¿El médico te aconseja perder peso pero no te has decido todavía por una dieta y un plan de ejercicios? Tómate un momento para mirarte de cuerpo entero en el espejo. No por una cuestión estética, sino porque un riesgo incrementado de ataque al corazón, infarto y de desarrollar enfermedades como la diabetes sería reconocible en la forma de nuestra propia silueta, según un estudio presentado en la conferencia anual de la Radiological Society of North America (RSNA).

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Según concluyen los investigadores, no hay preocuparse únicamente de cuánta grasa de más acumula nuestro cuerpo, sino de dónde la almacena. En personas con sobrepeso u obesidad con el mismo Índice de Masa Corporal (IMC), las posibilidades de sufrir trastornos cardiometabólicos varían en gran medida. Los factores para una mejor protección varían de lo genético a los hábitos de vida; simplificando, una persona con tripa pero activa sería más saludable que una delgada pero sedentaria.

La distribución anatómica de la grasa viene a sumarse a estos factores diferenciales, revela la conclusión de este estudio, que toma prestado términos más frecuentes en el mundo de la moda. Los radiólogos hablan así de 'cuerpos manzana' en los que la grasa se acumula en torno al abdomen, formando la barriga. En los 'cuerpos pera', en cambio, los depósitos grasos se concentran en las caderas y muslos. Estaríamos hablando de las denostadas cartucheras.

El lugar de almacenamiento determina el tipo de grasa que se acumula, y la región abdominal es propensa a la grasa ectópica, la más nociva. Se produce cuando las células adiposas ya no consiguen almacenar más grasa y la reparten en los músculos, así como en órganos vitales como el hígado. Y aquí es donde se presenta una diferencia interesante entre sexos: los hombres tienden a engordar de barriga pero, por otra parte, presentan una mayor masa muscular que las mujeres, algo que ha demostrado prevenir el riesgo cardiovascular.

"Planteamos la hipótesis de que existen diferencias tanto en la composición del cuerpo como en los depósitos de grasa ectópica basadas en el sexo, y que podrían asociarse a perfiles específicos por género de riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y ataque al corazón" - explica la directora del estudio, Miriam A. Bredella, del Massachusetts General Hospital y la Harvard Medical School. Para ello analizaron a 200 sujetos de ambos sexos pero de similar edad (37 años) e IMC.

Los participantes ayunaron una noche, y fueron sometidos al día siguiente a absorciometría dual de rayos x (DXA) y tomografía axial computerizada (TAC) para determinar la composición de sus cuerpos. También se sometieron a espectroscopia de resonancia magnética (MRS) para cuantificar la grasa en su organismo y permitir su análisis. Las mujeres resultaron tener más grasa subcutánea que los hombres, que presentaban por el contrario un mayor índice de grasa visceral. Es decir, la temida grasa ectópica que afecta a los órganos y a los músculos.

En un cuerpo manzana, la grasa se acumula en la región abdominal. Gtres.

Sin embargo, el porcentaje de grasa con respecto al resto del organismo era superior en las mujeres, ya que los hombres poseían relativamente más masa magra y masa muscular. Aunque "la grasa visceral, la grasa en las células musculares y en el hígado son todos factores de riesgo cardiovascular", los hombres disfrutan gracias a este motivo de "una protección para la salud cardiometabólica", explica la doctora Bredella.

¿Qué ocurre con las mujeres? La grasa de las caderas es "superficial", y por lo tanto, los 'cuerpos pera' se beneficiarían también de esta protección. El problema lo tienen las 'mujeres manzana', que acumulan grasa en el abdomen sin contar con la compensación muscular de los hombres. "Los perjudiciales depósitos profundos en la barriga, los músculos y el hígado son más dañinos para las mujeres que los hombres, concluye la experta de Harvard.

"El riesgo aumenta en la mujer que adquiere el fenotipo manzana"

"Efectivamente, la acumulación de tejido adiposo en el abdomen produce el aspecto de engrosamiento en la cintura, el 'cuerpo manzana'. Esta acumulación de grasa tiene efectos metabólicos negativos y se asocia con diabetes y otras manifestaciones de enfermedad cardiovascular" - explica Lina Badimon, directora del Institut Català de Ciències Cardiovasculars (CSIC-ICCC), a EL ESPAÑOL. "La acumulación de tejido adiposo en la zona de caderas y muslos, el 'cuerpo pera', es más común en las féminas y dicha grasa tiene efectos metabólicos menores".

"Además la grasa visceral - la abdominal - induce un estado de inflamación sub-clínica crónica que es perjudicial para la función normal de diversos órganos" - explica la también profesora de Investigación en el CSIC. "Una forma de contrarrestar  el desarrollo de dicha acumulación grasa es establecer hábitos de vida saludable que van desde la dieta al ejercicio para aumentar la masa muscular". La grasa superficial de las cadera provoca menos inflamación. El riesgo en la mujer, por tanto, "aumenta también cuando adquieren el fenotipo [aspecto físico] manzana".

Los ejercicios de musculación, como revelaba un estudio reciente, son beneficiosos para prevenir un mal provocado tanto por el envejecimiento como por la obesidad: la sarcopenia, la pérdida de masa muscular. "Además, la obesidad se acompañada de consecuencias funcionales negativas debido al exceso de peso. Es por ello necesario estimular la pérdida de tejido adiposo y aumento de masa muscular" - añade la experta.

"Los tratamientos deben siempre ajustarse al paciente" - concluye la Prof. Badimon. "La mujer tiene el mismo riesgo cardiovascular que el hombre y por tanto se le debe de aplicar la misma estrategia basada en los consensos terapéuticos médicos. Todos los estudios que se van realizando apuntan al mismo resultado, la conveniencia de incorporar ejercicio a una dieta cardio-saludable. El tipo de ejercicio dependerá de la persona, de su edad y de su situación con respecto a su peso corporal".  

Además, se abren vías de investigación para crear fármacos anti-obesidad. Un trabajo sobre ratones lograba recientemente activar la transformación de 'grasa blanca' en 'grasa beige', que se metaboliza de forma más efectiva para generar energía, de forma parecida a la "grasa buena" de nuestro cuerpo, la marrón. "En España, a través del Ciber Cardiovascular (CIBERCV) del Instituto Carlos III, investigamos aspectos todavía no conocidos de la función del tejido adiposo, de las interacciones de la dieta en la función cardiovascular y del impacto de la genética y la epigenética en la función cardíaca, que traerán nuevos conocimientos".