Cada vez más personas en España optan por el patrón alimentario denominado ayuno intermitente con el objetivo de reducir algunos kilos de más.  Especialmente, para eliminar la molesta barriga que puede llegar a formarse con el paso de los años.

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Aunque no ha demostrado ser superior a otras formas de restricción calórica, el ayuno intermitente sigue gozando de gran popularidad cuando se busca adelgazar. Sin embargo, y según un nuevo trabajo de la Universidad de Sidney, las cosas no serían tan fáciles: la localización de la grasa corporal es importante, y algunas acumulaciones son más difíciles de perder según la zona.

Y es que, según el nuevo trabajo publicado en Cell Reports, no sería tan fácil eliminar tejido graso de los depósitos de grasa visceral (alrededor de los órganos) que de grasa subcutánea (debajo de la piel). En el primer caso, un exceso de grasa visceral se ha relacionado con una peor salud metabólica, mientras que la grasa subcutánea se asocia con una mejor salud.

Según el Dr. Mark Larance y sus colegas, del Centro Charles Perkins y la Facultad de Ciencias de la Vida y el Medio ambiente de la Universidad de Sidney, la grasa visceral, culpable de la formación de las típicas barrigas de los seres humanos, entraría en un "modo de conservación", adaptándose y resistiendo al ayuno intermitente y a la pérdida de peso. Al menos, en ratones.

En este caso, Larance y sus colegas analizaron los cambios en los diferentes tejidos grasos y en las diferentes localizaciones corporales de los roedores cuando se realizaba ayuno cada dos días, consumiéndo alimento en días alternos.

Según sus hallazgos, tanto la grasa visceral como la grasa subcutánea experimentarían cambios significativos como respuesta al ayuno. Sin embargo, toda la grasa corporal no es igual, y tampoco se comportaría de la misma manera. En teoría, el tejido graso proporciona energía al cuerpo liberando ácidos grasos al torrente sanguíneo, pero en este caso se pudo comprobar que la grasa visceral se volvía resistente a dicha liberación. 

Además, tanto la grasa visceral como la subcutánea aumentarían su capacidad para almacenar energía en forma de grasa, dando lugar a una rápida reconstrucción de los depósitos grasos antes del siguiente periodo de ayuno. Es decir, "se adaptarían" a la situación, siendo más eficientes si cabe y produciendo un rápido 'efecto rebote'.

Cómo se acumula la grasa

Aunque serán necesarias más investigaciones para descubrir por mediante qué mecanismos se produce la resistencia de la grasa visceral, y qué tipos de dieta e intervenciones serían los mejores para reducir los depósitos del abdomen, en este trabajo sí se pudieron vislumbrar algunos cambios.

Se llegaron a examinar más de 8.500 proteínas de los depósitos de grasa abdominal gracias a una técnica llamada proteómica, creando así un catálogo de cambios asociados al ayuno intermitente.

La proteómica, o el estudio de las proteínas, se basa en monitorizar los cambios que se producen en las proteínas en determinadas condiciones. En este caso, daría una imagen más completa del funcionamiento interno del tejido graso durante la carestía de alimentos.

Las muestras de proteínas camino del espectómetro de masas. Mark Larance

Gracias a estos cambios, los investigadores han podido analizar los principales cambios celulares causados por el ayuno intermitente, y finalmente objetivar el mecanismo de conservación que ejerce la grasa visceral.

Sin embargo, tanto Larance como sus colegas hacen hincapié en algunas limitaciones del estudio: aunque la fisiología de los ratones es similar en parte a la de los seres humanos, se deberían realizar estudios en estos últimos para poder extrapolar realmente los resultados.

Así mismo, en este caso se realizó un ayuno cada dos días, y existen otros tipos de ayuno intermitente más populares, como es el caso del 16:8, ayunos de solo 24 h puntuales a la semana, o el conocido como 5:2, donde se ayunan dos de cada siete días.

Aún así, los investigadores sugieren que su trabajo sentaría las bases de estudios futuros, donde se podría analizar qué moleculas son las responsables de la resistencia de la grasa visceral tras el ayuno, y determinar que plan dietético funcionaría mejor.