El físico José Miguel Jiménez.

El físico José Miguel Jiménez. Fundación BBVA

Investigación Fundación BBVA

El español del CERN que convence a Montoro para que gaste en ciencia

José Miguel Jiménez dirige el Departamento de Tecnología del centro europeo que aplica los hallazgos del Gran Colisionador al desarrollo de dispositivos.

Si el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) es el crisol del Universo sobre la Tierra, José Miguel Jiménez trabaja en la fragua. Este granadino, ingeniero y doctor en Física aplicada y de suave acento francófono heredado de su paso por la Universidad de Clermont-Ferrand y el Comisariado a la Energía Atómica (CEA) de París, lidera desde 2014 el Departamento de Tecnología de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN).

Con 750 personas bajo su tutela, el cometido de Jiménez es transformar los hallazgos del CERN en la tecnología que alimentará nuestros dispositivos, hospitales, industrias y medios de transporte. Un trabajo que le obliga a manejar su tiempo entre el laboratorio, los consejos de administración de las empresas y los despachos de los ministerios de Europa. Ahora presenta los proyectos a futuro de la Física de Partículas en Madrid en una conferencia organizada por la Fundación BBVA.

Hace algunos años, durante la recesión económica, usted aseguraba que "el CERN sigue siendo sexy". ¿Eso sigue siendo así?

Sí, y aún más. Hemos tenido la suerte de haber atravesado la crisis económica de una forma muy sana. Por nuestra dimensión internacional, los estados miembros han seguido cumpliendo con sus obligaciones financieras y el descubrimiento del bosón de Higgs nos ha dado una perspectiva y una envergadura que nos ha protegido de alguna forma. Hemos sufrido un menor impacto que la mayoría de centros nacionales en Europa, e incluso a nivel mundial. Somos aún más vectores, por no decir líderes, de la ciencia y de la física. Nada se hace ni se piensa sin hablar antes con el CERN. 

Estaba pensando en una imagen. El Gran Colisionador de Hadrones es casi como un adolescente que está empezando a irse de casa. Al incrementar la energía, la intensidad y los niveles operativos de la máquina, estamos entrando en una fase en la que necesita atención constante y eso crea mucho dinamismo.

Ahora hay otra crisis en Europa, que es la política. ¿Cómo afecta al CERN, siendo Reino Unido uno de los países miembros, hechos como el brexit?

Por ahora no nos hemos resentido directamente. Nosotros tenemos un estátus especial, un convenio internacional que no tiene relación directa con la Unión Europea. El CERN existía antes de la UE. Hemos tenido que gestionar la dificultad con Suiza cuando no firmó los acuerdos de Schengen, y tuvo que negociar para participar en el proyecto Horizon 20/20. Es nuestro país huésped y mantiene un sistema de compensaciones con la UE. Esperamos que sea exactamente igual con el Reino Unido.

La situación a nivel mundial sí nos preocupa. Un organismo como el nuestro trabaja en tecnologías que van mucho más allá de un continente. Nosotros nos comunicamos con el lenguaje de la ciencia, que es apolítico.

Siguiendo ese hilo de reflexión: el CERN existía antes de la Unión Europea. ¿Seguirá existiendo más allá de ella?

Yo creo que sí. El CERN es uno de los más destacados éxitos de la construcción europea. Nuestro mundo, de algún modo, tendrá que volver a pensar en un futuro en común. En física decimos que para pasar de un estado estable a otro estable hace falta algo de movimiento. Y es fundamental tener opciones para crear algo que vaya más allá de la Unión Europea. La ONU es uno de estos organismos, pero nosotros tenemos la ventaja de tener infraestructuras y un objetivo en común. Es impresionante ver la cantidad de visitas que recibimos: hace una semana, el presidente de Mozambique, ayer, la ministra de Investigación de Sudáfrica, incluso países que nunca hubiéramos sospechado, como Sri Lanka.

Tu dinero, pagado al CERN con tus impuestos, merece una justificación.

Como una Estación Espacial Internacional pero bajo tierra.

Sí. Me gusta la imagen. Pero hay una diferencia fundamental. La EEI está construida en base a una aportación en material. Nosotros tenemos un modelo único en el mundo: los países contribuyen con dinero y el CERN ejecuta la compra, el diseño y la puesta en marcha de los proyectos en los estados miembros en colaboración con los institutos nacionales. A mí no me entregan imanes, me pagan para comprarlos. Somos como un estado: nuestro propio Gobierno, Hacienda propia, contribuciones financieras propias. Y ese modelo, que hoy nadie quiere repetir porque exige compromisos de cuotas, es muy potente. Nos da una visión que nadie más puede tener. Yo hago los planes de financiación de mi departamento a diez años. Y la I+D vamos a 30 años.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo está España al respecto de sus obligaciones?

Muy bien. El martes pasado recibimos la contribución española para 2018. Eso pone a España entre los cinco primeros contribuyentes, y de los tres que ha pagado la totalidad.

Contrasta con la situación en los centros nacionales, que están viendo líneas de investigación interrumpidas por la falta de acuerdo políticobpara aprobar los Presupuestos.

Yo estoy perfectamente informado de la problemática nacional. Como científico y español espero que todo el mundo encuentre una forma elegante de salir de esta situación peculiar. Nosotros estamos protegidos porque contamos con partidas financieras específicas que iban incluidas en la prórroga de los Presupuestos. La otra dimensión es que, desde 2012, hemos establecido una línea muy estrecha de comunicación con el Gobierno de España. Ayer estuve reunido con la Secretaria de Estado y el Secretario General. Vengo dos o tres veces al año. No todo es positivo, no voy a mentir en eso, pero creo que a lo largo de los años hemos conseguido establecer un clima de confianza mutua. Pero la situación financiera ha impactado el Plan Nacional de Física, y mis compañeros en España sufren.

El CERN es como un estado: nuestro propio Gobierno, Hacienda propia, contribuciones financieras propias.

¿Se tiende a despriorizar la investigación en cuanto empiezan las dificultades en España?  

No es un caso específico. Algunos países tienen por tradición invertir más cuando pasan por dificultades financieras, todo depende de los ejes económicos prioritarios de cada cual. No nos vamos a mentir, el impacto social de la crisis económica en los países del Mediterráneo ha sido mucho más violento que en el norte, y las correcciones son más violentas. Son vasos comunicantes que terminan convirtiéndose en recortes. Yo, como científico, cuando hablo con un ministerio, tengo que usar su lenguaje. Hay que adaptarse. No basta con decir 'lo que yo hago es lo más importante del mundo'. El de Sanidad, el de Transporte, el de Turismo... dirán lo mismo. 

José Miguel Jiménez y Mar Capeans, físicos del CERN.

José Miguel Jiménez y Mar Capeans, físicos del CERN.

¿Ese lenguaje es el de los resultados palpables?

Aunque la I+D no puede garantizar los resultados, lo que sí podemos garantizar es una metodología y un control de las etapas. Yo entiendo perfectamente que el ministerio de Hacienda pida cuentas si España le aporta al CERN 79 millones. Es natural que expliquemos qué estamos haciendo y qué ha salido mal si no funciona. Las ciencia básica merece una financiación sin que se le exijan resultados, pero sí se le exige una metodología. Tu dinero, pagado al CERN con tus impuestos, merece una justificación.

Y entre esos resultados se cuentan las tecnologías que desarrolla su departamento

Hay un panel muy amplio. Tenemos tecnologías que ya se están implementando, otras en un nivel de madurez como para salir en 2-3 años, otras en nivel de prototipaje para dentro de 10 años y otras a nivel conceptual para 20. La dificultad está en los costes. Necesitamos una coincidencia de intereses entre la tecnología de las infraestructuras científicas y la industria. Que ofrezcamos un mercado en el que la empresa privada pueda entrar con garantías de que recuperará su inversión para más desarrollos. A veces se nos olvida, tenemos conceptos magníficos pero después nadie lo quiere hacer.

¿Es ése un factor diferencial para el CERN, ser un centro de investigación que ejerce de polo económico?

Sí. Le dedicamos muchísimo esfuerzo. El industrial está en el CERN con su propia plantilla, y trabajamos juntos. No es una relación cliente-proveedor convencional, los resultados y los riesgos están compartidos. En otros niveles, se participa en el prototipaje o se suministran los materiales.

Es curioso que, a nivel popular, se tienda a pensar que, tras descubrir el bosón de Higgs, el LHC no ha servido para mucho más.

A lo largo de los últimos 25 años la investigación de I+D se ha ido transfiriendo de los privado a lo semi-público. Las empresas tenían su propio centro, pero han ido evolucionando hacia los centros mixtos. Nuestros países, que tienen un alto nivel de vida, necesitan una industria de alta tecnología, que tenga un valor añadido elevado. Con un 2% o 4% no se puede financiar. Las sociedades con el mayor PIB per cápita tienen industria con un valor añadido altísimo. Significa mayor riqueza, y la tecnología permite acceder a esos mercados.

El CERN es más que ciencia. Todos los países que han participado han ganado algo a nivel científico y tecnológico, pero también a nivel social.

¿Cuál es el horizonte para estas las nuevas tecnologías?

Un ejemplo es la criogenia. Con el antiguo colisionador era una tecnología emergente. Ahora cualquier empresa puede comprar una planta de licuefacción de helio y operarla con patrones industriales. Pero seguimos trabajando en mejoras de consumo, rendimiento y eficiencia. Bajando los costes, el mercado se va ampliando. Los imanes de diagnóstico con mejor resolución para la imagen médica, tecnologías superconductoras, superficies de capas finas que se utilizan en paneles solares y televisores... Más que transferencias de tecnologías, el modelo colaborativo permite la transferencia de saber hacer. No vendemos licencias.

¿Podemos concluir que sin el CERN, Europa tendría una calidad de vida inferior?

Podemos decir que Europa sería diferente. Porque es un éxito. Es más que ciencia. Todos los países que han participado han ganado algo a nivel científico y tecnológico, pero también a nivel social. Y ahora, con todos estos movimientos nacionalistas en zonas de Europa, es un sitio privilegiado. En mi equipo somos todos de nacionalidades diferentes, y cuando trabajamos y hablamos, eso nunca entra en el debate. Conseguir que una plantilla de más de 6.000 personas trabaje unida sin consideraciones de culturas y naciones, para mí es excepcional.