayudarles a controlar su uso de alcohol".

Las percepciones subjetivas también influyen en otro tipo de cuestiones, como el hecho de que algunas personas aseguren no sufrir resaca. Su resistencia quizá se deba a razones genéticas o metabólicas, sin embargo, puede tratarse simplemente de una cuestión de autocontrol. Un estudio que relacionaba la cantidad de alcohol ingerida por más de 700 estudiantes con la severidad de sus consecuencias concluía que casi el 80 % de quienes afirmaban no tener malestar físico al día siguiente no habían superado el 0,10 % de alcohol en sangre.