Productos lácteos sobre la mesa.

Productos lácteos sobre la mesa. iStock

Nutrición

Buscando la 'desensibilización': así funciona la inmunoterapia oral en las alergias a los alimentos

La inmunoterapia oral se utiliza desde hace varias décadas, mejorando la calidad de vida a los pacientes y familiares.

Más información: Isabel Viña, médico: "Tomar yogur puede empeorar los síntomas de la alergia en España. Contiene histamina"

Itziar Eusebio Cartagena Pablo Rodríguez del Río
Publicada

Probablemente, alguno de los amigos de sus hijos, sobrinos o nietos, o ellos mismos, sean alérgicos a algún alimento. Es un problema cada vez más habitual y con mayores repercusiones sociales y sanitarias entre los menores.

En la primera infancia, la alergia a la leche de vaca y al huevo es la más frecuente: según las distintas técnicas de evaluación, puede afectar a entre el 0,09 y el 1,84 % de la población pediátrica.

Los pacientes tienen el riesgo de sufrir reacciones adversas graves (anafilaxia) o incluso fatales, y deben someterse a dietas de evitación estrictas que se asocian a un empeoramiento en la calidad de vida tanto del niño como de sus familiares.

Detección y tratamiento

Para hacer el diagnóstico, es preciso que el paciente haya experimentado síntomas compatibles, como picor de boca, aparición de habones u otros, en un periodo corto (menos de dos horas) tras la toma de un alimento.

Además, se debe confirmar mediante un estudio alergológico, basado en pruebas cutáneas de prick test (aplicación de extractos de alérgenos mediante gotas y punciones superficiales para observar si se producen reacciones en la piel), detección en suero de un anticuerpo determinante en su mecanismo (la inmunoglobulina E –IgE– específica) y, en algunos casos, pruebas de provocación oral, en las que el paciente ingiere cantidades crecientes de un alimento o fármaco.

Normalmente, el tratamiento consiste en dejar de consumir la comida causante de la alergia y en proporcionar tanto al paciente como a los familiares educación y entrenamiento para controlar los síntomas en caso de que la persona afectada se exponga al alimento por accidente. Además, hay que monitorizar la evolución de las pruebas alergológicas, ya que un 50-60 % de los niños dejarán de ser alérgicos a los 6-8 años de forma espontánea. En los casos de mayor gravedad, lo más probable es que se trate de una alergia persistente.

La baza de la inmunoterapia

En los últimos años se han desarrollado nuevas estrategias terapéuticas para reducir el riesgo de reacción y reintroducir activamente el alimento causante del problema en la dieta de los pacientes. Entre ellas, la inmunoterapia con alimentos es la más consolidada. Según las guías clínicas internacionales, está indicada para alergia persistente a alimentos con poca probabilidad de resolución espontánea.

Consiste en administrar dosis crecientes del alimento con el fin de incrementar la cantidad de leche o huevo que el paciente puede tomar sin padecer reacciones adversas mientras mantiene el tratamiento. Se puede administrar por 4 rutas: la vía oral, que es la más estudiada y utilizada (y en la que nos centraremos), la vía sublingual y las vías subcutánea y epicutánea (a través de la piel). Estas dos últimas solo se han aplicado en el marco de ensayos clínicos.

Aumento progresivo de la dosis de alimento

El tratamiento de inmunoterapia oral (ITO, a partir de ahora) suele empezar con dosis muy bajas y se incrementa progresivamente en un centro sanitario (“fase de inducción”) hasta llegar a la “desensibilización”. Generalmente, se alcanza con 200-250 ml de leche de vaca o un huevo crudo o poco cocinado, dependiendo del tipo de alergia. Esta etapa puede durar desde unos días a varios meses, ya que algunos protocolos programan aumentos de dosis diarias, mientras que otros, más conservadores, pautan las subidas semanalmente o en mayores intervalos de tiempo.

Una vez que el paciente es capaz de tomar la dosis diana establecida en la fase de inducción, entraría en la “fase de mantenimiento”. Entonces consumirá el alimento en su domicilio a diario o cada 48 horas para poder comer otros productos que contengan leche o huevo, respectivamente. La fase de mantenimiento es crónica, y el paciente deberá consumir el alimento con la asiduidad establecida para seguir beneficiándose de las ventajas de la terapia.

Eficacia probada

En los estudios publicados sobre la inmunoterapia oral con leche de vaca, por ejemplo, el tratamiento demuestra tasas de eficacia muy superiores a las observadas en pacientes que no lo se someten a él (69,6 % frente a 17,5 %).

Otro punto a valorar es que la eficiencia de la ITO está claramente asociada a la gravedad de la alergia. En una investigación realizada en España, dividieron a niños alérgicos a la leche de vaca en tres grupos según ese criterio (bajos, intermedios y altos). Se vio que cuanto mayor severidad de alergia presentaba el paciente, más dificultades experimentaba para obtener ventajas con el tratamiento y sufría más eventos adversos o reacciones alérgicas. Esto sugiere una correlación inversa entre eficacia de la ITO y valores de alergia/sensibilización.

Por otra parte, algunos estudios han utilizado leche horneada (un tipo de bollería) como un primer paso en la ITO, ya que al desnaturalizar algunas proteínas de la leche de vaca, el calor favorecería la seguridad del tratamiento. Aunque los resultados son alentadores, estos trabajos no son suficientemente concluyentes como para recomendarlo con las mismas garantías que la ITO convencional.

A tener en cuenta

Como cualquier tratamiento, la ITO no carece de efectos adversos. Al estar en contacto con el alimento que produce la alergia, se pueden presentar desde reacciones leves como picor de boca o habones en la piel (las más frecuentes), hasta respuestas graves como anafilaxia, que requiere del uso de adrenalina y asistencia en urgencias. Con menor frecuencia pueden aparecer alteraciones del tracto digestivo como esofagitis eosinofílica, que suele desaparecer al retirar el tratamiento.

Debido a que son más frecuentes las reacciones en la fase de inducción, es muy importante que la inmunoterapia se realice siempre en hospitales o centros médicos con personal sanitario adecuadamente formado. Y además de las respuestas adversas, es importante considerar que la ITO supone un cambio de rutinas muy exigentes al paciente y la familia, para garantizar que el tratamiento posterior en domicilio se lleve a cabo de manera segura.

En definitiva, la inmunoterapia oral se utiliza desde hace varias décadas y ha demostrado una relación riesgo/beneficio ventajosa, ayudando a mejorar la calidad de vida a los pacientes y familiares. Ante la eventualidad de producirse reacciones adversas graves, es muy importante que la fase de inducción siempre se realice en centros especializados y supervisado por equipo sanitario experto.

The Conversation

* Itziar Eusebio Cartagena es médico especialista en Alergología, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús (FIBHNJS).

* Pablo Rodríguez del Río es adjunto especialista de área en Alergia, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús (FIBHNJS).

** Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.