Las biólogas Joanne Chory y Sandra Myrna Díaz, premio Princesa de Asturias de Investigación.

Las biólogas Joanne Chory y Sandra Myrna Díaz, premio Princesa de Asturias de Investigación.

Medio ambiente Calentamiento global

Las biólogas Joanne Chory y Sandra M. Díaz, Premio Princesa de Asturias de Investigación

El jurado destaca su trabajo en entender cómo las especies se adaptan a la crisis provocada por el cambio climático.

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La estadounidense Joanne Chory y la argentina Sandra Myrna Díaz, especialistas en biología vegetal y estudiosas del impacto de la crisis climática, han sido reconocidas este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2019.

El trabajo que desarrollan ambas biólogas por separado las ha situado en la vanguardia de nuevas líneas de investigación en torno a la crisis climática y sus efectos, y en la defensa de la biodiversidad.

Joanne Chory y Sandra Myrna Díaz toman el relevo en este premio al biólogo sueco Svante Pääbo, un especialista en genética evolutiva que ha centrado su trabajo en el estudio del genoma completo del hombre del Neandertal y las primeras poblaciones de la prehistoria.

El acta, que ha sido leída por el presidente del jurado, el investigador Pedro Miguel Echenique, ensalza sus "contribuciones pioneras" al conocimiento de la biología de las plantas, que son "trascendentales para la lucha contra el cambio climático y la defensa de la diversidad biológica".

Los trabajos de Joanne Chory sobre las respuestas moleculares y genéticas de las plantas a las variaciones ambientales, en particular luz y temperatura, ayudan "a comprender y mejorar la adaptación de los sistemas naturales al calentamiento global", según el jurado.

El acta añade que, de forma complementaria e independiente, las investigaciones de Sandra Myrna Díaz permiten "cuantificar la importancia de la conservación de la biodiversidad funcional para garantizar los beneficios que los ecosistemas prestan a la Humanidad".

Chory: plantas que absorben el CO2

Joanne Chory, nacida en Methuen (Estados Unidos) en 1955, ha centrado su campo de investigación en el estudio de los mecanismos que regulan el funcionamiento de las plantas, desde el nivel molecular hasta el celular, así como las reacciones de estas a condiciones ambientales de estrés.

Para llevar a cabo sus investigaciones ha utilizado un organismo modelo, la "Arabidopsis thaliana", que ha desvelado aspectos relevantes sobre los genes implicados en funciones como la sensibilidad a la luz, las hormonas que regulan el crecimiento de la planta y la respuesta ante el estrés hídrico.

Son especialmente reconocidas sus aportaciones sobre el papel del fitocromo, una proteína vegetal sensible a la luz roja e infrarroja, y la corregulación de genes que participan en la fotosíntesis. También estudia el desarrollo de plantas capaces de absorber hasta veinte veces más dióxido de carbono del aire que las normales.

Lidera un proyecto de investigación que lucha contra el calentamiento global a través de la optimización de la capacidad natural de las plantas para capturar y almacenar el dióxido de carbono y adaptarse a distintas condiciones climáticas, utilizando para ello las técnicas de edición genética más innovadoras, como la CRISPR.

Se graduó en Biología en el Oberlin College (Ohio) y se doctoró en Microbiología en la Universidad de Illinois en 1984. Realizó estudios postdoctorales en Harvard y en 1988 se incorporó al Instituto Salk, donde ha ocupado diversos puestos, entre ellos el de directora de Investigaciones y del Laboratorio de Biología Celular y Molecular de Plantas. Desde 1997, es investigadora del Howard Hughes Medical Institute y, en 1999, se incorporó como profesora asociada a la Universidad de California en San Diego.

Díaz: la economía de los ecosistemas

Sandra Myrna Díaz, nacida en Bell Ville (Argentina) en 1961, es una referencia científica en el área de la ecología y especializada en botánica. Ha participado en el desarrollo de una herramienta metodológica para cuantificar los efectos y beneficios de la biodiversidad de las plantas y la ecología vegetal de los ecosistemas y su aprovechamiento humano en forma de combustible, materiales, medicinas, tintes, alimentación, protección hídrica y otras aportaciones.

También estudia el papel de la biodiversidad para contrarrestar el cambio global, por ejemplo, mediante el secuestro de carbono atmosférico. La investigadora se graduó en Biología en 1984 en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se doctoró en 1989.

El jurado ha estado compuesto por: Jesús A. del Álamo; Juan Luis Arsuaga Ferreras; Alicia Asín Pérez; César Cernuda Rego; Juan Ignacio Cirac Sasturáin; Miguel Delibes de Castro; Pedro Miguel Echenique Landiríbar; Elena García Armada; Clara Grima Ruiz; Amador Menéndez Velázquez; Sir Salvador Moncada; Ginés Morata Pérez; Enrique Moreno González; Adriana Ocampo Uría; Peregrina Quintela Estévez, Inés Rodríguez Hidalgo, Manuel Toharia Cortés, María Vallet Regí y Santiago García Granda (secretario).